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Sanchadas y sus consecuencias

Pedro Sánchez y el sanchismo iniciaron su «marchemos francamente y yo el primero por la senda prostitucional» con el cambio de urnas con las que intentó ganar el Comité Federal de 2016. Lo que vino después lo hemos sufrido durante diez años; de forma más directa y demoledora desde el 1 de junio de 2018, tras derrotar en una fraudulenta moción de censura a un señor que dice llamarse Mariano Rajoy y lo que quieran. El personaje nos habla ahora del derecho internacional mientras viola cuando le interesa cualquier norma constitucional.

No voy a recitar la inacabable lista de despropósitos y transgresiones de las más elementales reglas democráticas. Desde incumplir preceptos constitucionales a someterse a delincuentes, terroristas y separatistas al precio que exijan con tal de seguir un día más en la Moncloa.

Las tropelías de aquí las conocemos muy bien, pero hay otras en el exterior que no pueden pasar desapercibidas. En política internacional, a pesar de sus 265 viajes de Estado por Europa y allende los mares, algunos como la huida de España por sus tribulaciones por su corrupción esférica, otros como la Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC) o cumbres de la OTAN, nos sitúan en el descrédito internacional.

No estamos ni cuentan con nosotros, se mueve como un apestado. El NO a la guerra o el enfrentamiento con Trump como gancho electoralista son notorios y productivos, pero me temo que traerán serios problemas y entonces diremos eso de aquellos polvos estos lodos. Prohibir vuelos a un aliado en guerra o no mandar fragatas para despliegues aliados es lícito pero demuestra que no se es un buen aliado. Sorprendentemente, sí manda una corbeta para proteger flotillas de progresistas titiriteros para molestar a Israel en una guerra de supervivencia y réplica al peor ataque terrorista sufrido en toda su historia.

Esta fallida realpolitik, propia de un politicastro, la acrecienta con su reciente cumbre progresista celebrada en Barcelona este abril, que contó con la participación de mandatarios de la izquierda latinoamericana; algunos de «la extrema izquierda bolivariana» y otros líderes de la «izquierda corrupta», a la vez que en la capital de España se rendía un imponente homenaje a María Corina Machado, admirable mujer que lucha para que Venezuela vuelva por la senda democrática. Dos situaciones diametralmente opuestas, P. Sánchez destruye, M.C. Machado construye.

Hay que resaltar la falta de compromiso o ineptitud de Pedro Sánchez en temas relacionados con la seguridad y defensa, especialmente con los EEUU, al limitar el Gobierno de España el uso de las bases de Morón y Rota en su guerra con Irán. Este claro desencuentro ha provocado que el Pentágono recomiende la suspensión de España de la Alianza Atlántica. Esta insinuación no pasa de ser una advertencia ya que las cosas no funcionan así, puesto que el Tratado Fundacional de la OTAN no contempla esta posibilidad. Es evidente que las decisiones en la Alianza se toman por unanimidad y es prácticamente imposible que saliera adelante.

Otra cosa es que esta deslealtad tenga en su momento un castigo. Recordemos el infantil gesto de Rodríguez Zapatero al no levantarse en un desfile militar en Madrid al paso de la bandera norteamericana. Hay gestos en política que nos hacen pensar, maldita la hora en que se cometieron, porque en cualquier momento podremos sufrir una penalización, que luego puede recaer en nosotros más que en el negligente y corrupto Gobierno de España.

En términos populares, hemos comprado muchas papeletas para que nos den un coscorrón, imposición de tasas, movimientos políticos a favor de incómodos vecinos, aislamiento estratégico y un largo repertorio, como reducir corrientes logísticas o tecnológicas que nos debilitarían más. No tengo al presidente Trump por alocado, sí como poco aplicado a ser políticamente correcto o con la moderación verbal. Nos gustaría que el presidente Trump recordara que hace 250 años el Reino de España fue decisivo para la independencia de los Estados Unidos, con personajes como Bernardo de Gálvez, Francisco de Saavedra, Diego de Gardoqui, Luis de Unzaga, los Franciscanos o el propio Rey Carlos III.

Estos extraordinarios españoles son los que ahora nos hacen falta; los hay, pero desgraciadamente lejos del gobierno o del criminal sanchismo. Tal vez era cierta la frase atribuida al canciller alemán Otto von Bismark, cuando dijo: «Estoy firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos tratando de destruirse a sí misma y todavía no lo ha conseguido». Me temo que Pedro Sánchez y su banda criminal estén a punto de conseguirlo. Hagamos todo lo posible para provocar unas elecciones generales cuanto antes.