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Proverbio inglés del día: «La curiosidad mató al gato», una joya que se remonta al siglo XVI

Un gato curioso inspecciona un antiguo baúl en un estudio repleto de libros y documentos, capturando la esencia del proverbio en la Inglaterra del siglo XVI. (Recreación con inteligencia artificial)
Un gato curioso inspecciona un antiguo baúl en un estudio repleto de libros y documentos, capturando la esencia del proverbio en la Inglaterra del siglo XVI. (Recreación con inteligencia artificial)
Naiara Philpotts
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

El proverbio «la curiosidad mató al gato» tiene su origen en Inglaterra hacia finales del siglo XVI. La expresión nació como «care killed the cat» («la preocupación mató al gato»), y solo cambió de significado varios siglos después.

En esa versión original, la palabra «care» se refería a la pesadumbre o el desasosiego, un sentido que se perdió con el paso del tiempo y fue cambiado por curiosidad. El proverbio advertía en ese entonces sobre las consecuencias de estar en preocupación constante.

¿Qué significado tiene el proverbio inglés «la curiosidad mató al gato»?

El dicho clásico advierte que dejarse llevar por una curiosidad excesiva puede acarrear consecuencias negativas, tal como antes ocurría con la preocupación, en la versión original.

La historia detrás del proverbio inglés

La primera aparición documentada de la frase está en Every Man in His Humour, obra del dramaturgo inglés Ben Jonson publicada en 1598. En esa comedia, el personaje Cob pronuncia la línea «hang sorrow, care’ll kill a Cat», que se traduce algo así como «al diablo la tristeza, la preocupación matará a un gato».

Un año después, William Shakespeare recogió una variante casi idéntica en Mucho ruido y pocas nueces, donde un personaje anima a otro a no desanimarse aunque «care killed a cat».

Detrás de la comparación estaba la creencia renacentista de que los gatos tienen nueve vidas. La preocupación constante, según el dicho isabelino, amenazaba con agotarlas antes de tiempo, igual que hoy se dice que un gato «gasta» una vida cada vez que sobrevive a un peligro.

Así quedó registrada la idea según una cita recogida por el lexicógrafo británico Ebenezer Brewer: «Care killed the Cat. It is said that ‘a cat has nine lives,’ yet care would wear them all out», lo que se traduce como «la preocupación mató al gato. Se dice que un gato tiene nueve vidas, pero la preocupación las agotaría todas».

La forma con «care» se mantuvo vigente durante buena parte del siglo XIX. El Dictionary of Phrase and Fable, de Brewer, la asentó en una edición de 1898.

¿Por qué el proverbio sigue vigente en el día a día?

El cambio hacia «curiosity killed the cat» se produjo a finales del siglo XIX. Así, la curiosidad arrastraba desde hacía siglos una mala reputación (pensadores como san Agustín la calificaron de vicio), y esa fama se combinó con la de los gatos como animales inquisitivos para dar forma a la nueva versión.

Según Word Histories, el registro más antiguo de la fórmula moderna apareció en 1868, en un periódico irlandés que advertía «they say curiosity killed a cat once, so I will take warning» («dicen que la curiosidad mató un gato una vez, así que tomaré nota»).

Tres décadas después, el periódico The Galveston Daily News publicó la expresión «curiosity killed a Thomas cat», una de las primeras apariciones documentadas de la forma moderna sobre la curiosidad en la prensa estadounidense.

En 1912, el diario The Titusville Herald sumó el remate que todavía circula en algunos países de habla inglesa, «curiosity killed the cat, but satisfaction brought it back» («la curiosidad mató al gato, pero la satisfacción lo trajo de vuelta»).

Esa segunda parte matiza que la curiosidad también trae recompensas cuando se satisface.

En el uso cotidiano actual, el proverbio funciona sobre todo como advertencia hacia quien hace preguntas o investigaciones innecesarias, ya que sugiere que algunas cosas es mejor dejarlas sin cuestionar. Con el remate de 1912 sumado, también sirve para justificar la insistencia en averiguar algo aunque implique cierto riesgo.

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