Los interioristas expertos coinciden: las personas a las que no les gusta invitar a nadie a su casa no son antipáticas, en realidad no están contentas con sus espacios
Los sentimientos que genera el interior de la vivienda en su propietario condiciona la invitación de familiares y amigos a la misma
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El sencillo acto de organizar en casa una cena, merienda y reunión con amigos es una muestra de sociabilizar con la gente a la que se tiene aprecio. Aunque no a todas las personas les sucede lo mismo, ya que prefieren quedar fuera y en pocas ocasiones abren las puertas de su vivienda a familiares y amigos. Una cuestión que podría deberse a la personalidad, pero los expertos en interiorismo lo relacionan con una posible explicación asociada a la vivienda.
Lo anterior se resume en la comodidad que genera el hogar y, si eso no se cumple, se tiende a limitar las invitaciones. La vivienda es un espacio en el que se muestra de manera completa quién es esa persona. Por ello, cuando una persona siente que su vivienda no le representa o que no está como le gustaría, produce un rechazo que hace que no quiera compartirla con otras personas.
¿Qué produce esta evasión?
El planteamiento de los interioristas parte de una idea sencilla que se relaciona con la incomodidad que ocasiona invitar a otras personas a casa por el descontento que les produce su propia vivienda. En un primer momento, aparece la sensación de una decoración anticuada porque el salón no es lo suficientemente acogedor.
Por otro lado, está la cuestión del desorden o simplemente sentir que su vivienda no transmite sus gustos. Por eso, recibir invitados deja de ser una experiencia natural y se convierte en una fuente de preocupación. Esta percepción del espacio adquiere una dimensión emocional que abarca el sentirse identificado con la vivienda y cómodo cuando otras personas entran en ella.
Los lugares clave: salón y comedor
En una vivienda hay dos zonas fundamentales que son el salón y el comedor. Su importancia llega porque son dos áreas destinadas a la conversación, comer y pasar tiempo con los invitados. Así que su distribución podría condicionar la disposición para organizar reuniones. Un salón y un comedor con una buena distribución e iluminación generarán una mayor sensación de espacio y resultarán más acogedores. Al mismo tiempo, la decoración también influye en la manera de ver el interior de una casa.
La solución
Antes de asumir que el problema es de la personalidad, es clave hacerse la pregunta de qué es lo que incomoda concretamente de la vivienda. Algunas preguntas podrían relacionarse con los siguientes temas:
- El orden.
- El espacio.
- La decoración.
- La sensación que proporciona a primera vista la vivienda.
La identificación del motivo
En la mayoría de los casos no es necesario cambiar toda la casa, ya que un comedor más funcional, una iluminación más cálida, algunos asientos adicionales o una distribución diferente podrían llegar a transformar por completo la experiencia de recibir visitas. La explicación de los interioristas pone en el foco algo que queda en segundo plano y es la decoración, ya que refleja la relación emocional que tiene una persona con su hogar. Por lo tanto, una casa bonita puede resultar poco confortable y una vivienda llena de imperfecciones puede ser el lugar favorito para reunirse con amigos; depende de la forma de verlo de cada persona.