Opinión

Pedro Sánchez demuestra que Pedro Sánchez miente

Que Pedro Sánchez conocía el seguimiento del CNI a los separatistas catalanes y que los servicios de inteligencia controlaban a Tsunami Democràtic es una obviedad. El presidente del Gobierno, como no podía ser de otra manera, estaba al tanto, por mucho que lo haya negado de forma reiterada, de la actuación del Centro Nacional de Inteligencia, que en todo momento ha hecho lo que debía. Los sediciosos han exigido la cabeza de la ministra de Defensa, Margarita Robles, por los supuestos casos de espionaje a los golpistas y Pedro Sánchez les ha entregado la cabeza de la directora del CNI como chivo expiatorio justificando que su destitución se debió al espionaje de los móviles que sufrieron varios miembros del Gobierno, incluido el suyo. Una ignominiosa mentira, porque la razón fue contentar a los sediciosos que le mantienen en La Moncloa. La prueba de que Sánchez estaba al tanto del seguimiento del CNI a los golpistas la ofreció el mismo Sánchez el 28 de octubre de 2019, en pleno estallido de la violencia separatista tras la sentencia del Supremo sobre el 1-0.

En una entrevista en Telecinco, Pedro Piqueras le pregunta: ¿Hay algún dato que pueda avanzarnos? (en relación con la investigación de Tsunami Democràtic y su vinculación a los dirigentes separatistas). La respuesta de Sánchez no admite dudas: «En esta cuestión no puedo adelantar nada, pero sí que le puedo garantizar que los servicios de inteligencia y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado están detrás de la cuestión y vamos a llegar hasta al final». Es la prueba del nueve de que Sánchez estaba al tanto de los seguimientos del CNI. Cómo será que hasta los propios servicios secretos recomendaron al Gobierno no ser tan explícito a la hora de señalar al CNI. Sánchez estaba al tanto del más mínimo detalle y desveló torpemente en televisión la actuación del Centro Nacional de Inteligencia contra el separatismo. Lo sabía Sánchez y lo sabían los golpistas, que han utilizado ahora el caso Pegasus para intentar acabar con la ministra de Defensa. En su lugar Sánchez les ha entregado la cabeza de la directora del CNI. Todo ha sido una gigantesca farsa. Una vergüenza que ha puesto en peligro la seguridad nacional para contentar a los sediciosos a los que les debe su continuidad en el Gobierno.