Verano

Los expertos en climatización coinciden: «Un toldo bien instalado puede reducir la temperatura de la fachada hasta 6 ºC, pero hay que abrirlos antes de que dé el Sol»

toldo bien instalado
Balcones con toldos. Foto: Pexels.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

A quienes viven en balcones o terrazas les resonará esta actitud a la perfección: en cuanto sube el termómetro, sale el toldo. Es algo casi automático frente al calor, mucho antes de pensar en el aire acondicionado, pero no siempre se hace en el momento correcto ni con el criterio que de verdad marca la diferencia en la factura de la luz.

El problema es que muchas familias bajan el toldo cuando la fachada ya lleva horas recibiendo sol de lleno, es decir, cuando el calor ya se ha acumulado en la pared y en el cristal. Para entonces, la tela sirve de poco más que de sombra puntual, y la vivienda tarda mucho más en refrescarse durante el resto del día.

Toldo bien instalado: hasta seis grados menos en la fachada si se baja a tiempo

Y para demostrarlo, nada mejor que acudir a los profesionales. Por ejemplo, los expertos en climatización que cita Endesa en su blog especializado son claros en este punto: un toldo bien instalado puede reducir la temperatura de la fachada hasta 6 ºC, pero solo si se despliega antes de que el sol incida de forma directa sobre la ventana o la pared.

Actuar como barrera preventiva, y no como reacción al calor ya instalado dentro de casa, es lo que marca toda la diferencia.

La razón tiene que ver con cómo funcionan los muros y los cristales de una vivienda. Cuando reciben radiación solar directa durante varias horas, actúan como una masa térmica que acumula calor y lo va liberando poco a poco hacia el interior, incluso después de que el sol haya cambiado de posición.

Un toldo bajado a tiempo evita esa acumulación, tanto por la radiación directa como por la reflejada desde el asfalto o las fachadas cercanas.

Por eso el consejo práctico de los técnicos es sencillo: consultar la orientación de la vivienda y bajar el toldo antes de que esa fachada reciba sol directo, no cuando el calor ya se nota dentro de la habitación. En las orientaciones más expuestas, este y oeste, ese margen puede ser de apenas una hora.

¿Cuánto ahorra el buen uso de un toldo en la factura de la luz?

El ahorro no se limita a la sensación térmica. Según datos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), el uso de toldos puede reducir el consumo de los sistemas de climatización entre un 30% y un 50% en los meses de más calor.

A eso se suma que, por cada grado que se sube el termostato del aire acondicionado, el gasto de ese aparato baja entre un 7% y un 8%.

La OCU, por su parte, ha comprobado y señalado en un artículo web que los toldos bajan entre 2 ºC y 5 ºC la temperatura interior de una vivienda, en función del color de la tela, la orientación y el tamaño del propio toldo.

La cifra varía según el estudio consultado (algunos instaladores hablan de reducciones de hasta 10 ºC en condiciones muy favorables), pero todas las fuentes apuntan en la misma dirección: menos calor dentro y menos necesidad de aire acondicionado.

Además, a diferencia de un ventilador o de un aparato de aire acondicionado, un toldo no consume electricidad mientras está desplegado. Es, en palabras de los propios especialistas del sector, la inversión con mejor relación entre coste inicial y ahorro a largo plazo.

¿Qué tela y qué color eligen los expertos para un toldo bien instalado?

No todos los toldos protegen igual. La OCU recomienda tejidos técnicos, conocidos en el sector como screen o soltis, capaces de bloquear hasta el 97% de la radiación solar que reciben. Los tejidos de mayor densidad, en torno a los 280 gramos por metro cuadrado, llegan a frenar entre el 90% y el 99% de los rayos ultravioleta e infrarrojos.

El color también influye en el resultado final y se explica esto a continuación:

  • Los tonos fríos, como el azul, dan una sensación más fresca en fachadas muy expuestas al sol.
  • Los colores claros funcionan mejor en zonas con menos horas de sol directo.
  • Las telas oscuras acumulan más calor en la superficie del toldo, aunque bloqueen bien la radiación.

En cuanto a la estructura, los instaladores distinguen varios modelos. El toldo cofre protege la tela del polvo y de la lluvia cuando está recogido, lo que alarga su vida útil. El semicofre deja parte de la lona expuesta, y el modelo con brazos articulados es el más habitual por ocupar poco espacio en la fachada cuando se repliega.

Toldo, ventilador y aire acondicionado: el orden que recomiendan los expertos

Los técnicos en climatización insisten en un orden de prioridad muy concreto para no disparar el consumo eléctrico. Primero, el toldo, que actúa antes de que el calor entre en la vivienda y no gasta electricidad.

Segundo, el ventilador, que no baja la temperatura real de la habitación, pero genera una sensación térmica entre 3 ºC y 5 ºC más fresca gracias al movimiento del aire. Solo en tercer lugar entra el aire acondicionado, y se recomienda fijarlo entre 24 ºC y 26 ºC.

Combinar estos tres elementos, en ese orden, permite subir el termostato del aire acondicionado varios grados sin perder sensación de confort, con ahorros de entre el 20% y el 30% en el consumo eléctrico total del hogar durante el verano.

Las instalaciones automatizadas, con sensores que ajustan el toldo según la posición del sol, llegan a mostrar hasta un 25% de ahorro anual solo en climatización, sin que nadie tenga que estar pendiente de subirlo o bajarlo.

La diferencia de coste entre estos aparatos es, además, considerable. Un ventilador de techo consume alrededor de 35 W y cuesta cerca de 0,91 euros al mes usándolo ocho horas diarias. Un aire acondicionado de 3.000 W, en ese mismo uso, ronda los 78,48 euros mensuales. El toldo, en ese cálculo, es la única pieza que no suma nada a la factura.

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