A Quentin Deranque le asesinó la extrema izquierda
Quentin Deranque tenía sólo 23 años y era un estudiante de matemáticas de Lyon, Francia. La prensa le ha catalogado como «nacionalista» porque algún colectivo que se califica así le ha llamado «camarada». También pasó por Action Française, una organización monárquica. Lo que sí se le puede considerar es un católico ferviente, fruto de una conversión de hace poco. También colaboraba con el colectivo Némésis, un grupo feminista conocido por su oposición a la inmigración y al islamismo. Sus miembros suelen acusar de la mayor parte de la violencia sexual a inmigrantes y a musulmanes. Fue este grupo el que convocó una manifestación en septiembre de 2024 para denunciar el asesinato de Philippine, una estudiante de 19 años, a manos de un marroquí de 22 años, ya condenado por violación y que va a ser deportado a su país de origen.
El jueves 12 de febrero del 2026, Deranque actuaba como personal de seguridad para un grupo de unas 15 militantes femeninas de Némésis que protestaban contra una conferencia de la eurodiputada de La Francia Insumisa -del partido de Jean-Luc Mélenchon-, la palestina de origen Rima Hassan. Hassan es una figura pro-palestina muy criticada por sus posiciones sobre Israel, que muchos (yo misma) consideran antisemitas o cercanas al islamismo. La protesta se realizaba en los alrededores de Sciences Po Lyon, con pancartas contra «los izquierdistas islamistas en las universidades». Según la investigación de la Fiscalía de Lyon, Deranque fue derribado y golpeado brutalmente por «al menos seis individuos encapuchados» vinculados a grupos antifascistas, mencionando a La Jeune Garde (LFI ). Este grupo de extrema izquierda se autocalifica como «antifascista», lo que hoy en día es un pasaporte para el abuso y la violencia. Efectivamente, el joven Quentin fue atacado por ellos con gran ferocidad recibiendo fuertes patadas en la cabeza mientras estaba en el suelo. Esto le causó una lesión cerebral de la que murió dos días después, el sábado 14 de febrero. La Justicia lo investiga como «homicidio voluntario con agravantes». El propio Gobierno francés acusó directamente a la «ultraizquierda» y a LFI de generar un «clima de violencia» con su discurso. Hubo concentraciones en París exigiendo justicia, con banderas y cruces.
Hace años que la extrema izquierda es mucho más temible que la extrema derecha. Yo misma lo denuncié en el Parlamento Europeo con datos de las fuerzas de seguridad de los países miembros y de EUROPOL. Nunca olvidaremos el horrendo asesinato de Pim Fortuyn, político neerlandés de la derecha anti-inmigración y crítico del islam, que fue disparado mortalmente el 6 de mayo de 2002 por Volkert van der Graaf, activista ecologista y de derechos animales de la izquierda. Van der Graaf confesó que lo mató para «proteger a los musulmanes de ser chivos expiatorios». Es uno de los primeros casos claros de asesinato político por un militante de extrema izquierda en la Europa del SXXI.
La extrema izquierda europea tiene una larga y sangrienta historia terrorista. En los años 70-90, militantes de la RAF (Fracción del Ejército Rojo) en Alemania fueron autores de atentados con bombas y secuestros. Las Brigadas Rojas en Italia mataron a Aldo Moro en 1978, además de cientos de atentados. Action Directe en Francia fue ejecutora de diversos asesinatos de empresarios y policías. ETA en España dejó un rastro de muerte y desolación, por no hablar de que aún hay 300 casos sin resolver (y Pedro Sánchez ha tratado de blanquear a sus herederos, para su vergüenza eterna). O el grupo Células Comunistas Combatientes en Bélgica y la Organización 17 de Noviembre en Grecia. En total, cientos de muertos y miles de atentados.
Si vamos a casos más reciente, entre 2020 y el 2026, hemos de resaltar ataques como el de Breivik 2011 o Halle 2019, llevados a cabo por sujetos simpatizantes de la ultraderecha. Pero según el informe Europol TE-SAT 2025 (datos de 2024), hubo 21 ataques de la extrema izquierda y de anarquistas en la UE frente a solo 1 de extrema derecha, principalmente en Italia (18) y Grecia. Sobre todo atentados contra bancos, coches de policía, incendios y agresiones a agentes. Pocos de carácter tan letal como el que ha quitado la vida a Quentin, pero con violencia callejera frecuente y con esas «cacerías» antifas que tanto les caracterizan.
El caso Deranque ilustra la escalada actual en Francia. La violencia política es condenable siempre, venga de donde venga. Los datos de Europol y think-tanks muestran que ninguna ideología tiene monopolio de la barbarie, pero la ultraizquierda mantiene una tradición de «violencia revolucionaria» que no desaparece. Por eso es deprimente que la prensa y diversos medios en España señalen al joven Quentin como un «ultra» y no definan como tal al grupo de extrema izquierda que lo asesinó.
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