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Mario Alonso Puig, médico español experto en emociones: «Aguantarse enferma; reír y llorar es lo que más cura»

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Cuando el ser humano tiene ganas de llorar pero lo evita, quiere reír a carcajadas pero se contiene, y a veces guarda silencio delante de los demás por miedo a parecer débil, entra en un ciclo que se repite día tras día y que va acumulando tensión en el cuerpo, de manera que la emoción no desaparece, sino que se queda atrapada dentro.

Si no se puede liberar, lo que indica el médico español Mario Alonso Puig es que ese bloqueo termina enfermando, y que reír y llorar es precisamente lo que más cura.

Alonso Puig, cirujano durante 26 años antes de dedicarse a la divulgación sobre emociones y salud, resume su idea con una frase directa: «Aguantarse enferma». El médico explica que la risa y el llanto no son signos de debilidad, sino mecanismos biológicos que el cuerpo utiliza para regresar al equilibrio después de una descarga de estrés.

Por qué reír y llorar cura, según la ciencia del cuerpo

Expresar las emociones tiene un sentido evolutivo y biológico ligado a la supervivencia y al equilibrio del organismo, conocido como homeostasis. Las emociones no son solo sentimientos: son reacciones físicas programadas para mantener con vida al cuerpo, y bloquearlas interfiere directamente en ese mecanismo.

El llanto funciona como una válvula de escape. Cuando una persona sufre un impacto emocional, el cerebro se inunda de sustancias químicas asociadas al estrés, y llorar actúa como un drenaje biológico que expulsa el exceso de esas hormonas y limpia el sistema. La risa, por su parte, activa el sistema nervioso parasimpático, que frena la respuesta de alerta, baja el ritmo cardíaco y ordena al cuerpo reparar los tejidos dañados por la tensión acumulada.

Reprimir cualquiera de las dos reacciones rompe ese equilibrio. Si una persona se aguanta, bloquea el mecanismo natural de descarga y el cuerpo interpreta que el peligro sigue presente, lo que mantiene los músculos en tensión, el corazón acelerado y el sistema inmune debilitado. Expresar las emociones libera energía acumulada para que el cuerpo no termine autodestruyéndose bajo la presión constante del entorno.

Cómo aprender a dejar de reprimir y a reír y llorar más

Aprender a reír y llorar más no consiste en forzar la emoción, sino en eliminar las barreras mentales y los juicios que impiden sentirla. Para el llanto, el primer paso es identificar frases interiorizadas como «llorar es de débiles» y sustituirlas por la idea de que llorar es una limpieza biológica.

Buscar un espacio de soledad sin interrupciones, recurrir a detonantes como música nostálgica o películas conmovedoras, y permitir que el nudo en la garganta suba en lugar de tragarlo con saliva o distraerse con el teléfono ayudan a desbloquear esa reacción.

Para la risa, sonreír de forma física durante unos segundos reduce el cortisol y engaña al cerebro para que se relaje, incluso sin un motivo inicial. Sustituir el consumo constante de noticias trágicas por comedia o contenido ligero, bajar el nivel de autoexigencia para poder reírse de los propios errores cotidianos, y rodearse de personas con una risa contagiosa refuerzan ese hábito con el tiempo.

Dejar de reprimir exige además detectar las señales físicas de la represión: apretar la mandíbula, cruzar los brazos con fuerza, tragar saliva de forma forzada o respirar de manera superficial son alarmas que el cuerpo lanza antes de que la mente sea consciente del bloqueo.

Una emoción tarda solo 90 segundos en recorrer el sistema nervioso y disiparse si no se alimenta ni se bloquea, por lo que quedarse quieto y dejar pasar esa descarga física, sin juzgarla, permite que se disuelva de forma natural.

Validar la emoción sin filtros también resulta clave, sustituir el «no debería estar enojado por esto» por un «estoy enojado y tengo derecho a sentirlo» evita que la represión se instale de nuevo. Canalizar la emoción en privado, mediante una carta sin filtro que después se destruye o un paseo a paso rápido, y empezar por micro-expresiones sencillas, como decir «me molestó ese comentario» en lugar de tragárselo, son pasos progresivos para recuperar el hábito de sentir sin bloquear.

Quién es el doctor Mario Alonso Puig

Mario Alonso Puig, nacido en 1947, es médico cirujano, escritor y conferenciante español, considerado uno de los mayores expertos de habla hispana en motivación, mentalidad y bienestar emocional. Ejerció durante 26 años como cirujano general y del aparato digestivo antes de completar estudios en la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, donde profundizó en la medicina mente-cuerpo y en el mindfulness.

Alonso Puig decidió dejar los quirófanos para dedicarse por completo a la investigación y la divulgación, con el objetivo de explicar cómo el pensamiento y las emociones afectan directamente a la salud física, las células y el cerebro. Colabora con empresas y universidades, como el Instituto de Salud y Bienestar de IE University, enseñando a equipos a gestionar la incertidumbre, y defiende que el cerebro adulto conserva plasticidad suficiente para cambiar el diálogo interno en cualquier etapa de la vida.

Ha publicado doce libros, entre los que destacan «Vivir es un asunto urgente», «Reinventarse: tu segunda oportunidad», traducido a más de dieciséis idiomas, «Resetea tu mente» y «¡Tómate un respiro! Mindfulness». Hoy es una de las figuras más populares del desarrollo personal en español, con millones de reproducciones en plataformas como Aprendemos Juntos, de BBVA.