Origen e historia de la Feria de Abril

La Feria de Abril 2026 arranca en apenas unas horas en Sevilla, pero tal vez no sabes que en realidad, esta feria no empezó como una fiesta. Ni siquiera como algo parecido a lo que hoy entendemos cuando pensamos en lo que representa, ya que lo que ahora es una semana de casetas, farolillos y música fue, en su origen, fue un mercado de ganado. Y lo cierto es que tiene sentido si se mira el contexto, porque a mediados del siglo XIX Sevilla necesitaba moverse, atraer actividad y recuperar pulso económico tras años complicados.
En tiempos, Sevilla no era la ciudad próspera de otros tiempos y hacía falta generar negocio, traer gente, activar la economía. El origen de la Feria de Abril nace ahí, en ese punto concreto, no como una tradición folclórica sino como una solución bastante práctica, aunque con el tiempo acabaría convirtiéndose en todo lo contrario. Luego pasó lo que suele pasar en Sevilla: la gente la hizo suya y la cambió, pero lo cierto es que hubo una feria antes, mucho antes, y ese detalle es importante para entenderlo todo.
Origen e historia de la Feria de Abril
En 1254, el rey Alfonso X el Sabio permitió que la ciudad celebrara dos ferias al año. Aquello era comercio puro, sin adornos, con ganado y productos del campo como protagonistas. Era útil, no festivo, y servía para dinamizar la economía en una época en la que estos encuentros eran clave.
Con el paso del tiempo, esas ferias se fueron perdiendo, como tantas otras tradiciones, pero la idea quedó ahí, flotando, esperando otra oportunidad, algo que terminaría ocurriendo siglos después cuando la situación de la ciudad volvió a exigir soluciones.
El cambio en el Siglo XIX para una ciudad que necesitaba reaccionar
Esa oportunidad llegó en el siglo XIX, cuando Sevilla atravesaba un periodo complicado. Había perdido peso económico, arrastraba problemas desde hacía décadas y, aunque seguía siendo una ciudad importante, ya no tenía el mismo protagonismo de antes.
En ese escenario aparecen dos nombres clave: José María Ybarra y Narciso Bonaplata, que impulsaron la idea de organizar una feria en abril con un objetivo muy claro: atraer ganaderos, facilitar ventas y generar movimiento económico. No buscaban crear una fiesta, ni mucho menos. Era sólo comercio y algo sencillo, pero lo cierto es que acabó evolucionando mucho más allá de lo previsto.
1847: el nacimiento de la Feria de Abril
La propuesta salió adelante y además contó con el respaldo de Isabel II, que firmó el decreto en 1847. Ese mismo año se celebró la primera Feria de Abril en el Prado de San Sebastián, del 18 al 20 de abril, con apenas 19 casetas y un claro enfoque ganadero. Todo giraba en torno a la compra y venta de animales, con un ambiente más cercano al campo que a una celebración. Hasta ahí, todo dentro de lo previsto. Lo que no estaba previsto era lo otro. Porque la gente empezó a ir, y no sólo los que tenían que comprar o vender, sino también curiosos, vecinos, familias enteras, por lo que comenzó a generarse otro ambiente.
Cuando la fiesta empezó a imponerse
Ese ambiente, que al principio parecía algo secundario, fue creciendo rápidamente. Al año siguiente ya se notaba y no precisamente para bien, según los organizadores, porque los comerciantes empezaron a quejarse de que los bailes y el bullicio dificultaban cerrar tratos. Y la cosa fue a más. De hecho partir de ahí, el cambio fue progresivo, con casetas que dejaron de ser solo espacios para negociar y pasaron a convertirse en lugares de encuentro.
Se añadieron puestos de comida, atracciones y música, y la feria empezó a parecer otra cosa. Nadie lo diseñó así, simplemente ocurrió, y durante décadas convivieron la parte comercial y la festiva, aunque esta última fue ganando terreno poco a poco.
El traslado y la Feria actual
Durante más de un siglo, la Feria se celebró en el Prado de San Sebastián, pero Sevilla crecía y ese espacio se quedó pequeño. No había forma de encajar todo aquello allí, así que en 1973 se tomó la decisión de trasladarla al barrio de Los Remedios. Ese cambio fue clave, porque permitió ampliar el recinto, organizar mejor las calles y aumentar el número de casetas, consolidando la Feria como un evento masivo y perfectamente estructurado.
Pero desde que comenzara de una manera más parecida a como la conocemos hoy, la Feria de Abril nunca ha sido algo fijo. Ha cambiado de duración, de fechas y de normas, adaptándose a cada momento, incluso atravesando periodos en los que no se celebró, como durante la Guerra Civil o la pandemia. En 2026, por ejemplo, se mantiene el formato de seis días, del 21 al 26 de abril, con la noche del pescaíto mañana día 20, un detalle que conecta con su tradición más reconocible.
Al final, lo más interesante de la Feria de Abril no es sólo su origen, sino cómo ha evolucionado. No responde a un plan cerrado ni a una tradición inamovible, sino que es el resultado de lo que la gente ha ido haciendo con ella a lo largo del tiempo.