El ‘tesisgate’ no puede quedar impune
El ‘tesisgate’ –con ‘negro’ incluido– de Pedro Sánchez es una afrenta gravísima contra la honorabilidad de todo el colectivo académico y una mancha que ningún Gobierno debe sufrir. Por eso, no debe quedar impune. A pesar de la disolución de las Cortes Generales, el PP pretende acelerar la investigación sobre el plagio del aún presidente del Gobierno desde la Diputación Permanente del Senado y llamar a comparecer al propio Sánchez, así como al escriba Carlos Ocaña, el que fuera jefe de Gabinete del ex ministro de Industria, Miguel Sebastián. Unos interrogatorios en los que ambos tendrán que decir la verdad irremediablemente, aunque ésta contribuya a destruir la falsa integridad que Sánchez ha intentado mostrar tras conocerse su plagio. Si no lo hacen, si optan por el falso testimonio, estarán incurriendo en un delito de desobediencia tipificado en el Art. 502 del Código Penal, una infracción que conlleva penas de prisión de seis meses a un año.
Es un verdadero escándalo que Sánchez no haya dimitido por el descarado y demostrado pirateo de su tesis doctoral, así como por la manipulación del tribunal de la Universidad Camilo José Cela (UCJC). Un cuadro académico que, no sólo corrió un tupido velo sobre la apropiación indebida de la información elaborada por otra persona, sino que, además, dispuso que la calificación del jefe del Ejecutivo fuera la máxima: cum laude. Una inmoralidad de Sánchez –que ya se cuentan por decenas– que debe ser investigada por la citada comisión de la Cámara Alta promovida de manera acertada por el PP y también por la propia universidad, algo que, de manera inaudita, no ha sucedido.
Sánchez, que presumiblemente se presentará como candidato a la Presidencia el 28-A, está incapacitado para gobernar un país. No sólo porque ponga a la nación en manos de los independentistas catalanes como almoneda para sus propósitos políticos –que también–; sino porque España, como cualquier país serio, requiere de un gobernante que pueda enarbolar la bandera de la honestidad, la decencia y la transparencia sin avergonzarse. Un político debe conservar por encima de todo su decencia, por ello, en ningún caso, los reprobables actos de Sánchez pueden quedar exentos de castigo.
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