GANÓ EN CUATRO SETS (4-6, 6-0, 6-3, 6-2)

El superhéroe es Nadal: arrasa a Del Potro y se mete en la final del US Open

Nadal
Nadal celebra un punto frente a Del Potro. (AFP)
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Saltó a la pista concentrado, con un atuendo negro intimidante que secundaba una mirada directa al trofeo del US Open. Rafael Nadal hizo acto de presencia en el Artur Ashe Stadium preparado para la penúltima batalla, la de semifinales, y dos horas y media después, con remontada incluida, logró imponer su ley y ejercer de villano de Thor, Juan Martín Del Potro (4-6, 6-0, 6-3, 6-2). El talentoso argentino, a pesar de un perfecto inicio, vio como el superhéroe que en vez de capa luce la bandera española atada al cuello, acababa pasándole por encima con una de las actuaciones más destacadas de su carrera deportiva. Anderson espera en la final por su tercer US Open.

Los juegos iniciales de saque mostraban una leve superioridad del de Tandil, en detrimento de un Nadal sufría en demasía por obcecarse con mandar la pelota al revés de Del Potro. Esta acción por momentos pareció enfermiza, pero el argentino, efectivo y profundo como casi nunca explicó con dos bombas seguidas el porqué de la estrategia de Rafa.

Era una batalla y a los puntos se imponía Delpo, que para colmo se apoyó en la cinta para hacerse con el primer break del partido, un golpe casi definitivo para el primer set, si tenemos en cuenta el tándem mortífero que formaban el servicio y la derecha del argentino, superando todos los niveles de inspiración posibles. Los juegos de servicio restantes, en los que Nadal intentó hacerse con el mando con más corazón que cabeza, confirmaron lo que Juan Martín mostraba y la afición argentina gritaba: querían el US Open. 

El primer parcial se había marchado, pero Rafael era una gacela sobre el cemento de la Artur Ashe. Si la táctica no era tapada por el miedo y la técnica respondía en los momentos claves, así como la cabeza, las opciones de ganar permanecían intactas. Esta afirmación, que con el juego que estaba mostrando Del Potro podía considerarse, cuanto menos, atrevida, fue refrendada de inmediato por un Nadal de ceño fruncido y golpes maliciosos, que defendió, rompió y volvió a defender para encarrilar el segundo parcial. Para derrumbarle se iban a necesitar más que golpes, por muy devastadores que éstos resultaran.

Nadal
Rafa Nadal devuelve una pelota. (AFP)

Tiger Woods aplaudía al manacorense desde la grada. El Tigre, que lucía una pegada descomunal en sus grandes años, entendía por lo que estaba pasando Nadal con Del Potro enfrente. Un auténtico martillo pilón, el de Thor, era inofensivo. Rafa era un escudo humano que, a base de coraje, había igualado la contienda con un espectacular 6-0, un rosco de los que lucirán cuando la leyenda se retire y pase a ser ejemplo por los siglos de los siglos.

La clave del regreso de Nadal al partido estaba en el miedo, o en este caso, en la ausencia de él, que le había permitido enganchar su arma de destrucción masiva, la derecha paralela, en busca de abrir la pista y resquebrajar la zona de confort de un Juan Martín sobrepasado, pero que no había dicho su última palabra.

Nadal, bordando el tenis

Repleto de confianza y obligando al partido a un ritmo infernal, Rafa mantuvo su saque y adelantó dos pasos al resto, de manera que Juan Martín pasó de sentir claustrofobia en la pista a verse aplastado y desasistido por el huracán estaba arrasando el partido. Rafael Nadal jugando el tenis de su vida, un premio para los sentidos a las tantas de la madrugada.

Ni que decir tiene que Rafa volvió a romper el servicio de Del Potro, ya en el tercero. El argentino pudo romper la racha nueve juegos después con un solitario respiro logrado tras levantar dos pelotas de break de Nadal. Ese era el nivel del juego. La grada se empeñaba en animar a Juan Martín, pero ni siquiera una Bombonera acondicionada y repleta de hinchas argentinos habría podido parar al número uno del mundo, que agitaba su brazo en señal de poderío y satisfacción. La final estaba a un solo parcial de encontrarse con él.

Del Potro
Juan Martín Del Potro pega una derecha frente a Nadal. (AFP)

Del Potro había comenzado el encuentro con una inspiración que amenazaba, de acabar con victoria, a colocarlo entre los tres mejores de toda su trayectoria tenística. Darse cuenta de que la derrota se había convertido en casi la única opción le hizo sacar lo mejor de su repertorio en forma de bombas, que le permitieron sobrevivir un juego al saque. Cuando iba a por el segundo, Rafael apareció de nuevo con un banana shot, dos recuperaciones y una carrera imposible que acababa con la pelota en la línea y una nueva ventaja en lo que ya sí, prometía ser el set definitivo.

El cansancio se apoderó definitivamente del interminable cuerpo de Delpo, que ya solo tiraba de brazos ante un rival que parecía acabar de romper a sudar. Y estaba jugando una auténtica locura, con un repertorio casi nunca visto en el manacorense, como si se hubiera adueñado de los bote prontos de Federer, las piernas de Usain Bolt y la mentalidad… la mentalidad de Rafa Nadal, insuperable en estas lides y que una noche más hizo arrodillarse a su rival y a todos los aficionados del verdadero superhéroe del tenis mundial.

 

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