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Salsa para langostinos: la mejor receta para acompañarlos

Receta fácil de salsa para langostinos, ideal como aperitivo o acompañamiento de mariscos.

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  • Francisco María
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Los langostinos son un comodín de la cocina: quedan de lujo a la plancha, cocidos, al horno o en brochetas. Y aunque por sí solos ya saben a fiesta, una salsa bien pensada los eleva, porque aporta cremosidad, acidez o un toque picante sin tapar el sabor del marisco. Si te manejas preparando salsas fáciles, aquí tienes una opción infalible y varias ideas para variar según el plan (aperitivo o cena).

La mejor receta: salsa cremosa de limón, ajo y mostaza

Ingredientes (para 4 personas)

Paso a paso

  1. Derrite la mantequilla a fuego medio en una sartén. Añade el ajo y rehoga 20–30 segundos, solo hasta que perfume (sin dorarlo).

  2. Incorpora la nata y remueve. Deja que hierva muy suave 2 minutos para que espese.

  3. Añade la mostaza, el zumo de limón y una pizca de ralladura si quieres. Mezcla, ajusta de sal y pimienta y cocina 1 minuto más.

  4. Apaga el fuego y termina con perejil o cebollino. Sirve templada en salsera o napando los langostinos.

Cómo servirla (y que quede redondo)

Variaciones rápidas que también triunfan

Si te apetece un sabor más “cóctel”, mezcla la base cremosa con un toque de ketchup y unas gotas de limón: te quedará una versión inspirada en la salsa golf, perfecta para langostinos fríos, ensaladas marineras o copas de marisco.

Si prefieres una salsa elegante, mantequillosa y con cítrico, puedes orientarte hacia el estilo de la salsa menier: mantequilla, limón y perejil funcionan de maravilla con el marisco, sobre todo si lo sirves con patata cocida o arroz.

¿Buscas algo más intenso para una cena? Piensa en una reducción suave, tipo solomillo salsa, pero aplicada al marisco: reduce caldo (o fumet) con un chorrito de vino blanco y liga al final con un poco de mantequilla. Queda genial con langostinos al ajillo “finos”.

Toque dulce (sin pasarse)

El marisco combina muy bien con notas frutales si están controladas. Una cucharadita de piña triturada o unas gotas de su jugo pueden darle chispa; la referencia es una salsa estilo lomo cerdo piña, pero más ligera: menos azúcar y más limón para que no empalague.

Y si quieres una opción rápida para el día a día, usa una base cremosa similar a la de la salsa pollo, aromatizada con limón y hierbas. Es ideal cuando acompañas los langostinos con pasta o verduras salteadas.

Un extra para experimentar

Para langostinos al horno con queso o gratinados, puedes inspirarte en una salsa pizza muy suave: tomate cocinado, orégano y ajo, pero sin exceso de especias. El truco es usar poca cantidad y equilibrar con un toque de limón.

Con estas ideas tendrás una salsa estrella y alternativas para no repetir. Ajusta acidez, sal y textura a tu gusto, y verás cómo unos langostinos “de siempre” se convierten en un plato de diez.

Si sobra salsa, guárdala tapada: al día siguiente está aún más rica también.