Opinión

Wokorona

El único español que por razones evidentes no puede hacer el ridículo es el jefe del Estado. Porque representa a los 50 millones de españoles y porque en consecuencia encarna algo tan crucial como nuestra historia, nuestras instituciones y nuestra legalidad. A Felipe VI le admitiríamos incluso que sucumbiera inconscientemente al ridículo porque nadie es perfecto pero no que incurra en él a propósito. El esperpento deliberado en forma de pueril humillación es impropio de un rey. Y eso es lo que, desgraciadamente, hemos presenciado esta semana con un mix de estupefacción e indignación.

Felipe VI tiene dos problemas: que está arrojando por la borda a velocidades hipersónicas su hasta ahora indiscutido e indiscutible prestigio y que suma demasiados ridículos en muy poco tiempo. El último acaeció el lunes durante su visita a una exposición de curioso título: La mitad del mundo. La mujer en el México indígena. Supongo que será una mierda woke que da a entender que las mujeres gozaban de todos los derechos habidos y por haber hasta la llegada de los españoles. Vamos, que Hernán Cortés se cargó el feminismo azteca. El catálogo subraya que la muestra «profundiza en el contexto social de las mujeres indígenas», resaltando «su relevancia como madres, cuidadoras, proveedoras, sanadoras, tejedoras, chamanas, guardianas de saberes, guerreras y gobernantes». Sencillamente de risa porque hasta un tonto de baba sabe cómo se las gastaban los machos nahuas, mayas, zapotecos, otomíes, totonacas y mixtecos con féminas e infantes.

El problema del Rey es que está arrojando por la borda su hasta ahora indiscutido e indiscutible prestigio y suma varios ridículos en poco tiempo

La intención de Don Felipe no deja lugar a la duda por muchos paños calientes que se le apliquen desde fuera y por muchos matices que se trufen a lo largo de la parrafada desde dentro. «También ha habido luchas, digamos, controversias morales y éticas en cuanto a cómo se ejerce el poder. Desde el primer día, es decir, los propios Reyes Católicos con sus directrices, las Leyes de Indias, por el proceso legislativo, hay un afán de protección que luego la realidad hace que no se cumpla como se pretende y hay mucho, mucho abuso, y también, como antes, valorar el hecho de que de ahí, de ese conocimiento, pues nos apreciaremos más», apuntó literalmente nuestro jefe de Estado en un discurso  antisintáctico y plagado de titubeos, los titubeos que nos sobrevienen a cualquiera cuando defendemos algo en lo que no creemos. Por cierto: las Leyes de [Las] Indias las promulgó El Hechizado Carlos II en 1681, siglo y medio después del reinado de Isabel y Fernando.

Lo peor de todo es que Felipe VI no ejerció de bienqueda con el simpatiquísimo embajador de México, Quirino Ordaz, circunstancia que tendría un mínimo pase por perogrullescos motivos diplomáticos. No. Zarzuela quería que se supiera y por eso grabó y filtró el minispeech. Llamaron, incluso, a esta casa para pedir que le diéramos bolilla y dejar todo claro. Lo primero que llama la atención es el egoísmo felipista dejando como los buenos de la película a sus antepasados los Reyes Católicos. Lo cual no deja de constituir una verdad incontrovertible, son los más grandes monarcas de la historia, tanto como el elemental hecho de que la colonización de América supuso la liberación de los pueblos autóctonos, que estaban sometidos a la antropofagia, el infanticidio y el machismo más bestia. Cómo serían las cosas que en las guerras de la independencia los indígenas lucharon del lado de nuestra Corona. Y, por si fuera poco, las tropas del metelinense Hernán Cortés y las del trujillano Francisco Pizarro se mezclaron a modo y manera con las mujeres autóctonas en un maravilloso ejercicio de mestizaje que no practicaron ni por equivocación los ingleses en India, los franceses en toda África, los italianos en Etiopía o Somalia o los holandeses en Sudáfrica.

En América, España transformó la barbarie en civilización, creó 32 universidades —más que el colonialismo inglés, francés, belga, alemán e italiano juntos—, exportó nuestra vastísima cultura, el imperio de la ley de la época, les enseñó a leer y sustituyó a hechiceros y curanderos por médicos que salvaron millones de vidas. Lo de la fe va aparte. Ésa es la realidad, diga lo que diga Don Felipe o su porquero monclovita. Lo peor de todo es que las palabras del jefe del Estado son prácticamente un calco de las que pronunció nuestro canciller Albares hace cinco meses tras la exigencia de disculpas de un corruptazo de inequívocos apellidos indígenas llamado Andrés Manuel López Obrador: «Hubo dolor e injusticia, justo es reconocerlo, y lamentarlo. Eso es parte de nuestra historia compartida, no podemos negarla ni olvidarla». Quiten «dolor» e «injusticia» y pongan «mucho, mucho abuso» y tienen el mismo discurso falsario y woke. Moncloa es Zarzuela, Zarzuela es Moncloa.

Sugiere Zarzuela que Zarzuela, y perdón por la redundancia pero es necesaria, dio el paso para destensar las relaciones y para que se invitase a Don Felipe al Mundial de Fútbol que se celebrará en Norteamérica (Estados Unidos, México y Canadá) el próximo verano. De hecho, La Roja disputará un partido de la fase inicial en Jalisco. Lo más indignante de todo es que al día siguiente la impresentable Claudia Sheinbaum, jefa de Estado del país hermano, humilló aún más al autohumillado Felipe VI: «No fue todo lo que habríamos querido». De ridículo en ridículo hasta el acabose final: veinticuatro horas después, Palacio aseguraba que habían recibido la invitación oficial para ir al Mundial en México. La presidenta comunista se recochineó de nuestro monarca ipso facto: «Se ha cursado invitación a todos los países con los que tenemos relaciones».

Lo peor de todo es que las palabras del jefe del Estado son prácticamente un calco de las que pronunció nuestro canciller Albares hace cinco meses

Zasca tras zasca tras zasca cuando quienes tendrían que rogar clemencia a España, a los Estados Unidos y al resto del mundo son López Obrador y Sheinbaum, que han conseguido que el narco mande en 16 de los 31 estados que conforman México y que tuviera muchísimo o todo que ver en la victoria de MORENA, el Podemos mexicano del que forman parte el uno y la otra. Si tu país envenena a los demás no estás precisamente para dar lecciones morales o éticas a nadie.

El deplorable espectáculo de contemplar a la Corona arrastrándose ante todo bicho viviente woke no terminó ahí. Veinticuatro horas después, el Consejo de Ministros socialcomunista, apoyado no lo olvidemos por ETA, sicarios chavistas y golpistas catalanes, respaldó «al 100%» las palabras de Don Felipe. Cómo serían las cosas, o kómo más bien, que hasta el Canal Red del delincuente de Pablo Iglesias aplaudió el degradante gesto del jefe del Estado con el dúo Sheinbaum-Obrador. Tímidamente pero lo aplaudió: «La Corona ha pasado de un planteamiento confrontativo [así de cursi es el chepudo coletudo] a una estrategia más matizada de diálogo diplomático». La persona que simboliza la continuidad de la dinastía Borbón debería cuestionarse si tal vez ha hecho algo mal cuando le aclaman el socio de ETA y un tipejo a sueldo del sanguinario chavismo venezolano y la teocracia iraní.

Con todo, lo peor no es este hecho coyuntural, ya de por sí lacerante. No. Tanto más grave resulta que nuestro jefe de Estado haya escogido el wokismo como estructural hoja de ruta. Lo certifican unánimemente este hecho puntual y el histórico tras la vuelta del verano. Hay que recordar que Don Felipe no felicitó por el Nobel de la Paz a María Corina Machado, líder de la oposición democrática venezolana y ganadora por Edmundo González interpuesto de las últimas Presidenciales. Que parafraseó literalmente a Pedro Sánchez al llamar «ciudadanos retenidos» a los presos políticos españoles de la narcodictadura venezolana. Como ya advertí en enero esta frasecita escenifica una ignominia insuperable toda vez que «retenido» es menos que «detenido» y está a años luz de la condición de «recluso». «Retenido» es un concepto jurídico que se emplea para definir a los ciudadanos a los que la Policía no deja irse porque se les olvidó el DNI en casa o a los que la Guardia Civil de Tráfico no deja proseguir la marcha porque no han presentado el seguro del coche.

Lo cierto es que estas cosas no pasaban con Jaime Alfonsín, el antecesor de Villarino, un funcionario al que el Estado enterito le cabía en la cabeza

Lejos de mejorar, las cosas empeoraron en un discurso de Nochebuena en el que de su real boca no salió la palabra «corrupción», elemental cuando el Ejecutivo sale a mangancia diaria y cuando la mentó expresamente en tiempos de Rajoy, y sí el palabro «crispación» del que tanto han echado mano La Moncloa de ahora y en su día la de Felipe González para intentar tapar el latrocinio. Que tú periodista libre hablas de «corrupción», yo te echo en cara que «crispas» el debate público a ver si consigo avergonzarte y, consecuentemente, callarte. Tres cuartos de lo mismo sucedió con sus parabienes a ese acuerdo UE-Mercosur que constituye una canallada de marca mayor de Bruselas porque hundirá más en la miseria a nuestros agricultores.

Algunos culpan de la wokización real a un jefe de la Casa, Camilo Villarino, cuyo nombramiento fue inspirado por Moncloa. Conviene no olvidar que este diplomático de carrera hizo las veces de jefe de gabinete de esa desastrosa ministra de Exteriores sanchista que fue Arancha González Laya, también del mucho más solvente Josep Borrell y antes del insípido Alfonso Dastis en el tardomarianismo. Otros apuntan con el dedo acusador a Doña Letizia por sus devaneos progres. Por lo que yo sé y por lo que intuyo creo que la mano que mece la cuna es la de la Reina. Sea como fuere, el primer y último responsable, por acción u omisión, es Felipe de Borbón y Grecia, que para eso es el jefe. Si tú tienes la primera y la última palabra, tú eres el primer y último responsable. Y que conste que entiendo perfectamente que el rol del primero de los españoles no es otro que bailar entre lobos y contentar a todos. El obstáculo insalvable sobreviene cuando sólo contentas a unos.

Lo cierto es que estas cosas no pasaban con Jaime Alfonsín, el ejemplar antecesor de Villarino, un funcionario sin tacha al que el Estado enterito le cabía en la cabeza. Él siempre le recomendó que se moviera dentro del perímetro de la Carta Magna, «Constitución, Constitución, Constitución», el jefe del Estado le hizo caso y le fue maravillosamente bien. La gran pregunta es si este Felipe VI es el mismo del discurso del 3 de octubre de 2017 tras el putsch catalán o un doble.

Entiendo que el rol del primero de los españoles es bailar entre lobos y contentar a todos, pero el problema llega cuando sólo contentas a unos

También hay quienes sostienen que Don Felipe se está haciendo perdonar la vida por un Pedro Sánchez que, obviamente, pondrá encima de la mesa el debate Monarquía-República si retiene el poder por las malas tras las próximas generales —por las buenas es imposible—. Quizá es que el síndrome alfonsino se ha apoderado de él. Otros, malévolos ellos, opinan que el marido de la pentaimputada lo tiene pillado por alguna que otra inconfesable cuestión, cosa que dudo porque la ética y el respeto por la legalidad del Rey y la Reina se me antojan incuestionables.

No estaría de más que se plantee lo obvio, que las más de las veces es la fórmula infalible para resolver los dilemas existenciales. Si pierdes el favor de los tuyos, ¿qué te queda? Lo digo porque si la izquierda más dura en la cual está instalado Pedro Sánchez va a muerte contra el monarca, a nuestro ilustrísimo protagonista no le debería quedar otra que ponerse en manos de la España constitucional, de la España democrática en definitiva, de la que sí considera que es una institución útil a presente y futuro. OKDIARIO en general y un servidor en particular continuarán apoyando humildemente a la institución y a la persona en estricta aplicación de ese maravilloso y normalmente infalible principio anglosajón: «Lo que funciona, no se toca». Que ya tuvimos dos experiencias republicanas, experiencia y media más bien, y terminaron como terminaron. Pero nuestro crédito no es infinito. Jubilemos la K. Volvamos a la Corona con C.

PD: si quería ir al Mundial, Majestad, le hubiera bastado con darnos un toque. Que tenemos el dinero suficiente y todos los contactos del mundo para conseguirle las mejores entradas para el España-Uruguay.