Psicólogos expertos lo avalan: las personas que sujetan la puerta a otras no sólo son amables, también muestran empatía
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Hay gestos tan cotidianos que apenas reparamos en ellos. Uno de los más habituales consiste en sujetar una puerta cuando vemos que otra persona viene detrás para que pueda pasar sin tener que abrirla de nuevo. Aunque normalmente se interpreta como una simple muestra de educación, la psicología ha estudiado este tipo de comportamiento y ha encontrado que detrás puede existir algo más, ya que es una tendencia a facilitar las cosas a los demás y a tener en cuenta sus necesidades.
Una pequeña ayuda dice mucho
Sujetar una puerta supone realizar una acción muy sencilla, pero implica prestar atención a lo que está ocurriendo alrededor. La persona que lo hace debe detectar que alguien se aproxima, calcular que puede beneficiarse del gesto y modificar durante unos segundos su propio comportamiento. En este sentido, la conducta encaja dentro de lo que la psicología denomina comportamiento prosocial, es decir, acciones destinadas a beneficiar o facilitar algo a otra persona.
Un estudio analizó precisamente el acto de mantener abierta una puerta y concluyó que este comportamiento puede estar relacionado con una representación mental del esfuerzo que tendrán que realizar las personas implicadas. La investigación plantea que la cortesía no es únicamente una norma social, sino que también puede responder a una percepción de que colaborar reduce el esfuerzo conjunto.
Empatía y atención al entorno
La empatía también puede intervenir en este tipo de situaciones. Para realizar el gesto, hay que prestar atención a otra persona y anticipar, aunque sea de manera muy sencilla, que mantener la puerta abierta le facilitará el paso. Sin embargo, esto no significa que pueda diagnosticarse la personalidad de alguien únicamente por observar este comportamiento, ya que sujetar una puerta no demuestra por sí solo que una persona tenga una inteligencia emocional elevada.
La investigación sobre comportamiento social sí ha encontrado que estos pequeños favores pueden generar respuestas positivas. En un estudio, las personas que recibían un gesto de mayor esfuerzo al sujetar una puerta tenían más probabilidades de dar las gracias y de realizar posteriormente determinadas conductas de ayuda. Los investigadores estudiaron así cómo un favor aparentemente insignificante puede influir en las interacciones sociales.
No es sólo cuestión de educación
La cortesía cumple además una función dentro de las relaciones sociales. Diferentes investigaciones han estudiado cómo los comportamientos educados ayudan a regular la distancia interpersonal y a transmitir consideración hacia otras personas. Por eso, un gesto tan pequeño como ceder el paso puede funcionar como una señal de respeto y cooperación dentro de una interacción cotidiana.
Además, existe otro detalle interesante, ya que la ayuda no siempre responde exclusivamente a la empatía. Un estudio sobre altruismo en situaciones cotidianas observó precisamente el comportamiento de sujetar puertas a desconocidos y encontró que las motivaciones sociales y de afiliación también pueden influir en estas acciones. La conducta humana es más compleja que una única explicación psicológica.
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