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La frase de Fulton J. Sheen sobre el carácter: «La paciencia es el poder de sufrir sin desesperar, porque la esperanza sostiene incluso en las pruebas más difíciles»

¿Qué es el carácter de una persona? ¿Cómo se relaciona con la paciencia? Esta frase de Fulton J. Sheen se hizo famosa.

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Carácter y paciencia
Fulton J. Sheen sobre el carácter.
Francisco María
  • Francisco María
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Vivimos en la cultura del botón de avance rápido, de la respuesta inmediata y del desespero automático cuando la página web tarda tres segundos en cargar. Nos hemos acostumbrado a que todo responda al instante, a que los problemas se solucionen mediante un giro rápido de timón o un cambio exprés de estrategia. Por eso, cuando la vida se pone fea de verdad y nos aparca en un arcén sin fecha de caducidad para el sufrimiento, el sistema operativo mental se nos cuelga. No sabemos estar a la intemperie. Nos falta el músculo de la resistencia reposada.

J. Sheen y la fuerza de la paciencia

Fulton J. Sheen, un hombre que entendía bastante de tribulaciones públicas y de la dureza callada del carácter, dejó escrito que la paciencia es el poder de sufrir sin perder el norte, sustentados por una esperanza que aguanta el tipo incluso en los peores temporales. Leída hoy, esa definición suena a provocación. Vivimos tan atados al desahogo instantáneo que confundimos la paciencia con la pasividad, con una especie de resignación triste de quien baja los brazos porque ya no le quedan fuerzas para discutir.

Nada más lejos de la realidad. El obispo norteamericano hablaba de un poder activo, de una fibra interior muy tensa que impide que el ánimo se desmorone cuando el suelo cede bajo los pies. Sufrir sin desesperar no implica poner cara de póker ni negar la evidencia del dolor. Al revés. Exige mirar de frente a la adversidad sin dejar que la rabia o el pesimismo nos roben el timón. Es una especie de fortaleza sorda, de oficio antiguo que ya casi no se practica.Frases que no debes decirle a tu hijo

Paciencia ante las malas rachas y los imprevistos

La paciencia auténtica se parece bastante a esa labor de fondo que uno realiza cuando las cosas vienen mal dadas en casa o en el trabajo, cuando un proyecto se tuerce por completo y los plazos queman. No hay fórmulas mágicas ni discursos motivacionales que valgan. Queda el día a día, la tarea gris de sostener el timón mientras sopla el vendaval.

En esos momentos, la esperanza de la que hablaba Sheen no es un optimismo ingenuo que confía en que todo saldrá bien por arte de magia, sino la convicción razonada de que el esfuerzo actual tiene un sentido, aunque ahora mismo los ojos no alcancen a verlo.

Nos da miedo el tiempo de espera porque interpretamos el silencio de los acontecimientos como un fracaso definitivo. Queremos ver resultados ya, comprobar que el sufrimiento sirve para algo inmediato, certificar el rendimiento de nuestra resiliencia como si se tratara de una aplicación del móvil. La escuela del carácter opera bajo otros tiempos mucho más lentos y exigentes. Forja las costuras del alma a base de pequeños golpes cotidianos que, bien digeridos, nos vuelven menos frágiles.

Ser dueños de la calma y saber aguantar

Hay una dignidad enorme en el arte de saber aguantar el tipo sin hacer ruido. No hablamos de la falsa paciencia del que calla por miedo o del que traga bilis acumulando rencor para reventar más tarde. Nos referimos a esa calma tensa y lúcida de quien acepta el bache porque entiende que la vida no siempre avanza en línea recta. Cuando la prueba aprieta, el carácter se distingue precisamente por su capacidad para mantener la verticalidad sin caer en el cinismo.

Quizás el error más común consista en pensar que la fortaleza se demuestra únicamente en las grandes gestas, en los momentos estelares donde uno puede ponerse medallas delante de los demás. La realidad suele ser bastante más discreta. Se manifiesta en la consulta del médico cuando el diagnóstico se alarga, en la convivencia paciente con una dificultad que no tiene arreglo fácil, o en la gestión de una crisis profesional que amenaza con llevárselo todo por delante.Carácter

El legado que perdura

Fulton J. Sheen apuntaba con su frase a esa arquitectura íntima que sostiene al ser humano cuando las luces se apagan y los aplausos desaparecen. La paciencia no es un don estático que se nos concede al nacer, sino una disciplina del talante. Requiere entrenamiento, renuncias y, sobre todo, una enorme dosis de realismo para aceptar que la tormenta forma parte del paisaje.

Quien comprende esto deja de pelearse contra el calendario y empieza a habitar sus propias pruebas con una madurez distinta, descubriendo que el carácter, al igual que el buen pan, necesita tiempo de horno y altas temperaturas para terminar de adquirir su consistencia definitiva.

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