El 12 de septiembre Mallorca recuerda quién es

El 12 de septiembre Mallorca recuerda quién es

Los pueblos que olvidan su historia terminan aceptando la historia que otros escriben para ellos. Y pocas cosas han resultado tan eficaces para transformar una sociedad como convencerla de que su pasado comienza exactamente donde interesa al relato político del presente.

Por eso el 12 de septiembre importa.

Ese día, en 1276, Jaume II juró la Carta de Privilegis i Franqueses del Reino de Mallorca. No estamos ante una fecha inventada recientemente para satisfacer las necesidades de Vox, sino ante un acontecimiento arraigado en nuestra historia. Recuperarlo como Diada de Mallorca significa devolver a los mallorquines una referencia que les pertenece.

Porque Mallorca tiene historia. Mucha. Y no necesita que nadie se la fabrique.

Durante décadas, sin embargo, hemos asistido al intento de convertir la identidad mallorquina en patrimonio de una determinada ideología. El separatismo catalanista en Baleares comprendió hace tiempo que dominar los símbolos, las palabras y las celebraciones era también una forma de dominar el relato. Así fue construyéndose una identidad oficial en la que parecía que para ser buen mallorquín había que aceptar previamente una determinada concepción de la lengua, de la cultura y, sobre todo, de España.

Pero la historia tiene la desagradable costumbre de complicar los relatos demasiado sencillos.

Mallorca posee una personalidad propia precisamente porque no nació ayer. Sus pueblos, sus tradiciones, sus iglesias, su patrimonio y hasta nuestra forma cotidiana de entender la vida hablan de generaciones que nunca necesitaron negar su pertenencia a España para sentirse profundamente mallorquinas.

No existe contradicción alguna entre ambas cosas.

Se puede amar Mallorca sin convertir ese amor en separatismo. Se puede defender nuestra cultura sin utilizarla contra quienes hablan español. Se pueden proteger nuestras tradiciones sin transformarlas en instrumentos políticos. Y se puede reivindicar nuestra identidad sin inventar enemigos exteriores que justifiquen proyectos identitarios.

Este año se cumplen además cien años del estreno público de una versión musicada de La Balanguera. Es parte de nuestro patrimonio cultural y merece ser recordada. Pero ninguna canción, por estimada que sea, puede convertirse en certificado de autenticidad mallorquina. Las sociedades son siempre mucho más antiguas, complejas y libres que los símbolos que las instituciones escogen para representarlas.

Y quizá esa sea la cuestión fundamental de este 12 de septiembre.

La identidad no debería servir para dividir a los mallorquines entre auténticos y sospechosos. Tampoco para levantar una pequeña frontera sentimental frente al resto de España. Debería servir para conservar aquello que recibimos y entregarlo a quienes vienen detrás.

Porque una tierra que renuncia a su pasado acaba siendo extraordinariamente fácil de moldear.

Este 12 de septiembre conviene recordar que Mallorca no necesita ser reinventada. Necesita ser conocida, protegida y transmitida.

Mallorca tiene raíces propias, una historia secular y una personalidad inconfundible. Y ninguna de ellas deja de ser española.

  • David Gil de Paz es portavoz adjunto de Vox en el Consell de Mallorca.

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