Ofertas Rufián: ¡se cree una mezcla entre Kennedy y Kim-Jong!
El independentista y ultraizquierdista (¿se ha visto en política algo más contradictorio en sí mismo?) ve peligrar la lotería, por cuenta del contribuyente español, que le alcanzó cuando los republicanos de izquierda catalanes le asignaron ser portavoz parlamentario en el Congreso de los Diputados.
De pregonar urbi et orbi que ansiaba irse definitivamente a «mi país», a jurar por sus muertos charnegos que ni Dios será capaz de mandarle de vuelta a vivir entre indepes fracasados y atrabiliarios. Además, en la fábrica de la Carrera de San Jerónimo, se trabaja poco, mal y no se exige nada. Y el sueldo resulta espectacular para tan poca cosa profesional e intelectual. Cobra por decir tacos y los suelta muy ufano… ¡Qué clase! ¡Qué porte! ¡Cuántas horas en el gimnasio también por cuenta del contribuyente!
Se ha ido hasta el histórico club madrileño Siglo XXI a ofrecer para liderar no sé qué cosa; una cosa política que no sale de la marginalidad, ya sea en Andalucía, en Extremadura, Aragón o Castilla y León. Rufián, con aprovechado sentido de la supervivencia por mor de maltratado charnego, lo que realmente persigue es que el PSOE, el PSOE corrupto y criminal, le siga necesitando. Ese es su objetivo. Se cree que, por dos o cuatro periodistas parlamentarios a los que baila el agua, le rían las gracias, va a ser un Cid Campeador en los campos de España. La hostia que se puede llevar si finalmente se sustancian sus pretensiones puede ser entre el 0 infinito o el infinito 0. Se cree que porque la democracia española le haya hecho millonario y le haya quitado la mugre, siempre será lo mismo. ¡Los españoles ya huelen la avaricia rufianesca a leguas…!
Rufián se presenta a sí mismo como una mezcla de John Kennedy y el coreano Kim-Jong, insisto, repinado y pasado por horas y horas en el gimnasio. Se ha creído un «ser superior» y ello es porque no se avergüenza de sus propios shows que cada semana monta por cuenta del contribuyente.
Preséntate, Rufián. Cambia de gracietas y promete que seguiremos carcajeándonos. De tu facherío, naturalmente.
Temas:
- Gabriel Rufián