Sánchez tampoco vale como pitoniso: “La respuesta de los andaluces el 2-D no le va a gustar, señor Casado”

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Pedro Sánchez sufrió la pasada semana la maldición de ‘Francocamon’ -término acuñado por Federico Jiménez Losantos– al vaticinar que los andaluces aplicarían un serio correctivo electoral al PP de Pablo Casado: “La respuesta que le van a dar el próximo 2-D los andaluces y las andaluzas, ya le adelanto señor Casado, no le va a gustar”.

El presidente del Gobierno se mostraba así de seguro de un gran triunfo socialista en los comicios andaluces, y un severo castigo para el PP de Pablo Casado, un Partido Popular renovado pese a contar con el mismo candidato a ocupar el Palacio de San Telmo que con Mariano Rajoy.

Pero el vuelco electoral y el chasco se lo ha terminado por llevar Pedro Sánchez. Los andaluces y las andaluzas han hablado. Primero, con un importante bajonazo en el dato de participación. La desmotivación en el ala izquierdista y el agotamiento por tanta corrupción, inmigración ilegal y paro, han provocado que los otrora votantes del PSOE de toda la vida se han quedado en sus casas.

Resultado: trastazo sin paliativo de Susana Díaz, la más que enemiga de Sánchez en Ferraz. Caída del PP andaluz que se mantiene como segunda fuerza política en Andalucía. Explosión de Ciudadanos, que ha pescado escaños a uno y otro lazo. Y, por último, pero no menos importante. La irrupción de VOX en el Parlamento andaluz con nada menos que 12 diputados.

Ni Tezanos, ni los más optimistas especialistas en demoscopia se habrían imaginado un escenario en el que las fuerzas de centroderecha sumaran la mayoría suficiente para desalojar del Palacio de San Telmo a los socialista, poder hegemónico en Andalucía durante 40 años.

Sánchez ha quedado en evidencia. El resultado de las andaluzas es una enmienda a su llegada a La Moncloa, el apoyo que recibe de golpistas y proetarras, y a la desfachatez de gobernar con un Ejecutivo plagado de ministros manchados por numerosas irregularidades.

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