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¿Qué significa que tu bebé se de cabezazos durmiendo? Se trata del jactatio cápitis y tiene una lógica

Jactatio cápitis
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

¿Conoces el término jactatio cápitis? Según la Clínica Universidad de Navarra, se refiere al «movimiento rítmico y repetitivo de la cabeza que puede incluir oscilaciones hacia adelante y atrás, giros laterales o balanceos. Este fenómeno ocurre principalmente durante el sueño o en momentos previos al descanso, y se encuentra más frecuentemente en niños menores de cinco años. Aunque generalmente se considera benigno, en algunos casos puede ser señal de afecciones médicas o neurológicas». Este comportamiento, que normalmente se observa en niños durante el sueño, puede ser una etapa de desarrollo normal o estar asociado a trastornos del sueño.

En los más pequeños, la jactatio cápitis nocturna puede ser una parte natural del desarrollo neurológico y motor. Sin embargo, este comportamiento se puede intensificar en momentos de tensión emocional o estar relacionado con dificultades para conciliar el sueño. En raras ocasiones, puede ser un indicativo de trastornos del espectro autista o de epilepsia.

Jactatio cápitis nocturna en niños pequeños

«El sueño es un proceso complejo en el que intervienen factores biológicos, psicológicos y sociales. En las sociedades occidentales, el insomnio infantil es un motivo muy frecuente de consulta en Atención Primaria, ya que afecta aproximadamente a entre un 25% y un 30% de la población pediátrica de entre 6 meses y 5 años. En la mayoría de los casos, los factores sociales y psicológicos del entorno familiar, junto con los cambios propios del neurodesarrollo y la evolución natural del sueño, tienen más peso que posibles causas biológicas, que suelen ser menos habituales», explica el pediatra Ramón Ugarte Libano.

La jactatio capitis nocturna es una parasomnia que se caracteriza por la aparición de movimientos rítmicos e involuntarios durante el sueño, especialmente balanceos o golpeteos de la cabeza, aunque en algunos casos también puede implicar movimientos de todo el cuerpo. En determinadas ocasiones, estos episodios se acompañan de sonidos guturales o murmullos ininteligibles.

Se trata de una alteración del sueño en la que la persona no es consciente de lo que ocurre y no llega a despertarse durante los episodios. Estos movimientos suelen leves, aunque en algunos casos pueden ser más bruscos y provocar golpes o pequeñas lesiones. Cada episodio puede prolongarse alrededor de unos 15 minutos, con una frecuencia media de entre 60 y 70 movimientos por minuto.

Esta parasomnia aparece principalmente en la infancia, habitualmente entre los seis meses y los cuatro años de edad, siendo más frecuente entre los nueve meses y los dos años. Aunque lo habitual es que desaparezca con el crecimiento, en algunos casos puede persistir en la adolescencia e incluso en la edad adulta. Puede afectar tanto a niños como a niñas por igual.

En cuanto a sus causas, no se conocen con exactitud, aunque se han propuesto varias hipótesis. Entre ellas se encuentra la idea de que estos movimientos podrían ayudar a reducir la ansiedad, reproducir un patrón de balanceo que favorece la relajación o incluso proporcionar cierta sensación de gratificación que facilita la conciliación del sueño.

La jactatio capitis presenta una prevalencia aproximada del 1% en niños en edad preescolar. En cuanto a los avances en su evaluación, investigaciones recientes han desarrollado un sistema de análisis de vídeo en 3D para detectar y cuantificar los movimientos rítmicos característicos de este trastorno en niños. Ademças, el estudio introduce nuevos indicadores de gravedad, como el índice de movimiento rítmico, así como medidas de frecuencia y duración de los episodios.

Insomnio infantil

En España, alrededor del 17% de los niños acude a la escuela con falta de sueño y un 4% incluso llega a dormirse en clase. La situación es aún más preocupante entre los adolescentes: cerca del 52% reconoce dormir menos de ocho horas antes de ir a clase y el 84% tiene dificultades para despertarse. Muchos presentan el conocido «jet lag social», es decir, un desfase en los horarios de sueño durante el fin de semana de más de dos horas respecto a los días lectivos, lo que en un 24% de los casos se traduce en un peor rendimiento académico.

El informe FAROS de la Escuela de Salud San Juan de Dios de Barcelona detalla los efectos negativos de la falta de horas de sueño en los niños y adolescentes. En primer lugar, altera su proceso de crecimiento, ya que es durante el sueño, y principalmente durante el sueño profundo, cuando aumenta la secreción de la hormona del crecimiento. Por otro lado, disminuye la función del sistema inmunitario y, por ende,  predispone a presentar más infecciones y enfermedades autoinmunes.

Asimismo, la falta de sueño incide negativamente en el desarrollo emocional. Durante el sueño se segregan proteínas y hormonas que ayudan a madurar el sistema nervioso y favorecen el desarrollo neuronal. Una mala calidad del sueño durante los primeros años de vida aumenta el riesgo de sufrir enfermedades mentales en un futuro. A su vez, el déficit crónico de sueño aumenta los niveles matutinos de cortisol y colesterol, y hace que el niño se muestre más activo.

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