La isla más grande de Cataluña es un tesoro desconocido que está a punto de desaparecer en mitad de un río
La isla de Buda, considerada la isla más grande de Cataluña, sigue siendo un enclave prácticamente desconocido para la gran mayoría.
Su tranquilidad es engañosa, ya que este espacio natural se encuentra en una situación límite y podría desaparecer en apenas unos años si no se actúa con urgencia, tal y como advierten los investigadores.
La isla más grande de Cataluña en peligro: la isla de Buda pierde terreno cada año
La isla de Buda atraviesa un proceso de regresión constante que amenaza su propia existencia. Según el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias de Cataluña (IRTA), la línea de costa retrocede más de 10 metros al año, una cifra alarmante.
El problema principal radica en la falta de sedimentos. Antes de la construcción de los pantanos de Riba-roja y Mequinenza, el río Ebro aportaba cerca de 20 millones de toneladas anuales al delta. Actualmente, esa cifra ha caído hasta unas 90.000 toneladas, lo que impide frenar la erosión.
Como consecuencia, el mar avanza, destruye playas y provoca la salinización de los acuíferos, afectando directamente a los cultivos de arroz.
La isla de Buda y su biodiversidad única: el refugio de aves más importante del Delta del Ebro
Pese a su fragilidad, la isla de Buda sigue siendo uno de los mayores tesoros ecológicos de Cataluña. Según datos de la web oficial de la isla, este enclave concentra aproximadamente el 50% de las aves del Delta del Ebro en solo el 3% de su superficie.
Se han registrado más de 350 especies distintas, lo que convierte a este espacio en un punto clave para la biodiversidad europea. Entre ellas destacan el morito, la garceta grande y numerosas aves migratorias.
Sin embargo, episodios extremos como el temporal Gloria aceleraron el deterioro ambiental, dañando hábitats esenciales y afectando a especies vulnerables como la nacra, además de perjudicar los cultivos de arroz tradicionales.
Historia de la isla de Buda: del esplendor de los «buderos» a un territorio en regresión
La isla de Buda también posee un importante legado histórico. En el siglo XIX llegó a albergar una población de unas 450 personas, conocidas como «buderos», que vivían principalmente de la agricultura y la pesca, según informa Escapada Rural.
La isla contaba con servicios básicos como escuela e iglesia, y su actividad giraba en torno a una gran masía central. Con el paso del tiempo y el avance del mar, este modo de vida desapareció casi por completo.
Uno de los símbolos más representativos de esta transformación es el antiguo faro de Buda. Esta estructura metálica, que alcanzaba los 53 metros de altura, terminó quedando en desuso y hoy permanece sumergida bajo el mar, a varios kilómetros de la costa actual.
Cómo salvar la isla de Buda en Cataluña
La supervivencia de la isla de Buda depende de una intervención urgente. Los expertos del IRTA señalan que es imprescindible restaurar el transporte de sedimentos del río Ebro.
El proyecto Life Ebro Admiclim propone movilizar al menos 1,2 millones de toneladas de sedimentos al año para frenar la regresión del delta. Esta medida permitiría recuperar parte del equilibrio natural y proteger tanto el ecosistema como las actividades económicas de la zona.
La desaparición de la isla no solo supondría una pérdida ambiental irreparable, sino también un impacto directo en el turismo, la agricultura y la seguridad del litoral. La isla de Buda se ha convertido así en un ejemplo claro de la fragilidad del entorno natural frente a la acción humana.