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Dr. Jordi Moya: «Hemos normalizado que millones de personas vivan con dolor»

Menorca, capital mundial del dolor: el fenómeno Sine Dolore y la historia del médico que lo impulsó

Dr. Jordi Moya: «Hemos normalizado que millones de personas vivan con dolor»
Diego Buenosvinos

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Durante cuatro días, del 7 al 10 de mayo de 2026, Menorca deja de ser una isla turística para convertirse en el epicentro internacional de la medicina del dolor. El Congreso Multidisciplinar Sine Dolore Menorca 2026, organizado por la European Pain Foundation junto a la American Academy of Pain Medicine, reunirá a algunos de los principales especialistas del mundo en el abordaje del dolor crónico.

No se trata de un congreso al uso. Conferencias magistrales, talleres clínicos, mesas redondas y espacios de networking conviven con actividades abiertas al público en todos los municipios de la isla y que este año serán medio centenar. Durante esos días, Menorca se transforma en un «parque temático del dolor», un concepto singular donde ciencia, divulgación y sociedad se mezclan para hacer visible una realidad que afecta a cerca del 20% de la población mundial.

Aprovechando la celebración del congreso Sine Dolore en Menorca, no deja de tener valor simbólico recordar que uno de los grandes avances en el tratamiento del dolor, la anestesia epidural, fue desarrollada por el médico militar Fidel Pagés, quien, de forma curiosa, tuvo entre sus destinos la propia isla. Un siglo después, Menorca vuelve a situarse en el mapa internacional del abordaje del dolor, conectando pasado y presente en una misma vocación: aliviar el sufrimiento humano.

La inauguración contará además con la presencia de destacadas autoridades institucionales, entre ellas el Jefe de Estado Mayor del Ejército, Amador Enseñat y Berea, la presidenta del Govern balear, Marga Prohens,  el presidente de la Organización Médica Colegial de España, Tomás Cobo Castro, así como con perfiles divulgativos como el cardiólogo José Abellán. Por último, señalar que la Gran Gala Sine Dolore, contará con la madrina del SDWP, Irene Villa, y se entregarán los premios Excelencia Sine Dolore World Park y el Praemius Meriti Sine Dolore, que serán concedidos por Amador Enseñat y Berea y Marga Prohens, respectivamente.

Detrás de este modelo —que ha llegado incluso a presentarse en foros internacionales y aspira a convertirse en un Davos del dolor— está el anestesista Jordi Moya, una figura que lleva décadas intentando cambiar la forma en la que entendemos el sufrimiento crónico.

Dr. Jordi Moya: «El dolor no se ve, pero destruye vidas enteras»

Cuando Jordi Moya volvió a Menorca en los años 90, lo hizo con una idea clara: implantar una unidad del dolor. Lo que encontró fue un sistema que, directamente, no contemplaba esa necesidad. «En aquel momento el tratamiento del dolor prácticamente no existía como especialidad organizada. No era prioritario», recuerda.

Aquella falta de estructura no lo frenó, pero sí marcó el tono de sus primeros años. «Empezamos de forma casi improvisada. Aprovechábamos consultas, huecos… pacientes que venían a preanestesia y que, en realidad, lo que necesitaban era otra cosa: dejar de sufrir», explica. Muchos de ellos llegaban con historiales interminables y tratamientos desordenados. «Veías bolsas llenas de medicamentos: analgésicos, corticoides, ansiolíticos… pacientes intoxicados, sin control real. Eso te hacía entender el nivel de desesperación».

¿Aquello era una excepción o un síntoma de algo más profundo? Era un reflejo claro de que el sistema no estaba preparado para tratar el dolor crónico. Y en muchos casos, todavía no lo está del todo.

Para Moya, el problema tiene una raíz compleja: el dolor no encaja bien en la medicina clásica. «No se puede medir como una tensión arterial o una analítica. Es subjetivo, pero eso no lo hace menos real. Al contrario: lo hace más difícil de abordar». Y añade un matiz clave: «el dolor nunca afecta sólo al paciente; acaba afectando a toda la familia».

En 2003, tras años de insistencia, logró poner en marcha la Unidad del Dolor en Menorca. Pero pronto entendió que el problema iba más allá de la consulta. «Podíamos tratar pacientes, sí, pero no cambiar la percepción social del dolor. Y sin eso, siempre íbamos a llegar tarde».

Dr. Jordi Moya: «Sin cambiar la sociedad, no cambiaremos el dolor»

Ahí nace en 2004 Sine Dolore, una iniciativa impulsada junto a médicos y también ciudadanos de perfiles muy diversos. «Había enfermeras, un abogado, un economista, incluso un pescadero. Era una forma de decir: esto no es sólo un problema médico, es un problema social».

— ¿Tuvo que recurrir a la sociedad civil porque la administración no llegaba? Más que no llegar, no veía la magnitud del problema. El dolor es invisible, y lo invisible cuesta priorizarlo.

El proyecto fue creciendo hasta convertirse en un foro internacional, pero con una idea diferencial: salir del hospital. «No queríamos un congreso más. Queríamos que el conocimiento llegara a la gente». De ahí surge el concepto del Sine Dolore World Park: convertir Menorca en un espacio donde toda la isla participa en la lucha contra el dolor.

Durante esos días, médicos de distintos países no sólo dan ponencias científicas, sino que recorren los municipios ofreciendo charlas abiertas a la población. «Hoy tenemos decenas de especialistas implicados directamente con la sociedad. Eso no ocurre en otros congresos», afirma.

—¿Por qué funciona en Menorca y no en otros lugares? «Porque aquí entendimos que el entorno también cura. No es solamente la ciencia; es cómo la haces llegar».

El reconocimiento internacional no tardó en llegar. El proyecto ha sido presentado en el Parlamento Europeo y en Estados Unidos, con el respaldo de instituciones científicas de primer nivel. Pero Moya sigue señalando una paradoja: «a veces se valora más fuera que dentro».

—¿España sigue infravalorando el tratamiento del dolor? Se ha avanzado, pero no al ritmo que debería. El dolor crónico afecta a millones de personas y sigue sin tener el peso que merece en las políticas sanitarias.

Para él, el verdadero problema no es solamente médico, sino cultural. «Como no se ve, se minimiza. Y eso genera incomprensión. El paciente con dolor crónico muchas veces se siente solo, incluso cuestionado».

Dr. Jordi Moya: «El paciente con dolor vive solo, incluso acompañado»

Por eso insiste en un cambio de enfoque: «no basta con recetar. El dolor necesita un abordaje multidisciplinar: médico, psicológico y social».

Tras casi tres décadas de trabajo, mantiene intacta la misma idea que lo empujó a empezar casi en solitario: hacer visible lo invisible.

—¿Qué le preocupa hoy más: el dolor o la indiferencia? El dolor siempre ha estado ahí. Lo que preocupa es que aún no lo entendamos del todo.

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