Pedro Sánchez en el planeta de los nimios

Pedro Sánchez
  • Pedro Corral
  • Escritor, investigador de la Guerra Civil y periodista. Ex asesor de asuntos culturales en el gabinete de presidencia durante la última legislatura de José María Aznar. Actual diputado en la Asamblea de Madrid. Escribo sobre política y cultura.

Los últimos movimientos políticos de Pedro Sánchez, o cabría decir espasmos, como de final de un proceso decadente multiorgánico, permiten aventurar que quien debe el inquilinato de La Moncloa a proetarras, golpistas y comunistas está sometido a una fuerte terapia de choque para tratar de atenuar sus alarmantes contradicciones.

Me refiero a sus apariciones en redes sociales como dueño de la casa que le pagamos todos, con su interminable desfile de apariencias como hombre modesto y natural, sencillo y cercano, chistoso y llano.

Sólo le falta aparecer pasando el plumero por su colección de Quijotes y Sanchos, cuyos polvos se limpian también vía contratas millonarias de limpieza como todos los lodos que sepultan hoy a su Gobierno, pero a costa de los presupuestos que lleva tres años sin presentar.

Su afán coleccionista de los personajes de Cervantes nunca podrá despejar la sospecha de que Sánchez no se ha leído El Quijote, salvo que lo hiciera para presentarse a algún examen, lo que tampoco significaría nada a la vista de la porosidad de su tesis doctoral, que con tan extraordinaria facilidad parecía absorber lo ajeno.

De todos es conocido que Sánchez atribuyó erróneamente al libro de Cervantes el dicho «Ladran, luego cabalgamos». Don Quijote jamás dijo tal cosa a Sancho. Es más plausible que Sánchez se lo dijera a su fiel escudero Ábalos en los momentos en que las denuncias de corrupción comenzaron a morder las canillas de su Gobierno para en un futuro terminar devorándolo con Peugeot y todo.

Ese Pedro Sánchez que se despliega en TikTok como criatura virtuosa del ámbito doméstico, inmaculado morador de la cotidianeidad, alejado por unos momentos de la rutinaria pesadumbre del cargo (son las cinco y no he comido, yo estoy bien…), quiere hacernos creer además que nunca ha roto un plato.
Estas sesiones de entrenamiento de la conducta a que se somete Sánchez en redes sociales, no se sabe si autoimpuestas o recetadas por expertos, no son un ejercicio de mercadotecnia política como el falsario CIS, sino una compensación terapéutica a los desmesurados ataques de megalomanía caudillista que le asaltan cada vez más frecuentemente.

Sánchez va ya sin bridas, en una galopada delirante hacia esa nueva unidad de desatino en lo universal en la que nos están embarcando sus falanges. Su cumbre «en defensa de la democracia» de este fin de semana estaba esperando que un Winston Churchill acuñara otro sobrenombre tan acertado como el del Telón de Acero, como llamó el primer ministro británico a los países del Este europeo sometidos bajo la bota de Moscú.

A la vista de la trayectoria del anfitrión y de algunos de sus invitados, bien podría servir para el soviet convocado en Barcelona el nombre del «Teflón de Acero». Así titulaba el británico The Times un editorial sobre Pedro Sánchez, Don Teflón, que era el apodo del mafioso italoamericano John Gotti, líder del clan de los Gambino.

La cita progresista en Barcelona fue más bien una cita pobresista, pues todos estos líderes aman tanto a los pobres que no paran de crearlos. Además, la cumbre del Teflón de Acero terminó como cabía esperar por parte de los clanes allí convocados: con un llamamiento de Sánchez, Lula y Sheinbaum en defensa de la dictadura de Cuba.

Sí, al final era una cumbre «en defensa de la democracia», pero de la «democracia popular» cubana que lleva repartiendo muerte, cárcel, exilio, hambre y censura contra su pueblo desde hace casi setenta años, mientras la élite comunista, como sucede siempre en estos países, vive en un permanente agasajo a sí misma y a sus cómplices con todo lo que roba a sus ciudadanos.

La foto de Sánchez como cabeza de todos los teflones de la ultraizquierda mundial siguió a su visita a China, donde su máximo mandatario le regaló los oídos con aquello de que «está en el lado correcto de la Historia». Como le repiten también los terroristas de Hamás y Hezbolá o los sanguinarios ayatolás de Irán, éstos últimos añadiendo además su retrato a la cabeza de sus misiles.

Sánchez se ha creído el cuento chino porque debe de pensar que la mayor dictadura del mundo tiene que saber perfectamente si está del lado correcto de la Historia o no, sobre todo porque no tiene a nadie que le diga que está del lado incorrecto: para algo es la mayor cárcel del mundo para periodistas y abogados. Pero eso para Sánchez parece que no es un problema, sino una aspiración.

A la autocoronación de Sánchez en Barcelona como emperador del planeta de los nimios pero voraces xilófagos de los pilares que sostienen el Estado de derecho en sus respectivos países, le seguirá seguramente en los próximos días una nueva terapia de choque de ascetismo y humildad.

Nos esperan con toda probabilidad imágenes en TikTok del presunto líder planetario demostrando sorprendentes destrezas domésticas, desde su capacidad de adiestramiento de las lombrices de los jardines de La Moncloa en captación de fondos públicos bajo tierra como algunos de sus ministros, a sus habilidades en bricolaje para conseguir de una Constitución descuartizada un práctico remedio para calzar su butaca preferida porque no deja de tambalearse.

Al mismo tiempo que se congregaba en la Ciudad Condal aquel conjunto de ceros a la izquierda, subrayando en contra de lo pretendido la clamorosa irrelevancia internacional de Sánchez, una multitud arropaba y aclamaba al aire libre en Madrid a dos mujeres que representan el grito contra la opresión y la miseria del proyecto mil veces fracasado –todo para el pueblo, pero contra el pueblo– que pretende liderar el sanchismo.

La imagen de María Corina Machado e Isabel Díaz Ayuso saludando a los miles de personas congregadas frente al caserón de la Puerta del Sol, escenario de tantos momentos históricos, se ganó merecidamente este fin de semana un lugar imborrable en la memoria de los que amamos la libertad y la democracia.

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