Sánchez en el rincón de pensar de la OTAN

Opinión Carla de La Lá
  • Carla de la Lá
  • Escritora, periodista y profesora de la Universidad San Pablo CEU. Directora de la agencia Globe Comunicación en Madrid. Escribo sobre política y estilo de vida.

Dicen en los manuales geopolíticos que las cumbres internacionales se cocinan en los despachos y es mentira. El verdadero estado del planeta y sus mandamases se mide en centímetros a derecha e izquierda de Mr. Trump, en número de señoras en las cumbres y, por qué no, en rebeldías de vestuario. El último «retrato de familia» de la OTAN en Ankara es una radiografía preciosa y brutal, un retrato costumbrista de las catacumbas y los egos infernales de Occidente 2026.

Miren la foto, uniformados sobre la moqueta, como alumnos de colegio privado. En estas citas no te pones donde te da la gana ni al lado de tu mejor amigo; ni interesa la estatura. Hay unas pegatinas en el suelo que dictan tu sentencia política. El protocolo te arrastra de la oreja y te dice exactamente quién eres. La excusa oficial es el abecedario, pero qué curioso que la burocracia siempre deje a los que pagan en el centro.

Y luego que la geografía del poder es tozuda. En el centro exacto de la primera línea, ejerciendo de sol impepinable sobre el que orbita el resto del género humano, emerge Donald Trump. Cabello y corbata amarillos y ese lenguaje corporal de quien acaba de comprar la Alianza Atlántica y está pensando en cambiarle el nombre por el de su cóctel favorito. A su lado, el secretario general Mark Rutte y el anfitrión Erdogan le hacen los coros con sonrisa tensa.

Pero el ojo se desvía inevitablemente hacia el gran disruptor de la etiqueta. Ahí está Edi Rama, el primer ministro de Albania, rompiendo el manual de protocolo por los pies. En un mar de Oxford negros y mocasines circunspectos, sus histriónicas zapatillas deportivas en blanco cegador relucen como un faro de desobediencia civil y streetwear institucional. Dos metros de ex baloncestista que decide pasar de la etiqueta con una impunidad en clave VIP Noche y muy Emilio Aragón. Es la frivolidad permitida del club:
puedes ir en Crocs al fin del mundo siempre que no molestes al conductor. En su descargo aclaró que no son de firma de lujo tipo Gucci Sport; las zapatillas de Rama son unas modestas Adidas («porque fui jugador de baloncesto y sigo siéndolo por dentro»).

Luego está el deprimente test de Bechdel de la Alianza. Hay que afinar la vista para encontrar a las cuatro mujeres de comparsa que salpican este desierto de testosterona, aportando la cuota de pantalla justa para que no parezca una logia masónica o una timba de póker. Puaj.

El clímax para los españoles: el rincón de pensar. Ahí, congelado en el extremo más absoluto del encuadre, como ya es tradición, encontramos a Sánchez en un traje azul claro que busca desesperadamente un poco de luz, un abrazo y una taza de chocolate.

Toda esta coreografía es la parte fácil de contar. Trump ha vuelto a señalar a España como el socio que no se implica y no paga y ha repetido la amenaza de cortar toda relación comercial con el país. Cuando suelta estas cosas, pienso que habla al electorado. El destinatario del insulto casi nunca es quien lo recibe.

De nuevo Sánchez, la viva imagen de la doctrina del rincón, el poder militar de Occidente sigue apestando a varón dandy; los demás hacen equilibrismos retóricos para no desatar la furia arancelaria del magnate… Y Trump piensa: «Hey tiempo, hey vino… ¿cuándo vais a ponerme en mi sitio?»

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