Ocultación de Marte en febrero: qué es, a qué hora verla y por qué es especial
Todo lo que necesitas saber para observar la ocultación de Marte en febrero de 2026.
Marte y la vida fuera de la Tierra
Hallazgo de playa en Marte
Incidente del rover en marte
Hay noches en las que uno levanta la vista y el cielo parece siempre el mismo. La Luna en su sitio, algunas estrellas conocidas y poco más. No obstante, de cuando en cuando pasa una cosa diferente, algo que fractura la rutina, que hace que mirar hacia arriba tenga un sentido especial, y en febrero tiene lugar una de esas cosas: la ocultación de Marte, un fenómeno astronómico al alcance de la comprensión y de la observación y que resulta bastante impactante cuando se sabe lo que se está observando.
No es un evento espectacular como la lluvia de meteoros intensa ni la del eclipse total, pero tiene el atractivo de ver cómo un planeta que desaparece tras la Luna en tiempo real. Literalmente. Un punto rojizo brillante se va acercando poco a poco hasta que, sin avisar, deja de verso. Eso ya de por sí engancha.
Ocultación
Para poder comenzar, hay que concretar qué es exactamente lo que se entiende como “ocultación”. En astronomía se denomina así el instante en el que un cuerpo celeste pasa por delante de otro determinado, taponándolo en el instante de ser observado desde un punto concreto que es, en este caso, desde la Tierra. Cuando esto ocurre, la actor principal pasa a ser la Luna, que se irá a cruzar justo por delante de Marte, tropezando con él durante unos cuantos minutos.
Este tipo de eventos no son tan corrientes como se pueda llegar a pensar, ya que la Luna recorre el cielo todos los meses y se acerca a la vista de muchos planetas distintos; pero las alineaciones ajenas exactas para una ocultación no se dan todos los años.
Por lo general, el proceso completo dura entre media hora y una hora.
Primero se nota cómo Marte se va acercando al borde de la Luna. Luego llega el instante clave: el planeta toca el disco lunar y desaparece. Después de unos minutos, vuelve a asomar por el lado contrario, como si nada hubiera pasado. Ese momento de desaparición suele ser el más impactante. No se va apagando poco a poco, sino que simplemente deja de verso. Para quien lo observa por primera vez, resulta bastante sorprendente.
El planeta Marte
Por eso, cuando toca una con Marte, conviene aprovecharla. Marte es uno de los planetas más fáciles de reconocer. Tiene ese tono rojizo tan característico que lo distingue enseñada del resto de puntos brillantes del cielo. Además, suele destacar bastante, incluso para personas que no tienen experiencia observando el firmamento. Eso hace que la ocultación sea accesible para casi cualquiera.
La fecha es en febrero, pero el momento exacto depende mucho de dónde se encuentre cada observador. En algunos lugares el fenómeno ocurre poco después de que anochezca; en otros, ya entrada la noche o incluso de madrugada. No todo el mundo ve lo mismo ni a la misma hora, y eso forma parte de la naturaleza de estos eventos.
Solo un poco de paciencia
Una de las mejores cosas de esta ocultación es que no hace falta equipo especial. Se puede ver perfectamente una simple vista si el cielo está despejado. Eso sí, contar con binoculares o un telescopio pequeño mejorará mucho la experiencia. Con ellos se aprecia mejor el contacto exacto entre Marte y la Luna, y el contraste entre ambos. No se trata de ver cráteres ni detalles del planeta, sino de seguir el movimiento con más precisión.
Nada complicado. Un abrigo, algo de paciencia y listo. Pero más allá de lo visual, ¿por qué este fenómeno es tan interesante? En parte, porque no ocurre a menudo. Las ocultaciones planetarias son relativamente raras y dependen de cálculos muy precisos. Cada vez que sucede una, se confirma lo bien que entendemos el movimiento de la Luna y de los planetas, pero también se abre la puerta a pequeños ajustes y mediciones más finas.
Desde el punto de vista científico, estos eventos tienen valor. Registrar con exactitud el momento en que Marte desaparece y reaparece permite afinar datos sobre órbitas y posiciones. Incluso pequeñas diferencias de segundos pueden aportar información útil. Pero no todo es ciencia pura. Hay algo mucho más humano en este tipo de observaciones.
Sensaciones, emociones
Más allá de la ciencia, está el componente emocional. Ver cómo un planeta entero se esfuma detrás de la Luna provoca una sensación difícil de describir. De pronto, el cielo deja de ser un fondo estático y se vuelve dinámico, activo, casi cercano. Es una manera directa de entender que vivimos en un sistema en constante movimiento. Este tipo de fenómenos también son una excelente excusa para compartir.
Observar el cielo en grupo, comentar lo que está pasando y esperar juntos el momento exacto genera una experiencia distinta, especialmente para quienes no suelen mirar hacia arriba con frecuencia. Para niños y jóvenes, puede ser incluso el inicio de un interés más profundo por la astronomía.
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