La psicología dice que los españoles que van de vacaciones al norte en verano no lo hacen por el calor: puede que sean más introvertidos
Escoger el norte de España o destinos de montaña durante las vacaciones de verano puede responder a algo más que el deseo de escapar de las altas temperaturas. La psicología ha relacionado esta preferencia con determinados rasgos de personalidad y con distintas formas de descansar y recuperar energía.
Aunque muchas personas asocian estos viajes con la búsqueda de un clima más suave, un estudio dirigido por el psicólogo Shigehiro Oishi, de la Universidad de Virginia, ha encontrado una relación entre la personalidad y la preferencia por determinados paisajes.
Qué revela la psicología sobre quienes prefieren la montaña
El estudio ha analizado la relación entre la personalidad y el entorno que las personas escogen para vivir o pasar su tiempo libre. Tras examinar cientos de miles de encuestas, los investigadores han observado que la extroversión es el rasgo que mejor predice la preferencia por un tipo de paisaje u otro.
Según los resultados, las personas más extrovertidas suelen mostrar una mayor inclinación por las playas y los espacios abiertos. Estos entornos ofrecen oportunidades constantes para socializar, interactuar con otras personas y participar en actividades que generan estimulación.
Por el contrario, quienes presentan rasgos más introvertidos tienden a sentirse más cómodos en zonas montañosas o boscosas. La menor densidad de población, el silencio y la sensación de aislamiento favorecen un entorno que encaja mejor con su forma de recuperar energía.
Los autores han explicado esta tendencia a través de la teoría psicológica conocida como ajuste persona-entorno. Esta hipótesis sostiene que las personas suelen buscar lugares que les permitan satisfacer mejor sus necesidades psicológicas y emocionales.
Por qué la montaña favorece la introspección y la desconexión
Los investigadores también han comprobado que los paisajes montañosos son percibidos como espacios más tranquilos, silenciosos y relajantes. La presencia de árboles, senderos y barreras naturales contribuye a generar una sensación de refugio y calma.
En cambio, las playas suelen asociarse con ambientes más abiertos, estimulantes y orientados a la interacción social. Son espacios donde resulta más fácil encontrarse con otras personas, participar en actividades colectivas o simplemente formar parte de un entorno dinámico.
Los datos del estudio han mostrado que, cuando las personas desean socializar, la mayoría se inclina por el océano frente a la montaña. Sin embargo, cuando buscan pasar tiempo a solas, ambas opciones se igualan y la montaña incluso gana atractivo para muchos participantes.
Esta diferencia también afecta a la forma de descansar. Los entornos montañosos favorecen la introspección y la autorreflexión, mientras que los espacios costeros suelen dirigir la atención hacia el exterior y hacia la actividad social.
Más allá del clima: una forma distinta de descansar
La psicología ambiental ha señalado que algunos destinos de interior pueden ofrecer una desconexión emocional más profunda para quienes sufren fatiga mental o necesitan alejarse del ritmo habitual de la ciudad.
Para muchas personas, cambiar la rutina urbana por una localidad de playa no supone una ruptura total con las prisas, las aglomeraciones o los horarios. En cambio, los pueblos de montaña suelen mantener un ritmo más pausado que facilita la sensación de desconexión.
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