Los carpinteros están cansados de repetirlo: esta espuma pulverizada en las rejillas inferiores de la fachada está provocando que el suelo superior se desplace
La humedad puede dañar suelo y madera si tapamos las rejillas inferiores de las fachadas
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Tapar un agujero por el que podrían entrar ratones con espuma expansiva parece una solución bastante lógica. El problema llega cuando ese hueco no es realmente un agujero, sino una de las rejillas que permiten ventilar la parte inferior de la vivienda. Cubrirlas puede impedir el paso de los roedores, pero también corta la circulación del aire. Y esto último es precisamente lo que preocupa a los carpinteros. Si la humedad comienza a acumularse bajo el suelo, las vigas y otros elementos de madera pueden acabar sufriendo las consecuencias.
El problema comienza con una situación bastante habitual. Aparecen ratones o señales de que algún roedor está entrando por las pequeñas aberturas de la parte inferior de la vivienda y la primera reacción es buscar la manera de cerrarlas. La espuma expansiva resulta casi siempre la primera opción ya que es barata, fácil de aplicar y en cuestión de minutos permite rellenar prácticamente cualquier hueco. Sin embargo, esas rejillas no están ahí por casualidad dado que su cometido es permitir que circule el aire por el espacio existente bajo el suelo. De este modo, si se rellenan completamente, se corta esa ventilación y la humedad puede empezar a acumularse así que los expertos recomiendan recurrir a otras soluciones como colocar una malla metálica fina detrás de las aberturas. De esta forma, el aire continúa pasando mientras que los animales encuentran una barrera física.
Los carpinteros alertan de poner espuma pulverizada en las rejillas inferiores de la fachada
En determinadas construcciones existe un espacio entre el terreno y el suelo de la vivienda cuya ventilación tiene una función fundamental ya que la circulación de aire ayuda a controlar la humedad procedente del terreno y evita que ésta permanezca atrapada alrededor de elementos estructurales. También es importante para reducir la concentración de gases como el radón cuando las características del inmueble lo requieren.
El problema aparece cuando esas condiciones cambian. Si el aire deja de renovarse, aumenta la humedad y materiales como la madera pueden permanecer mojados durante demasiado tiempo. Un dato sirve para entender el riesgo. Cuando la humedad relativa se mantiene por encima del 60% durante periodos prolongados, las condiciones empiezan a ser más favorables para el desarrollo de moho sobre determinados materiales orgánicos. Y es ahí donde un arreglo aparentemente inocente como tapar las rejillas con espuma pulverizada, puede hacer que empiecen a surgir problemas.
Las vigas y los paneles de madera son los primeros afectados
Los daños no tienen por qué ser visibles desde el interior de la vivienda en un primer momento. Eso hace que el problema pueda avanzar durante bastante tiempo antes de que el propietario sospeche que algo está ocurriendo. Las vigas, listones y paneles OSB situados en estas zonas son algunos de los elementos que pueden verse afectados cuando hay exceso de humedad.
Con el tiempo, la madera puede hincharse, deformarse o deteriorarse. Arriba, las señales pueden manifestarse en forma de un suelo que empieza a moverse, desnivelarse o deformarse. Y la situación se complica todavía más si aparecen hongos capaces de degradar la madera. Entre los problemas más temidos está la denominada podredumbre seca, que puede provocar daños importantes si encuentra las condiciones adecuadas para desarrollarse.
Las reparaciones entonces dejan de ser un pequeño trabajo de mantenimiento si tenemos en cuenta que los tratamientos para arreglar algunos de los problemas mencionados pueden situarse entre 3.000 y 15.000 euros, mientras que las intervenciones especialmente graves pueden superar los 30.000 euros, dependiendo de la extensión del daño y de los elementos que haya que sustituir.
Tapar una sola rejilla puede alterar la ventilación
No basta con dejar alguna abertura libre y cerrar el resto. La distribución y la superficie disponible para que circule el aire forman parte del diseño de estos espacios de modo que antes de tapar nada se debe consultar bien con un experto y que nos aconseje. Suele recomendar orientarse a partir de una proporción de 5 centímetros cuadrados de abertura por cada metro cuadrado de superficie, procurando que las entradas y salidas estén repartidas para favorecer la circulación del aire. Esto explica por qué bloquear una rejilla puede tener más importancia de la que parece. Si la ventilación disponible ya es ajustada, eliminar una de las entradas puede reducir todavía más el intercambio de aire.
Cómo impedir que entren ratones sin cerrar las rejillas
Si el objetivo es mantener alejados a los roedores, la solución pasa por proteger las aberturas, no por eliminarlas. Una malla metálica suficientemente fina puede colocarse detrás de las rejillas para impedir el paso de los animales sin bloquear el aire. También conviene revisar periódicamente estas zonas porque hojas, suciedad o polvo pueden terminar reduciendo la ventilación aunque nunca se haya utilizado espuma. Una limpieza anual con un cepillo o aspirador puede ser suficiente para mantenerlas despejadas.
Y cuando existe un problema de humedad persistente, la situación requiere algo más que abrir nuevamente las rejillas. Puede ser necesario estudiar la ventilación del espacio, comprobar el aislamiento y, en determinados casos, recurrir a ventilación mecánica con control de humedad. Lo importante es no confundir una abertura estructural con una grieta que hay que rellenar. Esas pequeñas rejillas situadas a ras de fachada pueden pasar desapercibidas, pero cumplen una función concreta. Taparlas para solucionar rápidamente un problema de ratones puede acabar creando otro mucho más caro bajo nuestros pies.
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