El candidato ‘voxista’ en Colombia supera a la izquierda

Colombia
  • Pedro Fernández Barbadillo
  • Columnista de Internacional. En la editorial Homo Legens ha publicado 'Eternamente Franco' y 'Los césares del imperio americano'. Su último libro es 'Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español' (Almuzara).

La primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia ha dejado una sorpresa que ninguna encuesta había anunciado: un candidato de derechas sin complejos, Abelardo de la Espriella, de la coalición Defensores de la Patria. El candidato quedó primero, con un 43,74% del voto (10,36 millones), y dejó segundo al candidato de izquierdas del Pacto Histórico, el senador Iván Cepeda, con un 40,90% (9,68 millones).

Aunque el obtenido por Cepeda es el mejor resultado de un candidato izquierdista colombiano, por encima de los registrados por el ex guerrillero del M-19 Gustavo Petro en las cuatro ocasiones en que se presentó, sus expectativas para la segunda vuelta, que se celebrará el 21 de junio, son malas.

La senadora Pilar Valencia, del partido Centro Democrático, fundado por el ex presidente Álvaro Uribe (2002-2010), a la que al principio las encuestas le daban como clasificada para la segunda vuelta, reunió 1,64 millones, casi un 7%. Sí, como ocurrió con José Antonio Kast en Chile, si los votantes de Valencia se trasladasen íntegros a la candidatura del abogado y empresario Espriella, nacido en Barranquilla en 1978, el próximo presidente colombiano será éste.

El programa de Abelardo de la Espriella, que ha hecho campaña bajo severas medidas de seguridad, consiste en romper las conversaciones con los grupos terroristas, recuperar la autoridad del Estado en todo el país y perseguir la delincuencia. También quiere promover la familia y se opone al aborto y la eutanasia. Su aliado en Europa es Vox y Santiago Abascal le felicitó por su excelente resultado.

Tan inesperado fue el segundo puesto para el Pacto Histórico, cuyos miembros fantaseaban con una victoria por mayoría absoluta en la primera vuelta, que tanto Cepeda como Petro reaccionaron con unos modos desabridos que les pueden enajenar esos pocos pero decisivos votantes que reducen sus anhelos a la institucionalidad y las buenas maneras.

El presidente Petro, que abandonará la Casa de Nariño el 7 de agosto, se vistió de Trump y denunció un fraude electoral. Como lo proclama un político de izquierdas, hasta la prensa que lee la derecha, pero no es de derechas, le ha dado crédito. Cepeda afirmó que su rival «representa el fascismo mafioso», riñó a los partidarios de Espriella por ponerse la camiseta de la selección nacional de fútbol y se ha negado a un debate antes de la segunda vuelta, como ya había hecho hace unas semanas.

La evolución de Pilar Valencia, la candidata del Centro Democrático, ilustra la suerte de otros partidos y movimientos moderados en América y Europa ante la radicalización política, traída principalmente por la izquierda. En las elecciones internas de la derecha, celebradas a la vez que las legislativas, el 8 de marzo, Valencia fue la ganadora al recibir 3,25 millones de votos. Ese número debió ser la base desde la que la senadora alcanzase la segunda vuelta; pero, después de una campaña penosa, perdió la mitad.

Su nombre se une a la lista de candidatos centristas, alejados de los extremos, como Evelyn Matthei (Chile), Patricia Bullrich (Argentina), Valérie Pécresse (Francia), Albert Rivera (España) y João Cotrim de Figueiredo (Portugal), que han cosechado verdaderos batacazos. Todos ellos hablaban a una sociedad ya inexistente, debido a la polarización, la inmigración y la violencia. Al menos, en cuanto se conocieron los datos provisionales, Valencia se adhirió a Espriella.

Como un ejemplo que confirma que la política atrae a los ególatras y los enfermos de atención, está la candidatura de Miguel Uribe Londoño, padre del senador Miguel Uribe Turbay, asesinado en agosto de 2025 por un sicario de una narcoguerrilla. Cuando el Centro Democrático no lo presentó como candidato, montó un partido propio. El resultado: menos de 30.000 votos. Una bofetada para él y otra para el legado de su hijo.

Algunos observadores han destacado la correlación en varios departamentos situados en la selva y el Pacífico de la implantación de organizaciones narcoterroristas con el apoyo a candidatos de izquierdas. En Chocó, Putumayo, Cauca y Nariño, Cepeda superó el porcentaje de dos tercios de votos a su favor. En ellos, el senador izquierdista obtuvo más de 1,13 millones, frente a menos de 330.000 de Espriella. Es el llamado «voto fusil». En otros países, es el «voto subsidio» o «voto mezquita».

En 2022, frente a Petro, pasó a la segunda vuelta el senador Rodolfo Hernández, un individuo de 77 años y que, aparte de carecer de oratoria, predicaba todos los puntos del Foro de Davos y del progresismo, como hacen los libertarios: desmantelamiento de la Administración, legalización del aborto, la eutanasia y del matrimonio homosexual, prohibición del fracking, … A pesar de contar con el apoyo de conservadores, liberales y centristas, desesperados ante la victoria del ex guerrillero Petro, perdió por 700.000 votos. Falleció en 2024.

En esta segunda vuelta, Espriella cuenta con muchas más posibilidades que Hernández. Éste carecía de partido y sus discursos eran una retahíla de insultos a sus rivales. Para lograr el triunfo definitivo, necesita absorber a los votantes de Valencia y también extender su base. La participación de los colombianos en sus elecciones es muy baja (en esta primera vuelta, casi el 58%), aunque en la segunda suele aumentar unos pocos puntos; en 2022 lo hizo en más de un 3%. Por tanto, tendría que captar además algunos votantes abstencionistas y un porcentaje considerable del millón que optó por el candidato centrista Sergio Fajardo (tercera vez que se presenta).

Cepeda, en cuya ayuda va a acudir Petro en estas tres semanas, según ha declarado el propio presidente, tratará de movilizar a las clases populares. Con el precedente de los subsidios y mejoras ya recibidos en este mandato, hará nuevas promesas. Pesan en su contra el crecimiento de la delincuencia y la coca, así como la enorme emigración, bien conocida en España, prueba de que la mejora de las condiciones en el país no es la cacareada por la izquierda. Por cierto, el preferido de los colombianos residentes en España fue Cepeda.

Entre las debilidades del senador para remontar en la segunda vuelta, destaca Bogotá (casi ocho millones de habitantes), su ciudad natal y de la que fue alcalde Petro cuatro años. A pesar de los casi 330.000 electores nuevos, Cepeda sacó 65.000 sufragios menos que Petro en 2022. Su porcentaje cayó de un 47% a un 42%. Los nuevos votantes optaron por los candidatos menores, quizás influidos por el actual alcalde, el liberal Carlos Fernández Galán.

Las elecciones colombianas confirman el sinsentido de las propuestas políticas que invocan a la moderación y la gestión y, también, que el pueblo pocas veces está a la izquierda.

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