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Las cerezas se convierten en una fruta muy demandada en las épocas de calor, por su sabor intenso natural. La cereza también es consumida en forma de postres, salsa o mermeladas. Son ricas en antocianinas, que son potentes antioxidantes que le dan su destacado color rojo, lo que nos ayuda a combatir el envejecimiento.
Son fuente natural de melatonina, lo que nos ayuda a conciliar el sueño y, además, está comprobado que contienen propiedades antiinflamatorias. En verano, esta y cualquier tipo de fruta se vuelven un alimento muy delicado en su conservación y requieren una ingesta pronta para su no deterioro.
Para que sigan conservando sus propiedades, su sabor y sigan siendo comestibles después de un par de días, es necesario conocer cómo tienen que conservarse adecuadamente, manteniéndolas en un estado óptimo.
Cómo conservar cerezas en verano
Para poder conseguir alargar la vida como alimento de las cerezas en verano, es necesario guardarlas siempre en la nevera, sin lavar y con su rabo (pedúnculo) puesto. El calor del verano acelera su maduración y fermentación, por lo que el frío se convierte en un aliado necesario para su conservación.
Los pasos que tenemos que seguir para su correcta conservación una vez compradas son:
- Una vez que las cerezas llegan a tu cocina, hay que desechar las cerezas que estén en mal estado y sacarlas de su embalaje original. Una cereza en mal estado puede hacer que las demás se estropeen en escasas horas.
- No quites el rabo. Quitarselo hará que funcione como una herida abierta que hace a la cereza más vulnerable su interior al exterior, acelerando su deterioro.
- El lugar de su conservación ha de ser un táper con papel de cocina en el fondo. El papel absorberá la condensación que genera el frío de la nevera, enemigo de la fruta.
- Es mejor no conservarlas en un recipiente completamente cerrado, sino dejar que el aire circule total o parcialmente.
- Sitúalas en el cajón de las verduras, que es la zona menos fría y con la humedad idónea para su conservación.
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