La psicología lo confirma: las personas que siempre andan rápido no lo hacen porque tengan prisa, en realidad están gestionando su tiempo de forma más eficiente
Varios estudios han relacionado una mayor velocidad al caminar con la responsabilidad, la organización y la motivación
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Hay personas que parecen vivir con el acelerador puesto, ya que salen de casa caminando deprisa, adelantan a todo el mundo por la calle y llegan a su destino mientras quienes las acompañan todavía están a varios metros de distancia. Puede parecer simplemente una cuestión de tener prisa, pero la psicología ha encontrado una relación interesante entre la velocidad al caminar y determinados rasgos de personalidad. En particular, algunas investigaciones han vinculado una marcha más rápida con mayores niveles de responsabilidad, organización y motivación para alcanzar objetivos.
No siempre es cuestión de prisa
Caminar rápido no significa necesariamente estar llegando tarde. La velocidad habitual con la que una persona se desplaza puede estar influida por numerosos factores, desde la edad y la condición física hasta el entorno, el estado de ánimo o la personalidad. Por eso, los investigadores no consideran que exista una regla capaz de determinar cómo es alguien simplemente observando sus pasos. Aun así, sí se han encontrado asociaciones estadísticamente relevantes entre determinados rasgos y la velocidad de marcha.
Uno de los estudios más conocidos sobre esta cuestión analizó datos procedentes de cinco grandes estudios con adultos de mediana y avanzada edad. Sus resultados apuntaron a que determinados rasgos de personalidad podían predecir diferencias en la velocidad al caminar a lo largo del tiempo, especialmente en relación con la responsabilidad.
Una relación, no una regla
Eso no significa que todas las personas que caminan deprisa sean organizadas ni que quienes avanzan lentamente tengan una peor gestión del tiempo. La velocidad de marcha depende de demasiadas variables como para convertirla en una especie de test de personalidad. De hecho, otros estudios han encontrado asociaciones diferentes entre la velocidad al caminar y rasgos como el neuroticismo, mientras que la relación con la extraversión no siempre resulta significativa.
La propia investigación científica sobre personalidad y funcionamiento físico apunta a que factores como la actividad física, la salud y las características individuales pueden influir simultáneamente. Por eso, los resultados deben interpretarse como tendencias estadísticas, no como una explicación definitiva del comportamiento de cada individuo.
Por tanto, la próxima vez que alguien avance por la calle como si tuviera un destino urgente, quizá no esté simplemente teniendo prisa. Puede que su manera de caminar forme parte de una personalidad más orientada a los objetivos y disciplina, aunque ningún paso pueda contar por sí solo toda la historia. La ciencia encuentra una relación interesante, ya que convertirla en una regla universal sería ir demasiado lejos.
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