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Cinco cosas que nunca deberías contarle a una IA, por mucho que te lo ponga fácil

  • Nacho Grosso
  • Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.

Preguntarle a ChatGPT, Gemini o Claude por una duda cotidiana se ha vuelto tan normal como buscar en Google. El problema aparece cuando esa duda cotidiana lleva pegado un número de cuenta, un diagnóstico médico o una foto del DNI. La Agencia Española de Protección de Datos publicó el pasado 27 de enero de 2026 un decálogo, titulado con el juego de palabras «Cuidado con lo que le confIAs», precisamente para recordar que esas conversaciones no desaparecen sin dejar rastro.

El número de cuenta que tu chatbot no necesita conocer

Pedirle a una IA que revise una hipoteca, calcule impuestos o interprete un extracto bancario es uno de los usos más habituales, y también uno de los más arriesgados si se hace pegando el documento tal cual. La AEPD incluye los datos financieros entre la información sensible que conviene mantener alejada de estas herramientas, junto a los detalles médicos, contractuales o de localización.

En marzo de 2023, un fallo interno de OpenAI dejó a la vista datos de pago y fragmentos de conversaciones de otros usuarios de ChatGPT Plus, una prueba de que la información introducida no queda tan blindada como parece.

La forma de aprovechar la ayuda sin exponer nada es sustituir los datos reales por cifras inventadas, o plantear la pregunta en términos generales, del tipo «¿cómo se calculan los tramos del IRPF?» en vez de pegar la nómina completa con nombre, DNI y salario.

Captura: Nacho Grosso

Síntomas que es mejor no firmar con nombre y apellidos

Los mismos chatbots que ayudan a entender un informe médico en lenguaje sencillo no ofrecen ninguna garantía de secreto profesional. La AEPD sitúa los datos de salud entre la información que nunca debería compartirse sin anonimizar antes, y recomienda plantear casos ficticios en lugar de historiales reales. La alternativa práctica es describir los síntomas o el informe sin nombre, edad exacta ni número de historia clínica, y dejar que sea el médico, no el chatbot, quien ponga el diagnóstico definitivo.

El DNI que ninguna IA debería ver nunca

Subir una foto del DNI, el pasaporte o la tarjeta de residencia para que una IA rellene un formulario o traduzca un documento es cómodo, pero convierte esa imagen en un archivo alojado en los servidores del proveedor. La AEPD es especialmente tajante con las fotografías de terceros, sobre todo de menores, y advierte de que usarlas sin permiso puede constituir una infracción de protección de datos o incluso un delito.

Cuando el trámite realmente necesita esos datos, conviene tapar el número de documento con un editor de imagen antes de subir la foto, o directamente transcribir a mano los campos que hagan falta.

El código que Samsung aprendió a no compartir por las malas

En 2023, varios ingenieros de Samsung pegaron código fuente confidencial en ChatGPT para depurar errores y resumir actas internas, sin saber que ese contenido pasaba a formar parte de los servidores de OpenAI. La compañía prohibió el uso de chatbots generativos entre su plantilla poco después, un caso que se sigue citando como ejemplo de lo fácil que es filtrar propiedad intelectual sin darse cuenta.

Las empresas que necesitan trabajar con documentos internos suelen recurrir a planes empresariales con retención de datos reducida, o directamente a modelos que se ejecutan en sus propios servidores, para que la información no salga nunca de su infraestructura.

La huella dactilar no tiene botón de deshacer

Ninguna tarea legítima exige escribir una contraseña, un código de verificación en dos pasos o subir una foto del rostro para entrenar un asistente. Los datos biométricos tienen una particularidad que los hace más delicados que una contraseña, si se filtran no hay manera de cambiarlos, así que conviene protegerlos con más cuidado todavía.

Cuando una IA integrada en el móvil pide acceso a la cámara o al micrófono para una función concreta, merece la pena comprobar si ese procesamiento ocurre en el propio dispositivo, como promete Apple con su sistema Private Cloud Compute o Google con los modelos Gemini Nano que corren de forma local en los Pixel, en vez de enviarse a un servidor externo.

El modo invisible que cada IA tiene

Las tres grandes IAs conversacionales ofrecen ya una vía para hablar sin dejar rastro en el historial. ChatGPT permite activar un chat temporal que no entrena los modelos ni aparece en las conversaciones guardadas, aunque OpenAI conserva una copia durante un máximo de 30 días por motivos legales. Gemini tiene su propia versión, limitada a 72 horas de conservación y sin ningún uso para personalización ni entrenamiento. Claude, por su parte, incorporó los chats de incógnito para todos los usuarios, sin distinción de plan de pago, y tampoco los guarda en el historial ni en la memoria del asistente.

Para quien maneja documentos verdaderamente confidenciales de forma habitual, la opción más radical es prescindir de la nube directamente. Herramientas como Ollama o LM Studio permiten descargar un modelo de lenguaje y ejecutarlo en el propio ordenador, sin conexión a internet y sin que ningún dato salga de la máquina, algo que ya usan profesionales que trabajan con información sensible a diario.

Por eso, pensarlo dos veces antes de pulsar enviar sigue siendo la medida más sencilla, y la única que no depende de la política de privacidad de cada empresa.