Neurocientífica

Ana Ibáñez: «Un cerebro bien entrenado se ocupa, pero no se preocupa»

"Se puede vivir sin estrés y sin preocupación"

"Equilibrar los periodos de esfuerzo y de descanso son la base del éxito"

cerebro
Ana Ibáñez.

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La sensación de saturación mental, la falta de concentración o el estrés constante se han convertido en síntomas habituales en la vida moderna. En un entorno dominado por la inmediatez, la multitarea y el exceso de estímulos, muchas personas sienten que su cerebro «no da más de sí». Sin embargo, la ciencia ofrece una perspectiva diferente: no es que el cerebro esté fallando, sino que necesita ser entrenado.

Con esta idea de fondo, la neurocientífica Ana Ibáñez plantea en su nuevo libro, ‘Neurociencia para la vida real’ (Planeta), publicado el pasado 25 de marzo, diez pasos para entrenar el cerebro. A través de ellos, propone herramientas prácticas para enfrentarse a los miedos, mejorar la concentración y transformar el día a día.

En este contexto, OKSALUD ha entrevistado a la autora, quien defiende que el cerebro puede mejorar su rendimiento gracias a la neuroplasticidad, es decir, su capacidad de cambiar y adaptarse a través del entrenamiento.

PREGUNTA.- En su libro explica que el cerebro puede entrenarse gracias a la neuroplasticidad. ¿Qué cambios concretos puede lograr una persona en su vida diaria si aprende a entrenar su cerebro?
RESPUESTA.- Bueno, cambios, cualquiera, casi que nos podamos imaginar. Cambios como, por ejemplo, ser una persona a la que le cuesta hablar a otras porque te consideras tímido y, de repente, entrenando tu cerebro las áreas adecuadas del hemisferio derecho, en este caso, volverte una persona mucho más extrovertida y que venzas esa timidez.

Los cambios más directos son que puedas vivir sin estrés y sin preocupación, lo cual no significa que no vivas ocupado, pero no necesariamente tu sistema te lleva a sufrirlo y a preocuparte. Un cerebro bien entrenado es un cerebro que se ocupa, pero que no se preocupa.

Entonces, frente al estrés y a la ansiedad, el entrenamiento es maravilloso y tu cerebro puede hacer muchas cosas sin necesidad de estresarse. Aprende a dormir mejor. Aprende a cambiar sus estados de ánimo, a no dejarte en un estado de ánimo negativo que estés sufriendo, sino tener flexibilidad para cambiar un cerebro. Aprende a concentrarte mejor. Aprende a que se le den mejor las matemáticas. Aprende a mejorar la movilidad. Fíjate que en el mundo del deporte, entrenando áreas motoras del cerebro, estamos afectando y mejorando posturas físicas. Aprende a hablar. Aprende a hablar mejor, con más fluidez. Aprende a tener más memoria. Cualquier cosa que se te ocurra del ámbito de nuestro día a día son cosas que se mejoran. Aprende a tener más creatividad; por ejemplo, cualquier ámbito se entrena.

P.- El estrés parece formar parte de la vida moderna. ¿Cómo podemos distinguir entre un estrés útil y uno que empieza a perjudicar a nuestra salud mental y física?
R- El estrés útil o más positivo es claro, porque es un estrés que lo tienes, pero que luego puedes salir de él, que tienes la flexibilidad para estresarte y luego para descansar. Y esto suele venir de la mano con dos cosas: que es un estrés en el que tú estás viendo un beneficio, que sabes que te estresas por algo y que tiene un tiempo limitado en el cual te estás estresando.

Cuando algo de estas dos falla, que no es un estrés que tengas un beneficio claro o que el tiempo es demasiado, ahí entras en el estrés negativo. Y el estrés negativo lo sientes porque es como que te secuestra y te das cuenta de que no puedes salir de él. Físicamente, notas muchas cosas: que estás lleno de pensamientos, que te duele la cabeza, el estómago, que no puedes dormir, que tienes peor estado de ánimo, que estás con pensamientos en bucle, que te sientes bloqueado. Todas estas cosas: que pierdes ganas de vivir, que notas que tu energía se ha bajado muchísimo. Todo eso son síntomas de estrés negativo.

P.- El descanso, el humor o incluso los momentos de pausa parecen tener un papel clave en el funcionamiento del cerebro. ¿Por qué son tan importantes para nuestro bienestar mental?
R.- Esos momentos son fundamentales y, de hecho, es algo con lo que trabajo directamente, porque tenemos que concienciarnos de que tenemos que equilibrar mucho más en nuestro día a día los momentos de esfuerzo y los momentos que nos damos de disfrute y de desconexión. Y si no lo hacemos, estamos quemando directamente o afectando muy negativamente a nuestro cerebro. Tenemos que pensar que en el fondo es un sistema que tiene que recargarse de energía y que si solo le pedimos y no le entregamos, pues se va vaciando de energía. Vaciarse de energía a nivel cerebral finalmente es dormir peor, tener malos pensamientos o pensamientos más destructivos. Entonces afecta directamente a todos los sistemas.

Un buen cerebro, un cerebro que funciona muy bien, es aquel que equilibra mucho los momentos de pasarlo bien con los momentos de esfuerzo. Y tenemos que introducirlo mucho más en nuestro día a día. Además, placer y disfrutar y no sentir culpa por ello. Porque las personas más eficientes y de alto rendimiento saben muy bien que equilibrar los periodos de esfuerzo y de descanso son la base del éxito y de poder hacer ejercicios y de tener una eficiencia continuada a largo plazo sin quemarse.

P.- Muchas personas sienten que cada vez les cuesta más concentrarse o mantener la atención. ¿Existen hábitos sencillos que podamos incorporar para recuperar la concentración en la era digital?
R.- Sí, tiene que ver con lo que hablábamos antes, que es ejercitarlo. Y para eso yo hablo de las burbujas de concentración, que supone acostumbrar a tu cerebro a que, cuando ocurren determinados aspectos en tu entorno, significa que él tiene que generar frecuencias beta de la concentración. Es una manera como de dirigirle, de que él lea que sí está pasando esto; yo tengo concentración. Y para eso creo que viene desde el seducirlo, seducir a nuestro cerebro y hacérselo amable. Así que yo lo que animo es a hacer unas cosas muy concretas. La primera es nombrar los objetos que tienes alrededor, porque esa es una manera de pasar de foco abierto a foco cerrado.

La otra es que, cuando te vas a concentrar, pongas una música que sea alegre, no necesariamente de concentración, una música que te guste, con la que estés a gusto y que te acompañe en pasar desde la no concentración a la concentración. Pero para tu cerebro es agradable, entonces va a poner menos resistencia a concentrarse, porque concentrarse necesita esfuerzo y energía.

Y una vez que pones esa música y que has nombrado esos objetos, lo que nos ayuda mucho también es poner un olor para que tu cerebro ancle que ese olor significa concentración. Entonces, una vez que lo ha hecho ya varias veces y ya te has concentrado escuchando una música determinada y oliendo algo determinado, él relaciona frecuencias beta de la concentración con eso que está pasando fuera.

Entonces, la siguiente vez que te quieres concentrar, si tú te adelantas y pones la música y el olor, lo va a reconocer como familiar y le va a ser más fácil volver a producir esas frecuencias de concentración. Y luego lo que ayuda mucho es hacerlo en periodos. No puedes sentarte a concentrarte demasiado tiempo si no estás acostumbrado a ello, pues haces parones.

Ojalá, por supuesto, siempre dejar el móvil fuera, pero te puedes poner una alarma y decir: venga, me voy a concentrar 20 minutos. Y esos 20 minutos te pones la música, lo haces agradable, etcétera. Y a los 20 minutos paras y haces algo que te apetezca hacer, te premias de alguna manera. Así le vas entrenando poco a poco en algo que se llama exposición gradual a esta concentración que efectivamente ahora nos cuesta más.

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