Mallorca Chamber Music Festival: obras de juventud interpretadas con exquisito brío
Se acerca el momento de hacer balance de la primera edición de Mallorca Chamber Music Festival, más si cabe una vez finalizada la que podríamos llamar sección oficial, es decir, los conciertos del 3, 4 y 5 de septiembre en la sala Mozart del Auditórium de Palma con el despliegue en dos fechas de los once músicos emergentes y dedicando la del día 4 al Trío Moment, en el que se reúne el núcleo duro del ramillete de jóvenes valores: Joan López de Soria (violín), Fabiola Sebastián (chelo) y Javier Moyà (piano). Y puestos a elegir, me decidí por el tercero de los conciertos, aunque debería haber ido igualmente el 4 por ser el Trío Moment la referencia exclusiva.
El 3 y 5 de septiembre, el programa elegido venía a distribuir al conjunto de los once en las dos partes, eligiendo para ello obras ad hoc. Exquisita elección. Para el sábado 5 de septiembre se habían elegido dos obras de juventud, en mi opinión con gran acierto: el Quinteto La Trucha, compuesto en 1819, cuando Franz Schubert era un joven de 22 años, y el Octeto de Cuerdas (1825), siendo Felix Mendelssohn un adolescente de apenas 16 años.
El resultado no podía ser otro: unas obras de juventud interpretadas con brío, con exquisito vigor; prueba evidente de estar ante jóvenes emergentes que ponían en valor su más que evidente excelencia artística.
Ambas piezas están consideradas entre insólitas, precoces, incluso audaces. En la primera parte se interpretó el Quinteto La Trucha, interviniendo en escena Javier Moyà al piano, Joan López de Soria al violín, Jordi Romero a la viola, Pablo Figueras al contrabajo –en sustitución del segundo violín– y Jairo Rodríguez al chelo. Schubert no solamente planteaba una formación insólita al introducir el contrabajo, sino que al mismo tiempo rompía con la regla clásica de tres movimientos, incorporando un cuarto bloque dedicado a una serie de variaciones a partir de la melodía de su lieder, Die Forelle. El piano juega aquí un papel protagonista, llamándome la atención la gran autoridad de los cinco emergentes en el desarrollo de sus papeles.
Para la segunda parte, con el Octeto de Cuerdas, Opus 20, repitieron Joan López de Soria, Jairo Rodríguez y Pablo Figueras, sumándose el quinteto restante de jóvenes emergentes, con un papel sobresaliente de la violinista Almudena Quintanilla. El resto inédito de la formación con los violines de Manuel Pérez y Miguel Ángel Guerrero, en violas Laura Torralba e Ignacio Fernández, y cerrando el cuadro Fabiola Sebastián al chelo. Y una vez más, sumergidos en un gratificante baño de energía sonora y total compromiso.
Especialmente interesante la segunda parte por sus aires revolucionarios, motivados por la mente intrépida del adolescente Mendelssohn. Se da por bastante probable que se inspirase en el Doble Cuarteto nº 1, Opus 65 de Louis Spohr, fechado en 1823, dos años antes de que Felix Mendelssohn se embarcase en su octeto de cuerdas –en realidad, doble cuarteto de cuerdas–, que se diferenciaba de la idea de Spohr en que ambos cuartetos sonasen de manera conjunta, al contrario de la idea de Spohr, que consistía en un juego de enfrentamientos, incluso situándose ambos cuartetos en los extremos del escenario. En la partitura, Mendelssohn lo dejaba claro: «Este octeto debe ser interpretado por todos los instrumentos en estilo orquestal sinfónico».
Nótese lo de todos, en contraposición a cuartetos enfrentados de Spohr. Casualidad o consecuencia directa, lo cierto es que a partir de 1833 los dos últimos dobles cuartetos de Louis Spohr ya tienden a la unificación; todo sucediendo en unos momentos en que los cuartetos de cuerda jugaban un papel esencial en los juegos evolutivos de la música de cámara.
Como resumen, repetiré lo ya dicho: fueron obras de juventud, interpretadas con un brío explosivo que solamente es posible cuando la excelencia forma parte del proceso de formación en intérpretes con ambición de trascender. Enhorabuena a Joan López de Soria por creer y defender esta iniciativa.