EEUU paga ya más en intereses que en Defensa: deuda al 122% y bonos al 5,3% tensan sus cuentas públicas
El verdadero riesgo para Estados Unidos aparece si el coste de financiarse se mantiene por encima del crecimiento económico
Estados Unidos gasta ya más en pagar los intereses de su deuda que en defensa. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, acaba de anunciar que ampliará las recompras de deuda a largo plazo justo cuando la rentabilidad del bono estadounidense a 30 años alcanzaba el 5,3% y el ratio de deuda sobre el PIB se ha más que duplicado desde el año 2000, hasta el 122%.
Sin embargo, lo que determina si la deuda estadounidense es sostenible no es únicamente su volumen, sino la relación entre el tipo al que se financia el Tesoro y el ritmo al que crece la economía.
En este sentido, un país puede mantener un nivel de deuda elevado y seguir siendo solvente si su economía crece por encima de su coste de financiación. Y puede tener una deuda mucho menor y, sin embargo, enfrentarse a una dinámica insostenible si los intereses crecen de forma persistente por encima de su capacidad para generar ingresos.
La cuestión, por tanto, no es sólo cuánto debe Estados Unidos, sino si las variables que han permitido financiar esa deuda durante las últimas décadas siguen funcionando.
En este debate sobre la sostenibilidad de la deuda estadounidense, desde Acacia Inversión destacan que, desde el año 2000, el endeudamiento público bruto de Estados Unidos se ha más que duplicado en porcentaje del PIB, hasta alcanzar el 122% en el primer trimestre de 2026. Mientras tanto, el déficit primario se sitúa, en su última medición, en el 2,6% del PIB.
Su evolución viene determinada, principalmente, por la interacción entre el saldo primario, déficit o superávit antes del pago de intereses, los tipos de interés de la deuda soberana y la tasa de crecimiento de la economía.
Esfuerzos públicos para financiar la deuda
En términos sencillos, cuanto mayor sea la diferencia entre el tipo de interés de la deuda y el crecimiento económico, mayor será el esfuerzo fiscal necesario para estabilizar el endeudamiento.
En este sentido, el elevado nivel de deuda introduce un elemento adicional como es la sensibilidad de las cuentas públicas a cualquier aumento de los tipos.
Manuel Pinto, analista de XTB, considera precisamente que el propio volumen de endeudamiento es hoy la variable más importante. Estados Unidos ha soportado en el pasado tipos de interés superiores a los actuales, pero nunca tuvo que afrontar ese coste de financiación con un stock de deuda de esta magnitud. Por ello, pequeños movimientos sostenidos en las rentabilidades pueden terminar teniendo un impacto considerable sobre el gasto público a medida que la deuda vence y debe refinanciarse.
Además, buena parte de la deuda estadounidense fue emitida cuando los tipos eran mucho más bajos, pero cada vencimiento obliga al Tesoro a sustituir esa financiación por nueva deuda a los precios que marque el mercado. Cuanto más tiempo permanezcan elevados los tipos, mayor será la presión sobre la factura de intereses.
Pablo Vega, experto en finanzas de Roams, pone el foco precisamente en esta relación entre el coste de financiación y el crecimiento nominal de la economía. A su juicio, más que establecer un nivel concreto de deuda, el 120%, el 130% o cualquier otra cifra, lo relevante es observar cuánto espacio del presupuesto empieza a consumir su financiación.
Estados Unidos se ha beneficiado históricamente de la liquidez y profundidad de su mercado de deuda, del dólar como moneda de reserva global y del dinamismo de su economía. Esta combinación le ha permitido financiar déficits persistentes durante las últimas dos décadas. Pero ahora esta dinámica podría verse alterada si alguno de estos pilares comienza a deteriorarse.
El escenario que ambos analistas consideran especialmente peligroso es una combinación de crecimiento económico débil, déficits persistentemente elevados y tipos de interés altos durante un periodo prolongado. Un menor crecimiento dificulta aumentar los ingresos públicos y estabilizar la deuda respecto al PIB, mientras que unos tipos elevados encarecen progresivamente la refinanciación.
Pinto añade un factor especialmente relevante para los inversores: la inflación. Aunque una inflación elevada puede reducir el valor real de la deuda existente para el Gobierno, erosiona simultáneamente el valor real de los cupones y del principal que recibirán los tenedores de bonos. Por eso, el riesgo resulta especialmente relevante en los títulos de larga duración.
El mercado podría exigir una mayor prima
La pregunta ahora es hasta qué punto los inversores están dispuestos a seguir absorbiendo la creciente oferta de deuda estadounidense sin exigir una rentabilidad adicional.
De momento la confianza persiste con un dólar que continúa siendo la principal moneda de reserva y con el mercado de Treasuries que sigue siendo el mercado soberano más profundo y líquido del mundo.
Sin embargo, sí existe el riesgo de que el mercado empiece a exigir una prima mayor por mantener deuda a largo plazo si percibe que la trayectoria fiscal continúa deteriorándose. Lo verdaderamente relevante sería que los bonos a 10 y 30 años siguieran elevando sus rentabilidades incluso cuando el mercado estuviera descontando bajadas de tipos de la Reserva Federal.
Desconexión entre la Fed y deuda
Y aquí aparece el segundo gran actor de esta ecuación: la Reserva Federal. Porque si el Tesoro necesita contener el coste de financiación mientras la Fed intenta mantener ancladas las expectativas de inflación, ambas políticas pueden acabar entrando en una zona de tensión.
Si el mercado comienza a descontar bajadas de tipos, haciendo caer las rentabilidades a corto plazo, pero los bonos a 10 y 30 años continúan aumentando su rentabilidad, sería una señal de que el mercado ya no está reaccionando únicamente a la política monetaria. «Estaría empezando a exigir una mayor compensación por inflación, oferta de deuda y riesgo fiscal», añade Pinto.
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