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Los carniceros expertos jamás compran estos 5 tipos de carne en el supermercado y desde entonces no he vuelto a echarlas a la cesta de la compra

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Blanca Espada

Comprar carne en el supermercado lleva tiempo siendo la norma o lo más habitual entre los consumidores, ya que es algo rápido, cómodo y no obliga a dar muchas vueltas. Sin embargo, cuando hablas con carniceros que llevan años trabajando con el producto, la visión cambia bastante. No porque todo sea malo, sino porque hay cosas que ellos, directamente, prefieren no comprar ahí. En concreto cinco tipos de carne que nunca comprarían en el supermercado.

Lo que cuentan no tiene tanto que ver con alarmar como con la experiencia. Saben cómo llega la carne, cuánto tiempo pasa en cada fase y qué tipo de manipulación hay detrás. Y eso hace que, cuando ellos mismos tienen que comprar, eviten algunos productos muy concretos que para el consumidor medio pasan completamente desapercibidos. A partir de ahí, hay cinco tipos de carne que se repiten siempre en sus alertas. No significa que no se puedan consumir, pero sí que conviene saber qué hay detrás antes de meterlos en la cesta, porque no todos ofrecen el mismo nivel de calidad ni el mismo margen de seguridad.

Los carniceros expertos jamás compran estos 5 tipos de carne

La carne picada es la primera en salir cuando se les pregunta. En supermercado suele venir ya preparada desde grandes plantas, envasada y lista para consumir. El problema es que ahí el control no lo tiene el cliente, ni tampoco sabe exactamente qué partes se han utilizado ni cuándo se ha picado. En una carnicería, sin embargo, lo normal es pedir la pieza y que se pique en el momento. Puede parecer un detalle menor, pero cambia bastante el resultado. La textura es distinta, el sabor también, y además se reduce el riesgo de que haya habido demasiada manipulación previa.

Con el pollo pasa algo parecido. Es un producto muy sensible, que necesita frío constante y una manipulación bastante cuidadosa. Los expertos insisten en que es una de las carnes que más atención requiere en casa, tanto al guardarla como al cocinarla. Por eso, cuando pueden elegir, prefieren comprarlo en sitios donde saben cómo se ha tratado.

 

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La carne «madurada» del súper no es lo mismo que parece

Otro punto que genera bastante confusión es el de la carne etiquetada como madurada. En el supermercado es habitual encontrarla con ese reclamo, pero lo que hay detrás no siempre coincide con lo que la gente imagina. En la mayoría de los casos se trata de maduración en húmedo, es decir, la carne se conserva envasada al vacío durante un tiempo. Funciona, sí, pero no tiene nada que ver con la maduración en seco que se hace en muchas carnicerías, donde la pieza se deja reposar en condiciones muy controladas. La diferencia se nota sobre todo en el sabor y en la textura. La carne en seco desarrolla matices más intensos, mientras que la otra es más neutra. Por eso, muchos carniceros prefieren no comprar este tipo de producto en grandes superficies, porque consideran que el resultado no es el mismo que se espera.

Los cortes con hueso se deterioran antes

Puede parecer lo contrario, pero los cortes con hueso no siempre son los más seguros en este tipo de compras. El hueso acelera el deterioro si no se mantienen bien las condiciones, y eso es algo que depende mucho del tiempo que el producto pasa expuesto. En una carnicería hay más rotación y el control es más directo. El producto entra y sale más rápido pero un supermercado, en cambio, puede permanecer más tiempo en el lineal, y eso afecta a la frescura, sobre todo en este tipo de piezas. Por eso, los profesionales recomiendan fijarse más en estos cortes si se compran en grandes superficies. No es que haya que evitarlos siempre, pero sí mirarlos con más detalle que otros productos más estables.

Patés, terrinas y vísceras

Y por último, productos como patés, terrinas o vísceras requieren una elaboración más delicada. No es sólo la materia prima, sino todo el proceso de temperaturas, tiempos y manipulación.En supermercados se pueden encontrar, pero los carniceros suelen confiar más en establecimientos especializados. Básicamente porque saben quién lo ha hecho y cómo. Ese control es clave en este tipo de alimentos, que son más sensibles que otros cortes más simples. Además, en muchas carnicerías estos productos se elaboran allí mismo o se traen de proveedores muy concretos. Eso da más confianza y, normalmente, también se nota en el resultado final.

En definitiva, todo se resume en saber de dónde viene lo que compras y cómo se ha tratado. En una carnicería, esa información está mucho más a mano. Puedes preguntar, elegir el corte o incluso pedir que lo preparen de una forma concreta. En el supermercado, en cambio el proceso está más cerrado y aunque no es peor en todos los casos, sí está más estandarizado. Y eso hace que haya productos que funcionen bien y otros que, según los expertos, es mejor comprar en otro tipo de establecimientos.

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