Psicología

La psicología dice que las personas que no tienen aficiones en su tiempo libre no son adictas al trabajo, en realidad han construido su identidad en torno a su posición laboral

Personas que no tienen aficiones
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Pregúntale a alguien qué suele hacer para divertirse y observa su reacción. Algunas personas responderán sin pensarlo demasiado. Otras, en cambio, se quedarán unos segundos en silencio, harán memoria y tratarán de recordar alguna actividad que antes disfrutaban. La explicación más sencilla sería pensar que estas personas viven completamente volcadas en su trabajo. Sin embargo, en ocasiones, la razón es mucho más compleja.

Desde la perspectiva psicológica, se diferencian dos formas de implicación laboral. Por un lado, el compromiso con el trabajo, que hace que los empleados se involucren en sus tareas, así como con los valores y los objetivos de la empresa. Y, por otro lado, la adicción al trabajo, entendiendo como tal la necesidad excesiva e incontrolable de trabajar, incluso durante el tiempo libre o las vacaciones. ¿Cuál es la diferencia entre ambos conceptos? Una persona comprometida puede dedicar muchas horas a su empleo porque disfruta con lo que hace. Una persona adicta al trabajo, en cambio, puede sentir que necesita seguir trabajando aunque preferiría parar.

¿Por qué hay personas que no tienen aficiones en su tiempo libre?

En 2012, un estudio realizado por la Universidad Politécnica de València, la Universidad Jaime I de Castellón y la Universidad del País Vasco calculó que el 4,6% de los trabajadores en España podían considerarse adictos al trabajo. Años después, en 2018, distintas organizaciones situaban el porcentaje en torno al 10%.

Según una encuesta realizada por Project: Time Off y GfK, los millenials, nacidos entre 1981 y 1997, mostraban una mayor tendencia a identificarse con el perfil de los llamados «workaholics». La encuesta, realizada a alrededor de 5.000 empleados a tiempo completo, concluyó que el 43 % de los adictos al trabajo pertenecían a esta generación.

Una persona adicta al trabajo es aquella que trabaja de manera compulsiva o que presenta una fuerte dependencia de su actividad laboral. Según Scott, Moore y Miceli (1997), los «trabajólicos» comparten tres características principales: dedican una cantidad considerable de tiempo a actividades relacionadas con el trabajo, siguen pensando en cuestiones laborales incluso cuando ha terminado su jornada y trabajan más horas de las que les corresponden. Entre las señales que pueden indicar una relación poco saludable con el trabajo se encuentran:

  • Trabajar todos los días de la semana.
  • Continuar trabajando durante la noche, reduciendo las horas destinadas al descanso.
  • Experimentar un fuerte sentimiento de culpa cuando no se está trabajando.
  • Seguir trabajando incluso estando enfermo.
  • Abandonar o descuidar hábitos saludables para disponer de más tiempo para las obligaciones laborales.
  • Tener dificultades para rechazar una nueva oportunidad o tarea laboral.
  • Buscar constantemente las alabanzas y el reconocimiento de los demás por ser una persona trabajadora.
  • Hablar de trabajo de manera constante, incluso durante encuentros con amigos o familiares.
  • Sentirse deprimido o incómodo durante las vacaciones y llegar incluso a trabajar durante esos periodos de descanso.

La psicóloga Wendy L. Patrick explicó en Psychology Today que «los adictos al trabajo tienden a asumir tareas innecesarias a expensas del trabajo en equipo. Normalmente, rinden mejor en trabajos autónomos y especializados que en proyectos colaborativos».

¿Herencia familiar?

«¿Por qué alguien podría caer presa de una creencia tan errónea? Podría deberse a la manera en que fue criado. Los padres adictos al trabajo tienden a criar hijos adictos al trabajo. Si creces viendo que la adultez se modela en personas que trabajan a todas horas y apenas están en casa, es comprensible que consideres ese comportamiento adecuado en un cónyuge o padre responsable. Este mecanismo es, al menos en parte, el mismo por el que tienes más probabilidades de ser alcohólico si creciste con padres alcohólicos», explica el docente en Harvard, Arthur C. Brooks, en The Atlantic.

Todos tenemos dos grandes tipos de recompensas en nuestra vida. Por un lado están las recompensas extrínsecas, aquellas que podemos ver y medir, como el dinero, los objetos o los bienes materiales que poseen un valor económico. Por otro, se encuentran las recompensas intrínsecas, de carácter inmaterial, relacionadas con aspectos como el amor, la satisfacción personal o la felicidad. Según esta perspectiva, una las necesidades materiales están cubiertas, las recompensas intrínsecas adquieren un peso mucho mayor en la satisfacción y el bienestar.

Superar la adicción al trabajo puede resultar complejo y requiere tiempo, del mismo modo que ocurre con otros comportamientos adictivos. Brooks propone tres pasos para comenzar a modificarla.

  • Las personas que se identifican como «workaholics» pueden empezar por analizar de dónde procede su necesidad constante de trabajar. No se trata de buscar culpables en la infancia o responsabilizar a los padres, sino de intentar comprender qué experiencias pudieron influir en esa conducta.
  • Si se busca afecto, reconocimiento o una relación más cercana con los demás, Brooks plantea que es necesario ofrecer también ese tipo de atención. El objetivo es recuperar espacios de conexión que pueden haber quedado relegados por las obligaciones laborales.
  • Un único día de descanso difícilmente será suficiente para modificar una conducta mantenida durante años. Para avanzar es necesario reconocer el problema, identificar sus posibles causas y establecer, junto a las personas cercanas, un plan a largo plazo.

Lo último en Curiosidades

Últimas noticias