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Consejos prácticos: cómo manejar el estrés o la ansiedad que generan las redes sociales en los jóvenes

Más de la mitad de los adolescentes españoles afirma tener ansiedad si no contesta de forma inmediata

redes sociales
Un grupo de jóvenes mirando el móvil.

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La adolescencia es una etapa especialmente sensible en cuestiones como la aceptación social, la comparación o la pertenencia al grupo. Las redes sociales pueden convertirse en un detonante de estrés o ansiedad cuando su uso se asocia a exposición constante, a métricas de validación (likes, comentarios), presión por la imagen, miedo a quedarse fuera (FOMO) y una conectividad permanente que dificulta «desconectar» mentalmente.

Según un estudio, más de la mitad de los adolescentes españoles (57%) afirman tener ansiedad si no contestan a los mensajes recibidos en redes sociales de forma inmediata. Además, el 44% reconoce compararse con imágenes o historias de personas que aparentan tener una vida perfecta en redes sociales.

«En muchos adolescentes se instala la sensación de urgencia: contestar rápido para evitar conflicto, rechazo o pérdida de estatus social. Esa dinámica mantiene al organismo en un estado de alerta sostenida, con consecuencias sobre el descanso, el estado de ánimo y la concentración, afectando de forma significativa a su bienestar emocional y calidad de vida», explica la Dra. Ana I. Ortiz Gutiérrez, gerente del Área de Salud de Farmasierra. «Cuando el móvil se convierte en una extensión del vínculo social, la desconexión puede vivirse como amenaza y es ahí cuando aparece el estrés o la ansiedad», aclara.

La doctora subraya que, además del impacto emocional directo, esta hiperconectividad puede tener efecto «en cascada» sobre los hábitos: «si el adolescente se acuesta con el móvil, duerme peor; y si duerme peor, regula peor sus emociones al día siguiente».

Consejos para controlar el estrés asociado a redes sociales

Los expertos insisten en que reducir el estrés asociado a redes no pasa solo por «menos pantalla», sino por promover hacer un mejor uso de ellas. El abordaje debe incluir higiene del sueño, límites de uso y apoyo familiar y profesional si hay signos de malestar persistente. Algunas de las medidas de autocuidado digital que pueden ayudar son: acordar horarios, reducir la exposición nocturna, normalizar que no todo mensaje requiere respuesta inmediata o desactivar las alertas o notificaciones.

«Es muy importante inculcar a los más jóvenes rutinas de desconexión, especialmente por la noche; educación en el uso consciente y saludable de estas plataformas; y buscar apoyo profesional cuando hay señales de alarma como aislamiento, insomnio persistente o una bajada en el rendimiento académico», explica la Dra. Ortiz.

«Y, desde la perspectiva de la salud, también se está investigando cómo estrategias complementarias respaldadas por la evidencia científica, como los complementos alimenticios que contienen determinadas cepas probióticas con acción psicobióticas (un nuevo grupo de probióticos bacterianos estudiados clínicamente por su acción sobre el estrés y la ansiedad) podrían encajar dentro de un enfoque global del bienestar emocional, siempre con criterio profesional», añade.

En este contexto, una de las cepas investigadas en estudios clínicos humanos es Bifidobacterium longum 1714™, que ha mostrado resultados en la modulación de respuestas psicológicas y fisiológicas frente al estrés y en medidas relacionadas con actividad cerebral y rendimiento neurocognitivo bajo estrés social.

«La prevención pasa por identificar de forma temprana cuándo el uso de las redes sociales deja de ser una experiencia positiva y se convierte en una fuente constante de tensión que genera estrés o malestar, y por activar recursos que ayuden a recuperar equilibrio. En estos casos, es fundamental que los adolescentes dispongan de herramientas y apoyo para recuperar su bienestar emocional y afrontar mejor las demandas del día a día. Si las dificultades y el malestar persisten o afectan significativamente a su calidad de vida, es recomendable consultar con un profesional para valorar el enfoque más adecuado», concluye la Dra. Ana I. Ortiz Gutiérrez.

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