La psicología dice que los niños que nacieron entre 1955 y 1978 no crecieron más fuertes por recibir una mejor crianza, sino porque aprendieron a gestionar solos sus emociones

Cada generación vive de forma distinta, los boomers y los X, en este caso, tuvieron una infancia bien distinta

La socialización de esta generación se construyó en espacios físicos: patios de colegio, calles, plazas

La psicología dice que los niños que nacieron entre 1955 y 1978 no crecieron más fuertes por recibir una mejor crianza, sino porque aprendieron a gestionar solos sus emociones

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Cada generación vive de forma distinta, los boomers y los X, en este caso, tuvieron una infancia bien distinta a las generaciones posteriores, algo más dominados por las nuevas tecnologías desde que nacieron. Por ello los niños que nacieron entre 1955 y 1978 no crecieron más fuertes por recibir una mejor crianza, aprendieron a gestionar ellos mismos sus emociones.

De hecho, las emociones en aquella época no centraban la vida de los niños. Si alguien tenía un problema se escondía o se decía que “hay mucha tontería, hay que seguir adelante”. Quien iba al psicólogo no estaba bien visto y no había un control de las emociones como puede suceder ahora. Por todo ello estos niños crecieron con mayor independencia en todos los sentidos, desde la emocional a la educativa, social, y para uno mismo.

Cómo son los que nacieron entre 1955 y 1978: gestionaron solos sus emociones

Sistema educativo

Este aprendizaje temprano ha dejado una huella que aún hoy se percibe en su forma de relacionarse con los demás. Entre los factores están entonces una educación basada en la autosuficiencia. Pues tuvieron un modelo educativo que predominaba en aquellas décadas algo rígido donde se escondían  los sentimientos, como explica un video publicado por el perfil de YouTube PsicoPepe.

Máximas habilidades sociales

La socialización de esta generación se construyó en espacios físicos: patios de colegio, calles, plazas y reuniones familiares frecuentes. Esto favoreció el desarrollo de habilidades comunicativas directas, capacidad de escucha y una mayor tolerancia a la frustración en las relaciones interpersonales. Saben gestionar conflictos sin recurrir de inmediato a la mediación tecnológica y están acostumbrados a construir vínculos duraderos.

De lo analógico a lo digital

Hay que pensar que esta generación pasaron de vivir siempre en un entorno analógico a uno digital. Por esto se adaptan bien a los distintos cambios, aunque a algunas personas boomers y X les cueste más y no acepten que las cosas son distintas a las de antes.

Comprenden el valor de la tradición, pero también han aprendido a integrarse en la modernidad digital. Esta doble mirada les permite enseñar a los más jóvenes la importancia de la paciencia, la perseverancia y la responsabilidad, sin quedar al margen de los avances tecnológicos.

Gran fortaleza

En el plano emocional, suelen mostrar una gran fortaleza interna. No porque no sientan miedo o inseguridad, sino porque aprendieron a convivir con ellos. La cultura de la época no fomentaba la expresión abierta de las emociones, lo que desarrolló una mayor capacidad de autocontrol y de contención en situaciones de estrés.

En el trabajo: las emociones

En el ámbito profesional, las personas nacidas en los 60 y 70, que realmente abarca un gran flujo de la población actual, suelen mostrar una notable lealtad hacia las organizaciones. Para ellos, el trabajo no es solo una fuente de ingresos, sino también un espacio de identidad y pertenencia.

Se formaron en entornos donde el esfuerzo sostenido era premiado y donde la promoción interna se concebía como un objetivo realista. Esto dio lugar a perfiles responsables, comprometidos y con una alta tolerancia a la frustración. Realizaban más horas que los que están acostumbrados los más jóvenes actualmente y aunque la jornada acababa, no estaba bien visto irse el primero.

Otra fortaleza clave es su capacidad de liderazgo sereno. A diferencia de generaciones más jóvenes, que han crecido en entornos más cambiantes, quienes nacieron en los años 60 y 70 tienden a tomar decisiones de manera reflexiva. Analizan riesgos, consultan a su entorno y priorizan la estabilidad del equipo.

Autosuficiencia

Otro aspecto que explica que los nacidos hasta 1978 gestionaron solos sus emociones es el llamado peso cultural de “aguantar”. Tanto en el entorno laboral y familiar se valoraba especialmente la capacidad de soportar dificultades sin quejarse demasiado. Frases como “ya se pasará” o “cada uno tiene que arreglárselas” formaban parte del lenguaje habitual.

Esta mentalidad se trasladó también al ámbito emocional. En muchos casos, expresar inseguridad o pedir apoyo no era algo común. Las conversaciones sobre salud mental o sobre vulnerabilidad personal prácticamente no existían en la vida cotidiana.

La resiliencia

Por el hecho de ver cambios uno tras otro, tienen una gran resiliencia que suelen usar ante cantidad de problemas algo más banales.

Como son personas que han atravesado crisis económicas, cambios políticos y sociales importantes tienen fortalezas mentales nunca antes vistas por generaciones jóvenes. Además, se adaptan a la tolerancia a la frustración y en aquella capacidad para seguir adelante. Se levantan y siguen porque lo han hecho durante años en su vida.

 

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