INCENDIOS FORESTALES

Los ganaderos de Burgohondo a Sánchez: «No se atreve a venir aquí y decirnos a la cara lo del cambio climático»

"Nuestros antepasados limpiaban el monte, ahora se gestiona desde oficinas y pasa esto"

"Los medios tardaron en llegar", denuncian los vecinos de la 'Zona Cero' del incendio de Ávila, que cumple ya 6 días

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  • Sira Lobato / Isaac Chavida
  • Burgohondo (Ávila)

Los ganaderos de Burgohondo (Ávila) desafían a Pedro Sánchez a que les visite y les diga en persona que el horror que están viviendo se debe a la «emergencia climática», tal y como el presidente del Gobierno repite cada día en sus comparecencias públicas sin preguntas: «Sánchez no se atreve a venir aquí y decirnos a la cara lo del cambio climático». Ellos tienen claro que no es así y que la ruina a la que se enfrentan tiene que ver con el abandono del campo y de los bosques, convertidos, sin limpiar, en auténticas bombas explosivas en cuanto salta la mínima chispa: «Nuestros antepasados limpiaban el monte, ahora se gestiona desde oficinas y pasa esto».

OKDIARIO visita la zona cero del incendio de Ávila, que cumple ya seis días y que, de allí, se extendió al Valle del Tiétar. Los lugareños denuncian con claridad que los medios tardaron en llegar hasta este pequeño y bellísimo rincón del Alto Alberche abulense: «Estaban todos pendientes del incendio de Guadalajara y tardaron en venir». Son las horas críticas en que un fuego se convierte en el infierno o en una anécdota.

Hay rincones de España que casi no existen en el mapa mental de nuestros gobernantes: «Estamos abandonados». Tal es así que les contamos que Sánchez estuvo el domingo en el Centro de Mando de Navaluenga y ni se habían enterado. «Debió de venir por debajo de la tierra o en helicóptero y se fue», bromea Jesús. Nadie vio a Sánchez porque Sánchez no se ha juntado aún con los afectados por los incendios de Madrid, Ávila y Castellón. El domingo no acompañó a los Reyes a Villamanta (Ayuso sí estuvo) para evitar que se repitieran las escenas de tensión de Paiporta, en Valencia, tras la DANA.

La familia de Jesús lleva varias generaciones dedicadas a la ganadería. Confiesa que estos días ha llorado viendo el panorama: «Somos gente fuerte pero alguna lágrima se nos ha escapado». A su lado, David, de famlia burgondeña de siempre, asiente: «A mí también». A Jesús y David se les nota cansados, pero enteros.

Jesús y David se ofrecen a meternos en la boca del lobo: en el paisaje que arrasó una de las zonas más verdes de España. Nos subimos a su todoterreno. A la salida del pueblo varios camiones esperan con enormes balas de heno para el ganado que se quedó en las fincas rodeado por el fuego.

Dejamos la carretera y nos adentramos por caminos. Impacta mirar a derecha e izquierda y no ver más que campos teñidos de negro. Es lo más parecido a lo que podemos imaginar de la Luna. Un infinito de gris y naturaleza muerta. Durante el trayecto, Jesús se para en varios troncos aparentemente intactos por fuera, pero huecos, y nos explica lo fácil que puede ser que el fuego se reavive en cualquier momento: «No es que estén huecos. Por fuera están bien pero se han quemado por dentro y no lo vemos».

Pasarán semanas hasta que desaparezca el riesgo completo de que el fuego renazca, nos cuentan David y Jesús. Pasará mucho más tiempo hasta que Burgohondo se recupere y el verde vuelva a brotar. Para entonces, la prensa ya se habrá ido y los focos de las televisiones se habrán apagado. Para entonces, casi seguro, las promesas de los políticos se habrán incumplido de nuevo y ellos habrán vuelto al abandono y al olvido de siempre. «El pueblo ayuda al pueblo», tiene claro David. Para entonces, sólo quedarán ellos mismos para afrontar el futuro.

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