Sanchismo ‘OnlyFans’

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En la izquierda presumen de defender al obrero como seña de identidad y marca de fábrica, argumento que todavía les servía cuando Marx tenía crédito entre el proletariado más bizcochable, fundido a propaganda por esa élite zurda que ha vivido de no dar un palo al agua, principio fundacional de la internacional socialista del crimen. Toda época de predominio político y social de la izquierda ha venido acompañada de un séquito no menos vasto de amanuenses orgullosos de su papel de escribas de la corte. Y en la España sanchista, esa costumbre se ha convertido en metástasis sistémica que explica que aún no hayan ardido los ministerios. En Madrid, de corte a checa, Foxá lo resume a la perfección: la progresía política y cultural poblaba los principales cafés y restaurantes de la capital al día siguiente de hacerse con el poder. La revolución, en realidad, no fue más que un sentimiento de envidia. Y ese motor que ha movido siempre al zurdo, aún sigue entre nosotros.

En toda multinacional del trinque, las terminales mediáticas del régimen juegan un papel esencial. Los leirelizados activistas del sanchismo, fecundos jornaleros de la trola, rezan estos días para no aparecer en la agenda de la matachari (en feliz descubrimiento de Ayuso) de Ferraz, una militante que llegaba -con la facilidad dada por un pase VIP presidencial- a amenazar a las altas esferas del Estado si osaban investigar al amado líder o al partido que todo lo roba. Aparecer en la agenda de una descosida moral que usaba el apadrinamiento de su sanchidad para tejer redes mafiosas de presión y seguimiento haría caer a las profundidades del descrédito a más de una palmera de la superioridad moral. Pero no aquí. No en la España del todo vale.

De ahí que salgan todos los cloaqueros mediáticos de la lista de Leire a defender la inocencia de Zapatero, la maldad de los jueces que instruyen su causa y la persecución de una justicia que no les deja mentir y delinquir en paz. No carguemos las tintas contra esos panfletos: sus directores pagan las facturas por el dinero que el Gobierno les transfiere cada mes en publicidad y subvención. Pero están nerviosos y se les nota. Apuran a toda prisa la suscripción a OnlyFans a una forma de hacer política tan criminal como pornográfica. Pero a ellos y a su maloliente reputación, también les llegará la hora.

Lo cierto es que entre todos han terminado de sepultar lo que quedaba de unas siglas centenarias, cuyos miembros presumen de legendaria honradez donde siempre hubo delincuencia organizada. Ahí cobraba hasta el apuntador, por supuesto en facturas falsas, porque el Psobre es bueno en lo suyo. Y manipulando la realidad y malversando conciencias ajenas, es el mejor. Zapatero, no lo duden, acabará en la cárcel y sin amigos. Su horizonte judicial es tan negro como la credibilidad de esos activistas onlyfaneros dedicados a proteger lo que ya es incorregible: que España sigue siendo como la madre que la parió.

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