Sánchez retrasa el cuadro macroeconómico para evitar retratar el frenazo de la economía en plena crisis política
El Gobierno aplaza del 23 al 29 de junio la presentación de las previsiones que servirán de base para los Presupuestos

El Gobierno de Pedro Sánchez ha decidido retrasar la presentación del nuevo cuadro macroeconómico que debía aprobarse el próximo 23 de junio y que finalmente verá la luz, si no hay nuevos cambios, el 29 de junio. La decisión llega en un momento especialmente delicado para el Ejecutivo, acosado por la crisis política derivada de los casos de corrupción que afectan al PSOE y obligado a preparar unos Presupuestos Generales del Estado para 2027 sin haber sido capaz de aprobar unas nuevas cuentas públicas durante toda la legislatura.
Oficialmente, el ministerio de Economía sostiene que el retraso responde a la voluntad de aprobar simultáneamente el nuevo paquete de medidas anticrisis y las previsiones económicas sobre las que se construirá el proyecto presupuestario. Sin embargo, en ámbitos económicos y parlamentarios la explicación genera escepticismo. El cuadro macroeconómico es el documento que fija las previsiones de crecimiento, empleo, inflación y déficit para los próximos años y constituye la piedra angular de cualquier presupuesto.
La decisión resulta especialmente llamativa porque fue el propio vicepresidente económico, Carlos Cuerpo, quien anunció hace apenas unos días que el documento sería aprobado el 23 de junio. Ahora, sin que haya mediado ninguna explicación de peso sobre el cambio de calendario, el Ejecutivo gana casi una semana adicional antes de poner negro sobre blanco cuál es su visión real sobre la evolución de la economía española.
Un crecimiento cada vez más cuestionado
La principal incógnita es si el Gobierno se verá obligado a revisar a la baja sus previsiones de crecimiento. Las últimas estimaciones oficiales apuntaban a un avance del PIB del 2,2% en 2026. Sin embargo, numerosos organismos han venido advirtiendo de una desaceleración de la actividad económica, especialmente por la pérdida de impulso del consumo, el deterioro del contexto internacional y la incertidumbre derivada de los conflictos geopolíticos.
La escalada de tensión en Oriente Próximo, el encarecimiento de la energía y el impacto que puede tener sobre la inflación añaden nuevas presiones sobre unas previsiones que podrían quedar desfasadas apenas unos meses después de haber sido elaboradas. Precisamente por ello, el retraso ha sido interpretado por algunos observadores como un intento de ganar tiempo para recalcular escenarios y evitar presentar unas cifras que puedan ser cuestionadas desde el primer momento.
A ello se suma otro factor incómodo para Moncloa: la Comisión Europea mantiene la vigilancia sobre las cuentas españolas y la senda de reducción del déficit. Cualquier revisión a la baja del crecimiento obligaría a ajustar las previsiones de ingresos públicos y complicaría todavía más el diseño de los Presupuestos de 2027.
Tres años sin presupuestos
El retraso llega además en una situación institucional inédita. España continúa funcionando con presupuestos prorrogados después de que el Ejecutivo renunciara a presentar nuevas cuentas en ejercicios anteriores por falta de apoyos parlamentarios. Incluso socios habituales del Gobierno han comenzado a reclamar que Sánchez presente los Presupuestos o, en caso contrario, convoque elecciones.
La presentación del cuadro macroeconómico era el primer gran paso para intentar demostrar que el Ejecutivo mantiene capacidad de iniciativa económica pese a la debilidad parlamentaria. Sin embargo, el aplazamiento alimenta precisamente la sensación contraria: la de un Gobierno que evita comprometerse con unas previsiones concretas en un momento de máxima incertidumbre política y económica.
La coincidencia temporal tampoco pasa desapercibida. El retraso se produce mientras el Ejecutivo trata de contener el desgaste provocado por los escándalos que afectan al entorno socialista y mientras Pedro Sánchez sigue sin despejar las dudas sobre la estabilidad de la legislatura. El propio presidente ha reiterado en los últimos días que quiere presentar los Presupuestos de 2027, pero sin aclarar qué ocurrirá si vuelve a fracasar en el intento.
En este contexto, la demora del cuadro macroeconómico se interpreta en la oposición como una nueva muestra de improvisación. Porque más allá de la explicación oficial, lo cierto es que el documento que debía marcar el rumbo económico de España para los próximos años llega tarde.