Salud

Los oftalmólogos instan a no meter la cabeza bajo el agua del mar este verano por riesgo a sufrir una infección ocular

Infección ocular
Infección ocular (AI).
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

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Con la llegada del verano, los oftalmólogos insisten en una advertencia que muchas personas desconocen: bañarse con lentes de contacto puede favorecer la aparición de infecciones oculares graves e, incluso, provocar daños permanentes en la visión. Esto se aplica no sólo a playas, piscinas, ríos y lagos, sino también a la ducha. Uno de los principales riesgos es la queratitis por Acanthamoeba, una infección corneal poco frecuente causada por una ameba microscópica presente en diversos entornos acuáticos. Aunque su incidencia es baja, la mayoría de los casos se dan en usuarios de lentes de contacto.

«Cada verano vemos pacientes que desconocen que entrar en el agua con lentillas puede convertirse en un problema serio para la salud ocular. Es un hábito más frecuente de lo que pensamos y, sin embargo, completamente evitable», explica la doctora Paloma Martínez de Carneros, especialista y directora de la Clínica Martínez de Carneros, según recoge IM Ópticas. ¿El motivo? Microorganismos presentes en el agua pueden adherirse a las lentes de contacto y aumentar el riesgo de infección.

Los peligros de bañarse con las lentes de contacto

Ducharse con lentillas puede incrementar de forma considerable el riesgo de desarrollar infecciones oculares, entre ellas la queratitis. El motivo es que el agua, aunque sea potable, no es estéril y puede contener microorganismos como la Acanthamoeba, un parásito capaz de infectar la córnea. Estas infecciones, si no se detectan a tiempo, pueden llegar a afectar de manera permanente a la visión. Además, las lentes de contacto pueden retener microorganismos presentes en el agua, facilitando que bacterias o parásitos alcancen la córnea y provoquen molestias como dolor, enrojecimiento, sensibilidad a la luz o visión borrosa.

Por otro lado, el agua de la ducha, junto con el vapor y los productos de higiene como champús o geles, puede irritar los ojos, sobre todo cuando se llevan lentillas, ya que éstas alteran el equilibrio de la película lagrimal. Teniendo esto en cuenta, los oftalmólogos advierten de que ducharse con lentillas favorece la aparición de molestias como escozor, sensación de cuerpo extraño o enrojecimiento.

A ello se suma el «efecto del vapor caliente», que favorece la evaporación de la lágrima natural. Como resultado, los ojos pueden sentirse más secos e irritados, especialmente en personas con sensibilidad ocular o con antecedentes de ojo seco. Finalmente, en lo que respecta a las propias lentillas, el contacto con el agua puede modificar ligeramente su estructura o su ajuste sobre la córnea, aumentando la posibilidad de que provoquen rozaduras o molestias.

Asimismo, los minerales presentes en el agua pueden depositarse sobre la superficie de las lentillas, disminuyendo su transparencia y afectando a la calidad de la visión, y la exposición continuada a sustancias utilizadas para tratar el agua, como el cloro, puede deteriorar progresivamente el material de las lentes de contacto.

Principales recomendaciones

La medida más recomendable es retirar siempre las lentes de contacto antes de entrar en la ducha. De esta forma se evita que entren en contacto con el agua y con los microorganismos que puedan estar presentes. Además, también se reduce la exposición a sustancias como el cloro o a los productos de higiene personal, que pueden provocar irritación ocular.

Si por alguna razón te has duchado con las lentillas puestas, es importante retirarlas cuanto antes y desinfectarlas siguiendo las indicaciones del fabricante. Para ello, debes utilizar una solución específica para lentes de contacto, ya que el agua no elimina los microorganismos y pueden aumentar el riesgo de infección. Una vez retiradas, conviene dejarlas el tiempo recomendado en la solución desinfectante para garantizar una limpieza adecuada.

Agua del mar

Aunque los expertos desaconsejan cualquier contacto de las lentillas con el agua, el baño en el mar presenta un riesgo especialmente elevado debido a su salinidad. A continuación se sitúan las piscinas, que pueden generar una falsa sensación de seguridad, ya que el cloro no elimina por completo determinados microorganismos. En último lugar se encuentra el agua de la ducha, aunque los oftalmólogos insisten en que las lentes de contacto nunca deberían entrar en contacto directo con el agua, ya sea del grifo o de entornos naturales.

Finalmente, la doctora Paloma Martínez de Carneros, en una entrevista a Europa Press, explica que «la complicación que más preocupa a los especialistas es la queratitis por Acanthamoeba, una infección corneal poco frecuente causada por una ameba microscópica presente tanto en agua dulce como salada e incluso en el agua corriente. Aunque su incidencia es baja, la mayoría de los casos se producen en usuarios de lentes de contacto.

Esta enfermedad resulta especialmente complicada porque sus primeros síntomas pueden confundirse con otras patologías oculares, retrasando el diagnóstico. Entre las señales de alerta destacan el dolor ocular intenso, el enrojecimiento persistente, la sensibilidad a la luz, la visión borrosa, la sensación de cuerpo extraño y el lagrimeo continuo».

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