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Bebidas energéticas: cerca del 50% de los jóvenes de entre 14 y 18 años las consume de forma habitual

El 38% de los menores de 12 y 13 años ya las ha probado

Una campaña alerta sobre el consumo de estas bebidas: 'Dan la lata, no alas'

bebidas energéticas
Las bebidas energéticas no están exentas de riesgos para la salud.

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El 47,7% de adolescentes de entre 14 y 18 años consume bebidas energéticas de forma regular y el 38% de los menores de 12 y 13 años ya las ha probado. Esto se ha convertido en un problema de salud pública de primer orden, con consecuencias directas sobre el sueño, el rendimiento escolar, el estado emocional y la salud mental y física. Ante ello, con el lema ‘Dan la lata, no alas’, la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnado (CEAPA) ha lanzado una campaña de sensibilización dirigida a las familias para advertir de los riesgos reales asociados a estas bebidas y reforzar el papel del entorno familiar como primera barrera de protección.

La iniciativa pone el foco en la normalización social y publicitaria de unos productos que, lejos de aportar beneficios, contienen altas dosis de cafeína, azúcares y otros estimulantes, con efectos especialmente perjudiciales en la infancia y la adolescencia.

Problema desconocido

La CEAPA advierte de que una parte importante de las familias desconoce la magnitud del problema y los riesgos reales que el consumo de bebidas energéticas representa para la salud de los menores.

«Las bebidas energéticas se han convertido en un hábito normalizado entre menores y adolescentes, pero sus efectos son evidentes y preocupantes. Lo que la publicidad vende como ‘alas’ (energía, libertad, éxito) es en realidad dar la lata: problemas constantes para la salud y la convivencia familiar», recalca CEAPA.

No en vano, una sola lata contiene entre 70-80 mg de cafeína (más de 32 mg/100ml, el límite legal), equivalente a tomar 2-3 cafés de golpe. Más de 60 mg de cafeína alteran el sueño en adolescentes. A partir de 160 mg (una lata grande) se producen efectos psicológicos y cardiovasculares graves. “¿Le darías 3 cafés seguidos a tu hijo o hija? Eso es exactamente lo que hace una lata”, sostienen desde la confederación.

CEAPA se hace eco de estudios científicos del CIBERESP y el European Journal of Pediatrics y confirma que «los adolescentes que consumen bebidas energéticas sacan peores notas». «El insomnio y el cansancio acumulado afectan a la memoria, la concentración y la capacidad de aprendizaje», constatan.

En el marco de su campaña, CEAPA enumera en un díptico algunos efectos sobre la salud de las bebidas energéticas:

  • Efectos sobre el sueño y el sistema nervioso: alteración del sueño, insomnio (incluido insomnio crónico), cansancio acumulado, ansiedad, irritabilidad, nerviosismo, agresividad y depresión.
  • Efectos cardiovasculares: taquicardias, hipertensión y efectos cardiovasculares graves (a partir de altas dosis de cafeína).
    Efectos físicos generales: dolores de estómago y de cabeza, obesidad y trastornos metabólicos.
  • Efectos cognitivos y académicos: peor rendimiento escolar, problemas de memoria, dificultades de concentración y menor capacidad de aprendizaje.
    Dependencia y adicción: generación de dependencia a la cafeína, tolerancia (necesidad de consumir más cantidad) y síntomas de abstinencia (dolor de cabeza, irritabilidad y cansancio).
  • Riesgos a largo plazo y conductuales: mayor riesgo de conductas suicidas, problemas cardiovasculares a largo plazo e inicio o asociación con consumo de otras sustancias (como alcohol).

En definitiva, estas bebidas no sólo son un riesgo puntual, sino un problema que afecta al desarrollo físico, mental y conductual, especialmente en menores y adolescentes.

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