Opinión

El plan alemán: soldados de 70 años contra Putin

  • Pedro Fernández Barbadillo
  • Columnista de Internacional. En la editorial Homo Legens ha publicado 'Eternamente Franco' y 'Los césares del imperio americano'. Su último libro es 'Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español' (Almuzara).

Hoy no hay excusas. Con el universo de datos y de foros al que podemos acceder desde el teléfono nadie puede decir ya, sin ser calificado merecidamente de vago o de tonto, que sus cotizaciones a la Seguridad Social se amontonan en una cuenta para pagarle la pensión cuando se jubile. Tampoco que la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán no le va a perjudicar, porque los petroleros parados iban a China. No se trata de tecnología, sino de actitud. Muchos españoles prefieren dedicar horas de su tiempo a cualquier asunto, sobre todo vinculado con el fútbol o el cotilleo, que a asomarse al resto del mundo, salvo cuando buscan destino para sus vacaciones.

En consecuencia, las secciones de internacional de los periódicos y las cadenas de televisión españoles se reducen a los villanos habituales, como Donald Trump y Vladimir Putin; a alguna catástrofe, como una inundación, atribuida al cambio climático; y a una guerra cercana, pero ésta cubierta con brevedad, porque la audiencia se deprime. Y así se mantiene a la mayoría ignorante de lo que sucede incluso dentro de la Unión Europea.

En Alemania, el país que sostiene la UE y, también, el que impone a sus otros miembros políticas internas, como la descarbonización y el acuerdo con Mercosur para impulsar su industria, se están produciendo unos cambios que no tardarán en extenderse a España, pero que los ciudadanos desconocerán hasta la víspera de publicarse en el BOE.

Por ejemplo, el Gobierno alemán, formado hace un año por una coalición entre populares y socialistas, reconoce que fue un error abandonar completamente la energía nuclear e intenta devolver a cientos de miles de inmigrantes a sus países. En España, por el contrario, el Gobierno socialista, sigue emperrado en cerrar las centrales nucleares y acelera la gran sustitución, con la entrega de documentación y dinero a nuevas oleadas de inmigrantes.

Desde la invasión de Ucrania en 2022, los gobiernos alemanes (formados por socialistas, ecologistas, populares, o liberales) consideran a Rusia una amenaza y para enfrentarse a ella han aprobado un rearme y la expansión de sus fuerzas armadas (ya hay una base abierta en Lituania). Se han roto así dos tabúes establecidos desde el fin de la Guerra Fría: la recuperación de la potencia militar del país y la aceptación del déficit, que se usará para pagar ese rearme.

El Ministerio de defensa, dirigido por un socialista, ha elaborado una estrategia militar uno de cuyos objetivos es construir (otra vez) el Ejército convencional más fuerte de Europa y se plantea disponer de al menos 460.000 militares en activo y en la reserva para mediados de la próxima década. En marzo de 2025, antes de que tomase posesión el nuevo Bundestag elegido en febrero, se aprobó una reforma constitucional para permitir el endeudamiento en hasta un 1% del PIB para inversiones en defensa.

Sin embargo, el reclutamiento no está funcionando como le gustaría a la partitocracia. Pareciera que los cada vez más escasos jóvenes alemanes no están dispuestos a arriesgar su vida por un país donde se les desprecia, se les ignora y se les explota. Sufren los mismos problemas que los españoles de precariedad, sueldos estancados, falta de vivienda y postergación frente a los extranjeros.

Ante la falta de reclutas, el diputado democristiano Bastian Ernst, de 39 años, recién nombrado presidente de la Asociación de Reservistas, ha propuesto que la edad límite para los reservistas se aumente de 65 a 70 años edad, al igual que la edad de jubilación, que ya se debate aplazarla hasta los 73 años, porque las pensiones públicas son insostenibles. Servicio militar para ancianos, como en 1945.

El Estado de Bienestar también se va a reformar, pero para recortar sus prestaciones. Tal como ha anunciado el canciller Merz (CDU), el gobierno quiere suprimir un gasto de 38.300 millones de euros para 2030. Uno de los cambios más impopulares es la supresión de la cobertura gratuita para los cónyuges que no cotizan. Estos deberán aportar una contribución mínima del 2,5% de los ingresos del cónyuge asegurado, con excepciones para familias con hijos pequeños, cuidadores o pensionistas, para mantener la cobertura. También se subirán los copagos por medicamentos y hospitalización.

Los tijeretazos no afectan al descomunal gasto que causa la atención de millones de inmigrantes extracomunitarios. Aquí se comprueba el fracaso de la decisión de las élites políticas y empresariales de apostar por la inmigración para rejuvenecer la demografía y tener mano de obra barata.

Los inmigrantes del mundo entero a los que la canciller Angela Merkel invitó en 2015 no sólo no se han convertido en trabajadores cualificados, sino que, además, son la principal causa del aumento del gasto social y, también, de la delincuencia y del terrorismo yijadista. En 2025, la Agencia Federal de Empleo distribuyó cerca de 47.000 millones en ayudas sociales (el Bürgergeld). Un 46% de esa cantidad lo recibieron personas sin nacionalidad alemana.
A España también llegarán el rearme, el reclutamiento de jóvenes (¿se apuntarán inmigrantes a defender el país de acogida, donde reciben educación y sanidad gratuitas?) y los recortes del Estado de Bienestar. La edad de jubilación, por ejemplo, se elevará hasta los 67 años en 2027, tal como aceptó hacer Rodríguez Zapatero en 2010 por imposición de Bruselas.

Las oligarquías alemanas preparan a sus súbditos para trabajar hasta los 75 años y servir en el Ejército hasta los 70. ¿Pero quiénes van a dar su vida por defenderlas, sea frente a Putin o a la emergencia climática? ¿Cuál podría ser el siguiente paso: limitar la pensión de jubilación al veterano militar?