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Arabia Saudí construye la mayor planta de aguas residuales del mundo: abastecerá a 36 millones de personas

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Arabia Saudí ha transformado lo que antes era un vertedero peligroso en un pulmón verde sin igual. La capital del reino árabe, Riad, disfruta hoy de una recuperación ecológica que sitúa a su planta de aguas residuales y al sistema de biorremediación asociado como un referente en el planeta.

A través de la gestión de la Arriyadh Development Authority, este proyecto devuelve la vida a un entorno que sufrió décadas de degradación industrial y agrícola. Este corredor ambiental, además de recuperar por completo un ecosistema, asegura la sostenibilidad de una región donde el agua es el recurso más preciado.

Con una extensión de 120 kilómetros, la intervención en el valle conocido como Wadi Hanifa permite procesar caudales que antes resultaban intocables para el ser humano. Según datos de la propia autoridad de desarrollo y del portal Euronews, el agua residual se convierte en un recurso en apenas seis horas de tratamiento natural.

¿Cómo funciona la mayor planta de aguas residuales del planeta en Arabia Saudí?

La respuesta está  en la biorremediación, un proceso que prescinde de químicos agresivos para limpiar el cauce. En Arabia Saudí, la estrategia consiste en utilizar un sistema de niveles biológicos donde algas, plantas, peces y aves interactúan para eliminar la toxicidad del agua.

Este mecanismo natural, integrado en la cuenca de Wadi Hanifa, permite que el caudal que atraviesa la capital recupere su pureza de forma constante.

La planta de aguas residuales y su infraestructura verde abastecen indirectamente las necesidades de una población creciente, mejorando la calidad de vida de millones de personas.

El proyecto, que contó con una inversión de unos 150 millones de euros, utiliza el paisaje como una infraestructura ecológica capaz de mediar en inundaciones y crear hábitats para la biodiversidad. El agua recuperada se destina ahora al riego de tierras agrícolas y al mantenimiento de las zonas recreativas de la urbe.

Wadi Hanifa: de desierto a punto turístico en Arabia Saudí

El valle, que sirve como drenaje natural para una superficie de 4.000 kilómetros cuadrados, pasó de ser un foco de contaminación a un destino turístico y familiar, según destaca Visit Saudi. Para lograrlo, las autoridades ejecutaron un plan que incluyó la plantación de diez mil árboles autóctonos y la construcción de diques para regular el flujo hídrico.

El lugar, ahora, alberga siete grandes parques públicos donde los ciudadanos realizan actividades al aire libre sin coste de entrada. Dentro de esta infraestructura, se han asfaltado más de 40 kilómetros de autovías para mejorar el acceso a las fincas agrícolas, mientras que el diseño cuenta con 47 kilómetros de senderos peatonales destinados al paseo y la meditación. Además, la zona dispone de 730 señales informativas para guiar a los visitantes por los atractivos naturales y servicios del valle.

Un modelo de sostenibilidad premiado internacionalmente

La ambición del proyecto no ha pasado desapercibida para los expertos en urbanismo. La iniciativa recibió el Aga Khan Award for Architecture en su ciclo 2008-2010, al reconocer su capacidad para revertir parte del desarrollo urbano agresivo. El jurado destacó que este modelo de Arabia Saudí demuestra una alternativa ecológica real para las ciudades modernas, al transformar una «cicatriz en el rostro de la capital» en un recurso productivo.

Además del beneficio ambiental, la recuperación del valle ha impulsado la economía local, especialmente en la producción de dátiles. Las granjas situadas en las márgenes del canal son ahora más visibles y accesibles para los clientes, quienes valoran la limpieza y el orden del nuevo entorno.