Psicología

La psicología llega a la conclusión de que si aparentas tranquilidad en una situación de estrés, no siempre es fortaleza, puede ser defensa emocional

Imagen generada por IA
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  • Fernando Larruscain
  • Estudiante de periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Redactor de SEO en OKDIARIO. Apasionado del deporte y de las MMA.

Cada persona tiene una forma diferente de reaccionar ante situaciones de estrés. La imagen que quiere dar todo el mundo ante estas situaciones es la de la tranquilidad, ya que aparentemente nos permitirá de forma clara elegir las opciones correctas dentro de la situación de estrés. La psicología ha concluido que aparentar tranquilidad en situaciones de estrés no tiene por qué tratarse de fortaleza; en ocasiones, puede ser defensa emocional.

Detrás de la imagen de la calma

La ciencia que estudia la mente de las personas ha llegado a la conclusión de que la mente se distancia emocionalmente del evento traumático para evitar el sufrimiento de inmediato. El cerebro bloquea de forma inconsciente las emociones dolorosas o abrumadoras.

La mente crea un escudo protector para que siga funcionando a corto plazo. La mente se disocia, provocando que te sientas como un observador externo de tu propia vida o desconectado de tu cuerpo. El cerebro se protege manteniendo esas emociones a raya de forma temporal, guardando el trauma en un cajón mental cerrado para más tarde procesarlo.

Aunque en el momento las emociones no aborden tu cuerpo, por dentro el cuerpo está pagando un precio elevado. El cortisol elevado provocado por el estrés y la adrenalina sigue creciendo, desgastando tus órganos. El cuerpo acumula a través de la adrenalina una gran cantidad de energía que no pudiste liberar a través de esfuerzo físico.

Consecuencias a largo plazo

A largo plazo es imposible mantener esa calma ficticia donde el cuerpo acumula mucha energía que tiene que terminar saliendo. A nivel físico, el cuerpo puede tener más probabilidad de sufrir problemas cardiacos como arritmias, desgaste arterial o hipertensión. Además, se pueden producir problemas gastrointestinales y la aparición de dolores crónicos como migrañas o contracturas musculares.

Las consecuencias en la salud mental abarcan problemas de salud, depresión por agotamiento, explosiones emocionales con desbordamientos de ira, llanto o pánico. Se pueden producir episodios de insomnio donde el cerebro recibe flashbacks constantes del evento traumático.

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