La reflexión de Platón que cobra sentido este septiembre: «No se debe obligar a los niños a aprender, ni se debe forzar sus cabezas para asimilar conocimientos»
El filósofo griego defendía hace más de 2.000 años que el aprendizaje debía despertar el interés del niño y no convertirse en una imposición
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Septiembre vuelve a llenar las aulas de libros, mochilas, deberes y nuevos objetivos. Para muchos niños, el regreso al colegio supone recuperar rutinas y reencontrarse con sus compañeros, pero también enfrentarse de nuevo a la exigencia de aprender contenidos que no siempre despiertan su interés. En este contexto, una reflexión de Platón sobre la educación resulta especialmente actual. «No se debe obligar a los niños a aprender, ni se debe forzar sus cabezas para asimilar conocimientos». Una idea formulada hace más de dos milenios que plantea una cuestión todavía vigente, ya que ¿aprenden mejor los niños cuando se les obliga o cuando conseguimos despertar su curiosidad?
Aprender no es memorizar
Platón aborda la educación en La República, donde Sócrates reflexiona sobre la manera en la que debe formarse a quienes tendrán responsabilidades en la sociedad. En uno de los capítulos más conocidos, habla de que el conocimiento adquirido mediante la obligación no consigue arraigar realmente en la mente y, a continuación, propone que la educación temprana tenga un componente de juego.
La idea no significa que los niños deban aprender únicamente aquello que les apetece ni que el esfuerzo carezca de importancia. El planteamiento platónico apunta más bien hacia la necesidad de encontrar una forma de enseñanza capaz de despertar las capacidades que ya existen en cada persona. En otro pasaje de La República, el filósofo griego Platón explica que educar no consiste simplemente en introducir conocimientos en una mente vacía, sino en orientar adecuadamente la capacidad de aprender que posee cada individuo.
Una enseñanza que sigue vigente
Más de dos mil años después, la reflexión de Platón plantea una cuestión que continúa presente en cualquier aula, ya que enseñar no consiste únicamente en transmitir información, sino en conseguir que el alumno quiera descubrirla. Obligar a memorizar puede producir resultados inmediatos, pero despertar la curiosidad puede generar un aprendizaje mucho más duradero.
Por eso, con el comienzo de un nuevo curso, sus palabras recuperan todo su sentido. El filósofo no defendía que los niños permanecieran al margen de la educación, sino que el aprendizaje debía encontrar el camino adecuado para cada uno. Y quizá esa sea una de las grandes claves de la enseñanza, ya que no hay que llenar la cabeza de conocimientos a la fuerza, sino conseguir que el niño quiera abrirla para descubrirlos.