Sánchez logra lo imposible: que el empleo caiga en julio
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Si había una regularidad en la economía española, esa era que en julio la afiliación a la Seguridad Social crecía con relación a junio. Es lo que ocurrió siempre desde 1982 (no hay datos anteriores). A veces crecía mucho (+0,87%, como en 2020, con la recuperación tras el confinamiento), otras veces muy poco (+0,03%, como en la recesión de 2012). Pero siempre julio mostraba un aumento de los afiliados, incluso en años de crisis económica (1993, 2008, 2009, 2013). Hasta ahora.
Julio de 2022 quedará como el primero en que hubo una reducción en la cantidad de afiliados en comparación con junio. Muy pequeña, es cierto (-0,04%). Pero no había pasado nunca.
Algo parecido ocurre con el paro registrado. De los últimos 25 años, el número de parados bajó 22 veces en julio con respecto a junio. Las excepciones fueron 2005, 2007 y 2008. En 2022, volvió a ocurrir, si bien también puede decirse que fue por la mínima (+0,1%).
No pueden sacarse conclusiones definitivas con un solo dato. También es verdad que la afiliación venía creciendo y el paro bajando de un modo demasiado fuerte. Por lo tanto, es lógico que ese exceso en un sentido tenga que corregirse con excesos en sentido contrario.
Quien quiera seguir la “política del avestruz” encontrará argumentos para hacerlo: en términos interanuales, la afiliación creció 3,8% y el paro bajó 15,6%, variaciones que pueden considerarse “saludables”. Pero si uno escarba en los datos, encuentra cosas inquietantes como que el empleo agropecuario lleva doce meses seguidos de caída, que los contratos de tiempo completo acumulan cuatro meses con descensos o que nunca hubo tanta gente como ahora con dos empleos (547.800 personas).
Como todos sabemos, si vamos más allá del mercado laboral, sobran los motivos de preocupación: inflación desbocada, déficit fiscal, deuda pública, caída de la confianza, etc. Por eso hay razones para pensar que los datos de afiliación y paro de julio puedan ser un primer reflejo en el mercado de trabajo de todos esos problemas. Si fuera así, estaríamos ante una situación delicada.
Más allá del triunfalismo oficial, y aunque es cierto que la actual tasa de paro de 12,5% es la más baja en 14 años, el mercado laboral está muy lejos de estar en buena forma. Baste solo un dato: nuestro país suma, por sí solo, tantos parados como Suecia, Holanda, Portugal, Bélgica, Austria, Finlandia, Hungría, Eslovaquia, Bulgaria, Dinamarca, República Checa, Croacia, Irlanda, Lituania, Letonia, Eslovenia, Estonia, Chipre, Luxemburgo y Malta juntos. En pocas palabras, España tiene tantos parados como 20 países europeos juntos.
Lejos de contar con unas cuentas públicas saneadas, capaces de prestar apoyo al sector privado cuando las cosas vengan mal (peor) dadas, el caso español es el inverso. El sector público es parte del problema: un gasto excesivo, una deuda de casi el 120% del PIB y un gobierno que se inventa impuestos, con total discrecionalidad, para atacar a los sectores que, desde la óptica comunista, ganen “demasiado” (hoy les toca a bancos y energéticas, mañana, quizá, a supermercados, automotrices o a cualquier otro sector).
Los casi 21 millones de turistas extranjeros que llegaron a España en el segundo trimestre, frente a los poco más de 4 millones que lo hicieron en el mismo período de 2021, son el factor clave que permite mantener cifras “decentes” de empleo y consumo. Es por eso que la Hostelería (+16,5% interanual) y las Actividades de arte y ocio (+14,5%) son las que encabezan la creación de empleo. Sin los 254.600 empleos aportados por estos dos sectores en los últimos 12 meses, el crecimiento de la afiliación sería 2,5% y no 3,8%, y los datos de paro serían peores.
Pedro Malán, gran ministro de Economía de Brasil de los noventa, solía decir que “me pagan para que esté preocupado las 24 horas por la economía de mi país”. ¿Apostarías, amigo lector, a que esa es la actitud de Pedro Sánchez, Calviño, Montero y Díaz?
@diebarcelo
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