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El verdadero origen del pan de torrijas de Mercadona: lo hace un obrador de Madrid y la OCU confirma que es de los mejores

pan torrijas Mercadona
Blanca Espada

Con la Semana Santa a la vuelta de la esquina, las torrijas vuelven a ocupar las cocinas españolas. Y aunque cada casa defiende su receta como si fuera un tesoro familiar, hay un elemento que marca la diferencia desde el primer paso: el pan, ya que no nos sirve cualquiera si tenemos en cuenta que tiene que absorber la leche sin romperse, mantener la estructura al freírse y quedar jugoso sin deshacerse. Y todo ello lo cumple y con creces, el pan de torrijas de Mercadona.

En los últimos años, muchos consumidores han dejado de recurrir al pan del día anterior y han empezado a buscar barras específicas para este postre. Y en este sentido, parece que Mercadona lleva tiempo vendiendo su versión bajo la marca Hacendado. Lo que no todos saben es que ese producto no se elabora en la Comunitat Valenciana, sino en un obrador con décadas de historia en la Comunidad de Madrid.

El verdadero origen del pan de torrijas de Mercadona

El pan especial para torrijas que se vende en Mercadona está producido por Panificadora Alcalá, una empresa ubicada en Alcalá de Henares que comenzó su actividad en 1955. Durante sus primeras décadas centró su distribución en Madrid, Castilla-La Mancha y Castilla y León, hasta que a principios de los años 2000 amplió su alcance a nivel nacional.

Desde 2006 es interproveedor de Mercadona, lo que significa que fabrica distintos productos de panadería para la marca Hacendado. Entre ellos figuran panes cortados, hogazas integrales con semillas, pan rallado o picatostes. El pan para torrijas es uno más dentro de esa producción especializada. El producto se comercializa en formato de 500 gramos y su precio ronda 1,35 euros, una cifra que lo sitúa en la franja más accesible del lineal.

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Pan para hacer torrijas de Mercadona.

Qué lleva realmente este pan

Más allá del origen, interesa saber qué contiene. Su composición parte de ingredientes habituales en este tipo de pan: harina de trigo, agua, aceite de girasol, azúcar, sal y levadura. Incorpora además masa madre inactiva de centeno, gluten añadido y fibra de achicoria. Uno de los aspectos diferenciales es que no recurre a aromas artificiales para simular el sabor clásico de la torrija. Incluye pasta de limón y canela, dos elementos directamente asociados a la receta tradicional. Eso sí, también contiene conservador E-282, conocido como propionato cálcico, cuya función es prolongar la vida útil del producto y es un aditivo habitual en panadería industrial.

Cómo se comporta al cocinarlo

La Organización de Consumidores y Usuarios analizó 10 panes especiales para torrijas disponibles en supermercados españoles. El objetivo era comprobar cuáles ofrecían mejor equilibrio entre calidad, precio y resultado final. Y en la prueba de cocinado, el pan de Hacendado destacó por mantener la forma tras el remojo y la fritura. No se desmoronó y soportó bien el proceso completo. En cata, fue descrito como jugoso y con un sabor agradable en el que se apreciaban las notas de limón y canela.

La OCU valoró especialmente que no utilizara aromas artificiales y que incorporara instrucciones para preparar las torrijas en el propio envase, algo que no todos los competidores hacen. Entre los aspectos menos positivos, la organización señaló la presencia de conservantes y antioxidantes, aunque puntualizó que no eran los más problemáticos del análisis.

Las claves para una buena torrija

Todos los panes evaluados compartían una característica esencial: una miga más compacta y uniforme que la de una barra tradicional. Esa estructura permite absorber la leche sin que la rebanada se rompa antes de pasar por el huevo y la sartén. En el caso del pan de Mercadona, la combinación de harina de fuerza y alveolado pequeño cumple con ese objetivo. Esa es, en realidad, la clave técnica de este tipo de producto. No se trata sólo de sabor, sino de resistencia estructural.

Una barra común puede servir, pero exige mayor cuidado en el remojo. El pan específico está diseñado precisamente para facilitar ese proceso, algo que explica por qué cada vez más consumidores lo eligen frente a la opción artesanal.

Competencia en el lineal

En el análisis de la OCU también apareció el pan de torrijas de Carrefour, con un precio superior y una valoración muy alta en la prueba de cocinado y degustación. Sin embargo, recurría a aromas de cítrico y otros aditivos. La diferencia de precio entre ambos productos es significativa. El de Mercadona se sitúa en torno a 2,26 euros el kilo, mientras que otras marcas superan ampliamente esa cifra. Ese equilibrio entre precio contenido y buen resultado final es probablemente lo que ha consolidado su popularidad durante las campañas de Semana Santa.

Más allá de la etiqueta blanca

El hecho de que un obrador madrileño con décadas de experiencia esté detrás del producto desmonta la idea de que todas las marcas blancas responden a producciones genéricas sin especialización. En este caso, se trata de una empresa que lleva casi 70 años trabajando en panadería y que fabrica para distintas cadenas. Para el consumidor, ese dato puede pasar desapercibid, pero explica parte del resultado final, y que no es otra cosa que un pan diseñado específicamente para soportar el remojo, el rebozado y la fritura sin perder textura. Y en un postre donde cada detalle cuenta, empezar por una base adecuada no es un asunto menor. Y según el análisis comparativo de la OCU, la opción de Mercadona se sitúa entre las más equilibradas del mercado.

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