Marlaska & Robles
La persona de Abdellatif Hammouchi, director de la Policía y de los Servicios Secretos marroquíes, fue el cerebro de la operación invasión de Ceuta (por orden de su dueño y señor Mohamed VI, faltaría más), amigo del pequeño Marlaska y al que condecoró no hace ni siquiera dos meses.
Con esto estaría dicho casi todo del ministro del Interior más indigno, superado y lamebotas que ha pisado este reino desde tiempo inmemorial. El que se deshace en elogios baboseantes durante los consejos de ministros hacia aquel que le nombró hace ocho años ministro (cargo que ya persiguió con ahínco durante la etapa Rajoy, aprovechando su amistad personal con Mercedes, la hermana del gallego) durante una cena en un bar de Malasaña ha demostrado que no es el ministro del Interior de España, sino de Pedro Sánchez, por el que bebe los vientos.
Su historia al frente de lo que se considera un «ministerio de Estado» es un poema con ribetes negros adobados con tintes cercanos a determinados delitos en una autoridad nacional. Por de pronto, y frente a todo sentido común, cuenta con el aplauso de su adorado conducator, algo que dice mucho del estado degradatorio que envuelve a ambos.
Por su parte, Margarita Robles ha entrado en el Libro Guinness de los Récords. Jamás, jamás de todos los jamases, un gobierno «progresista» (¡amos, anda!), ni conservador, ni stalinista, ni franquista, ni de extremo centro, había lanzado un comunicado oficial gubernamental poniendo al pairo a una de sus ministras más silentes y a la par relevantes.
Robles lleva desde el 2016 al lado de Sánchez, que la ha vituperado (¿recuerdan que la llamó «pájara»?) y despreciado en multitud de ocasiones. ¿Por qué sigue a su lado? Nunca se vio por estos lares que una ministra de Estado (Defensa) haya tragado con todos los desaguisados antidemocráticos, incluso antilegales, perpetrados por su jefe. Y ella lo sabe. Ya no hay vuelta atrás. Pasará a la historia como Cristina Garmendia, que decidió subirse al carro de Rodríguez Zapatero y, desde entonces, la historia no le perdona.