El «pacifista» Sánchez, ahora el defensor de los católicos en Israel

Pedro Sánchez, PSOE, Irán

A comienzos de este siglo, tras el atentado de las Torres Gemelas de Nueva York el 11 de septiembre de 2001, el 11-S, el mundo experimentó un auténtico «parteaguas» en la Historia. Una de las consecuencias de ese parteaguas afectó claramente a la UE, y fue la iniciativa de EEUU de establecer un nuevo vínculo transatlántico sobre el eje Londres/Madrid, que llevó al secretario de Defensa Donald Rumsfeld a afirmar que ese eje era el que sustituía al de París/Berlín sobre el que se construyó lo que él denominó como la «vieja Europa». El presidente español José María Aznar lo pactó con el presidente George Bush y el británico Tony Blair, inmortalizado en la famosa foto del «Trío de las Azores».

Allí dieron a EEUU apoyo político a su ofensiva sobre Irak para derrocar a Saddam Hussein y acabar con las «armas de destrucción masiva». El líder iraquí fue derrocado, pero esas armas nunca aparecieron. Francia y Alemania se opusieron a esa guerra en Irak, mientras España apoyó a EEUU, lo que provocó un enfrentamiento entre el gobierno de Aznar y los de París y Berlín, agudizado y motivado por la calificación dada por Rumsfeld a su «eje».

De ese acontecimiento nació la campaña del ‘No a la guerra’ en Irak, en la que España tuvo una participación militar muy limitada y apoyada en una resolución de la ONU. Todo ello sucedió en 2003 y, pese a ello, en las elecciones municipales y autonómicas de ese mismo año, la victoria del PP fue clara, como ha recordado Aznar estos días replicando las declaraciones de Sánchez al respecto. Es oportuno recordar que el domingo 14 de marzo de 2014 fueron las elecciones generales precedidas por el atentado en Madrid del 11-M, el jueves 11 de marzo, tres días antes de esas elecciones.

La izquierda, pese a estar movilizada por el ‘No a la guerra’ de Irak, tenía claramente perdidas las elecciones según todas las encuestas. Y aprovechó aquel trágico atentado de los 4 trenes cercanos a la estación de Atocha para culpar al gobierno del PP de ser el culpable de su comisión por haber dado apoyo a la guerra de Irak del año anterior. La conmoción de aquellos tres días provocó el vuelco electoral que llevó al PSOE con Rodríguez Zapatero a la Moncloa.

Han transcurrido 22 años de aquellos sucesos, y ahora Sánchez quiere actualizar aquella campaña yendo de Irak a Irán para intentar movilizar a las izquierdas y unirlas en torno a él. Haciendo olvidar los problemas que le rodean por los cuatro costados, con unos nombres propios—José Luis Ábalos, Koldo, Santos Cerdán—convertidos en un símbolo de lo que era su coalición autocalificada de «progresista y feminista». Que acumula ahora tres rotundas derrotas electorales—Extremadura, Aragón y Castilla y León—en apenas tres meses, con Andalucía a la espera el próximo 17 de mayo. Y que no ha presentado ningún proyecto de Presupuestos en toda la legislatura, una situación sin precedentes e insólita en una democracia parlamentaria. Al carecer de mayoría en el Congreso para gobernar.

Ahora Sánchez quiere convertirse en el líder del antitrumpismo en la UE y el mundo, resucitando aquella campaña contra la guerra, para continuar hasta 2027, culminando la legislatura y volviendo incluso a presentarse como candidato. Su política está al servicio de la defensa de su interés personal por encima del interés general de España, como es su deber.

Su enemistad con EEUU e Israel nos ha situado en la actual coyuntura como un virtual aliado del régimen de los ayatolás iraníes y de Hezbolá y los hutíes, además de Hamás. Su última actuación al respecto la ha protagonizado contra Israel con ocasión de la prohibición de celebrar la misa del Domingo de Ramos en la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén al cardenal patriarca en Tierra Santa, invocando motivos de seguridad por la guerra. Sin perjuicio de que el gobierno de Netanyahu debe dar una respuesta que explique tal decisión, resulta original contemplar que Pedro Sánchez se preocupe de defender los derechos de los católicos en Israel. Cuando felicita el Ramadán a los musulmanes y ni siquiera felicita la Navidad a los millones de españoles católicos.

Lo último en Opinión

Últimas noticias