El punto débil de Salvador Illa

El último pleno del Parlamento catalán puso en evidencia una vez más el punto débil de la izquierda: la relación causa-efecto entre inmigración e inseguridad ciudadana. O, al menos, de una parte de la inmigración. No vayamos a generalizar.
En efecto, Salvador Illa tuvo que aguantar las embestidas tanto de Ignacio Garriga, de Vox, como de Sílvia Orriols, de Aliança Catalana. Los dos partidos que más inciden en la cuestión y que, a buen seguro, sacarán rédito electoral en las próximas elecciones.
No en vano, Cataluña estaba hasta ahora en el top ten de okupaciones y plantaciones de marihuana. Pero últimamente se han disparado también los apuñalamientos y los tiroteos. Estos últimos, uno cada cuatro días. Entre un 35 y un 45% más.
Empezó el secretario general de Vox recordando que el pasado día 2 una mujer de 42 años, de nacionalidad china, «fue degollada por un salvaje de origen magrebí al grito de ‘¡Alá es grande!’». Illa ni siquiera negó este extremo. Además, en Esplugas. Al lado de Barcelona. Zona bien. Nada de un barrio cutre.
Garriga recordó a continuación que el asesinato «no ha merecido la atención de esta cámara», que se negó a guardar un minuto de silencio. También que Illa «ha sido incapaz de condenarlo». En cambio, dedicó dos tuits a la flotilla. No ha sido, por otra parte, la única muerte violenta desde entonces. En los últimos días ha habido dos más en la Zona Franca y en l’Hospitalet.
El president se defendió con la cantinela habitual de que «quien la hace, la paga». Pero el número dos de Abascal contraatacó con datos oficiales: «Los Mossos d’Esquadra acaban de decir que el 60% de las agresiones sexuales, el 80% de los hurtos y el 70% de los robos con violencia han sido cometidos por extranjeros».
El líder del PSC va con pies de plomo en estos asuntos. A pesar de que el 52% de los internos en cárceles catalanas son de origen extranjero. Solo distingue, según sus propias palabras, entre «los que cumplen la ley y los que no». «Los que no la cumplen serán puestos delante de la Justicia y pagarán de acuerdo con nuestro código de convivencia», aseguró en su turno de réplica.
Sin embargo, dos detalles lo delatan. El primero, eso que no diferencia entre autóctonos y extranjeros porque sería, en buena medida, echar por tierra el discurso de la izquierda de que todo el mundo es bueno. En plena polémica, además, por la regularización de tres millones de personas. El segundo, que al Código Penal lo llama «Código de Convivencia».
Por eso, los votantes en barrios populares huyen a opciones de derecha e incluso más allá. Se sienten abandonados por los suyos. Todo está cogido con pinzas.
Acabó de rematar a la alcaldesa de Ripoll, que no se anda por las ramas. «Entre casos aislados y brotes psicóticos, los catalanes pronto no podremos ni salir a la calle», empezó en modo irónico.
Luego cargó contra el «multiculturalismo» porque «el único contacto que tienen la mayoría de los aquí presentes con la inmigración es vía criada o jardinero».
Me temo que, en esto, también tiene razón. No conozco a ninguna señoría que viva en Can Anglada, Rocafonda o Llefia, por citar algunos de los barrios más problemáticos de Cataluña. Todos, por supuesto, con elevados porcentajes de inmigración.
En este punto, me vino a la cabeza Pablo Iglesias; que, en cuanto prosperó, dejó Vallecas por una zona residencial en Galapagar. Ya de paso, matriculó a sus hijos en una escuela privada.
Sílvia Orriols también aportó cifras: «Once mil armas blancas requisadas durante el último año por el cuerpo de los Mossos d’Esquadra». «Pero este Gobierno decide comprarles chalecos antibala que no paran ni los punzones ni las puñaladas», continuó.
La semana pasada, por ejemplo, un agente se jugó el tipo en Reus. Al final, consiguió convencer a un joven que llevaba un cuchillo de grandes dimensiones de que desistiera después de haber herido ya a otro colega.
Salvador Illa volvió a diferenciar entre «los que respetan la ley y los que no». «Es la única distinción relevante», insistió. Hasta puso a la líder de Aliança en el mismo saco que Netanyahu por aquello de que viene el coco y qué mala es la ultraderecha.
Terminó augurando que la también alcaldesa no tiene futuro político alguno. «Usted es el pasado, un pasado que ya ha demostrado sus límites y su fracaso», concluyó.
Creo que, como hombre del tiempo, no se ganaría la vida. Lo veremos en las próximas elecciones autonómicas. E incluso antes: en las municipales del año que viene. El presidente de la Generalitat no se da cuenta de que le está haciendo la campaña gratis a Orriols a base de augurar su fracaso y aplicarle cordones sanitarios. Tiempo al tiempo.
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